30 abr. 2016

Guerras mediáticas (Parte II de II)

La información ha sido manipulada por los monopolios de Medios de Prensa.


En la primera parte de nuestro trabajo, advertíamos sobre las campañas tendenciosas de los medios privados de prensa, los cuales volvían invisibles los logros de las naciones del tercer mundo. Esta estrategia no es casual, ha sido aplicada sistemáticamente por los grandes monopolios de la información. Pero también advertíamos que esta visión capitalista se aplica a las leyes del mercado mundial, donde de manera hegemónica se monopoliza la producción mundial de alimentos, de materias primas, de los recursos naturales tales como el petróleo, los minerales, el agua, la energía, buscando los Estados Unidos, la Comunidad Económica Europea (CEE), ser el epicentro del modelo unipolar del Mundo. Toda esta estrategia de dominación y control, se aplica de manera imperialista, pero ¿Por qué? Caracterizamos este concepto porque el capital monopólico actúa como el gendarme del mundo, hoy lo vemos aplicando sanciones a Venezuela y a varios países de América Latina y el resto del mundo, como Rusia, Siria, Irán.
Es por eso que se habla de la lucha contra el poder hegemónico, que no es una propuesta fuera de la realidad política y social del mundo. Ha sido parte de la crisis en Estados Unidos y Europa, donde millones de estadounidenses y europeos, han sentido los efectos de los ajustes económicos desarrollados por el Fondo Monetario Internacional (FMI), artífice de las dictaduras militares en la décadas del 60 al 90 en Latinoamérica, para aplicar los paquetes de ajustes, que derivaron en la peor crisis económica continental. Pero los medios privados esconden la verdad, asumen la defensa del modelo capitalista en crisis, atacan de manera despiadada a las naciones en vías de desarrollo, porque cualquier modelo alterno al modelo neoliberal significa comunismo, como se acusa a Venezuela de ser satélite de Cuba, tratando de desfigurar la solidaridad y el intercambio en estas naciones y los avances en la integración nuestra región y el mundo.

El poder del monopolio sobre la prensa nacional e internacional del mundo

En un artículo publicado de nuestra autoría, informábamos citando a Ernesto Carmona "que diez mega corporaciones poseen o controlan los grandes medios de información de Estados Unidos: tanto prensa, radio y televisión. Esa decena de imperios controla, además, el vasto negocio del entretenimiento y la cultura de masas, que abarca el mundo editorial, música, cine, producción y distribución de contenidos de televisión, salas de teatro, Internet y parques tipo Disneyworld, no sólo en el país del norte sino en América Latina y el resto del mundo".
Además señalaba que Carmona "En Estados Unidos la información fue suplantada lisa y llanamente por la propaganda corporativa. Dejó de existir el "derecho a la información", garantizado por la Primera Enmienda de la Constitución. A lo que agregaba que “Los ciudadanos estadounidenses perdieron su derecho a la información veraz y oportuna sin darse cuenta y sin que hayan sido formalmente derogados. Las frecuencias para las señales de radio y televisión constituyen un bien público, de toda la sociedad, pero su control pasó a manos de unos pocos mega-imperios mediáticos”.
Estas citas publicadas del periodista chileno, nos hacen percibir que los hechos objetivos han dejado al descubierto que la desinformación o las constantes noticias manipuladas violan los principios del periodismo, se apartan de la ética profesional, transformándose estos comunicadores en verdaderos mercenarios de la desinformación. Esta actitud del capitalismo nos muestra que las nuevas tecnologías no son para el desarrollo o el bienestar de los seres humanos, son para repetir a gran escala los beneficios de una sociedad consumista, donde se depredan lo recursos del mundo, beneficiando a solo el 20 por ciento de los intereses privados, condenado al 80 por ciento de los seres humanos, a suertes diversas, repartiendo las migajas que quedan de la explotación mundial de este sistema.

Las grandes mayorías de seres humanos son manipulados mediáticamente

La verdad del capitalismo no es darle un equilibrio a la humanidad, por el contrario busca crear un modelo fantasioso de bienestar y de falsos éxitos personales, buscando crear una imagen de grandes oportunidades económicas y profesionales. Pero la pobreza mundial, el analfabetismo, los millones de desocupados, tanto como las fiebres endémicas, como la gran crisis ambiental, ponen al descubierto la falsedad del paraíso estadounidense.
Esta realidad ha sido mostrada en los informes de la ONU, UNESCO, CEPAL, entre otros organismos internacionales, pero estas investigaciones o informes, son mediatizados por los grandes monopolios de prensa, que bajo la égida de Estados Unidos y la CCE ocultan la verdad, para hacer una cortina de humo, a los verdaderos intereses de las naciones industrializadas, que solo buscan el control de las riquezas del mundo y que para lograrlo no tienen escrúpulos en invadir naciones, aplicar su estrategia de “golpes suaves”, así como boicots a las mercancías de las naciones emergentes.
Para estos países capitalistas “desarrollados” que muestran una grave crisis, es de suma importancia el control de las “masas”, a través de sus grandes industrias de “entretenimiento”, para crear una conciencia subjetiva sobre la verdad. Para ello aplican el modelo del consumismo, que va desde los productos de alimentos, a los electrodomésticos, vehículos, ropa, hasta una imagen de la sociedad de Estados Unidos como la tierra de oportunidades, donde en realidad hay un 20% pobreza crítica y un 50% de pobreza, desempleo, inseguridad social, etc. Es decir, nos venden un paquete de mentiras con un envoltorio de lujo.
Hoy nuestras sociedades latinoamericanas son bombardeadas por este modelo capitalista de consumismo, que deriva en crear un modelo individualista de forma de vida. Hace que nuestros ciudadanos compitan entre ellos, nos muestran a la clase media como modelo para las mayorías, creando de esa manera no solo una brecha con los ricos, sino marginando al pueblo que son la mayoría, a un nivel de clase inferior. Esta realidad clasista se muestra en los calificativos a los pobres de nuestra región, en Chile “rotos”, en Venezuela “pata en el suelo”, o “tierrudos”, en Bolivia “cholos”, para poner algunos ejemplos. Pero estas caracterizaciones o estratificaciones sociales, son parte de la verdadera sociedad capitalista, que antepone las ganancias y el capital, a las mayorías de los pueblos del mundo. Texto: Diego Olivera. Ver: 'Parte I'. 

29 abr. 2016

Guerras mediáticas (Parte I de II)

El propósito de los medios masivos, no es tanto informar y reportar lo que sucede, sino mas bien darle forma a la opinión pública, de acuerdo a la agenda del poder corporativo dominante: Noam Chomsky


El siglo XXI abrió el camino a muchos cambios en América Latina y en el Mundo. Se han desarrollado propuestas y acuerdos sobre la multilateralidad mundial y en ese sentido nos parece importante señalar que el surgimiento del denominado grupo BRICS, formado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, constituye el grupo de países más adelantados entre los Estados con economías emergentes. Pero estas cinco naciones que pertenecen además al G20 tienen en común una gran población, grandes extensiones de territorio, una elevada cantidad de recursos naturales y una fuerte presencia en la economía internacional, con crecimientos importantes de sus PIB; todo lo que los hacen especialmente atractivos como destinos de inversión.
Estos cinco países reúnen al 43 por ciento de la población mundial y acumulan el 25 por ciento de la riqueza, generando el 56 por ciento del crecimiento económico registrado en el mundo en los últimos años. El comercio entre los países del grupo crece a un ritmo del 28 por ciento anual y es ya de unos 230.000 millones de dólares, con vistas a llegar a 500.000 millones en 2015.
Pero ¿por qué abrimos nuestro trabajo con una visión sobre la realidad continental y mundial? Para demostrar como los medios privados de prensa no cubrieron estos eventos tan importantes, en algunos casos como en Venezuela o España, los usaron para mostrar matrices mediáticas, hablando de que esta nación y Latinoamérica están postradas a los créditos con China y Rusia, dándo una visión derrotista, impulsada por los voceros de la Casa Blanca de Estados Unidos. Es bueno señalar que a nivel mundial, estas informaciones se globalizan, creando una falsa apología de la verdad objetiva, porque solo interesa la visión de las grandes trasnacionales, que crean una falsa realidad continental, negando los acuerdos entre las naciones, así como los avances reconocidos por el propio Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la CEPAL y la ONU.

El fenómeno de la globalización y sus efectos en la desinformación

Nos parece importante volver a analizar en este trabajo el fenómeno de la globalización y la concentración de los medios en manos privadas, lo que ha devenido en una nueva forma tendenciosa y dirigida de la información mundial. Al igual que se hacen campañas para vender un producto en el mercado, con el uso del marketing en las campañas de publicidad, se hace igual con la información, armando en cada campaña de desinformación un objetivo mediático, que será multiplicado a nivel regional o mundial. Cuando hablamos de la información objetiva, nos surge la pregunta como definimos ese concepto, allí entra la parte subjetiva, que condiciona el tratamiento de la noticia o el comunicado que vamos a difundir. Las tendencias mundiales y regionales están condicionadas por intereses privados en la defensa de un modelo capitalista, lo que pasa a ser la base de su línea editorial. Sobre estos conceptos, trabajan las agencias de prensa y los medios impresos.
Ante esta realidad nos parece importante citar al presidente de Ecuador, Rafael Correa, que durante la instalación de la Cumbre para un Periodismo Responsable en los Nuevos Tiempos (CUPRE), que se desarrollo en Guayaquil, el mandatario ecuatoriano señaló que “Estas empresas privadas actúan como un verdadero cartel”. A lo que agregó "Son actores políticos, pero no toleran respuestas políticas. La prensa cuando difama o calumnia a nuestro gobierno es libertad de expresión, pero si algún presidente osa contestarle, es atentado contra la libertad de expresión".
De la misma forma Correa resaltó que “En América Latina los medios de comunicación privados han estado en contra de los gobiernos progresistas, estas empresas de información gozan de mayores niveles de impunidad porque, han tenido la habilidad de identificar sus negocios con la libertad de expresión”. A lo que agregó que “no existe un ejército que pueda invadir al mundo, pero la desinformación de la prensa sí lo puede hacer". Por último el presidente Correa puntualizó que “en 1985 se trató de aprobar en el entonces Congreso Nacional de Ecuador una ley de comunicaciones, para prohibir la publicidad de cigarrillos y alcohol, pero la arremetida de los medios fue impresionante".

Concentración de medios privados aliena la conciencia de la sociedad humana

Hemos mostrado de manera somera los efectos de la manipulación mediática, pero nos parece importante analizar los efectos nocivos que generan estas campañas de los medios en la conciencia individual y colectiva del ser humano, que es bombardeado con informaciones manipuladas, las famosas y peligrosas campañas de los “golpes suaves” en naciones del todo el mundo, lo que ha marcado una peligrosa tendencia de masificar la mentira. Esta realidad no es nueva, ha sido usada en toda la historia por los gobiernos imperialistas, la más conocida es la Alemania Hitleriana, donde la capacidad de este gobierno fascista logro manipular a las masas, creando una sugestión colectiva del alemán como raza superior, generando una guerra mundial, con más de 20 millones de muertos.
De la misma manera Estados Unidos ha manejado a los medios, para crear en los norteamericanos, tanto como en Europa (sus socios de la OTAN), agresiones, e invasiones bajo el concepto de que defienden sus intereses. Pero la realidad es que solo defienden el control del mundo y para lograr esta falsa verdad, utilizan sus satélites, el Monopolio y control de la televisiones, las agencias de prensa, las radios, para crear sus falsos positivos, desvirtuando la violencia y la agresión de acuerdo a sus intereses.

El gobierno del presidente Barak Obama, hace caso omiso a las respuestas de los pueblos, es ciego, sordo y mudo ante la masacre del pueblo palestino, no busca la paz, niega el derecho a la autodeterminación de los pueblos, a un pueblo que vive y sufre en la Franja de Gaza, como en un ghetto, similar a los campos de exterminio. Ante esta agresión y masacre los judíos sobrevivientes de los crímenes Nazis, en una carta firmada por 40 sobrevivientes del genocidio y casi 300 parientes de víctimas del holocausto. al igual que los intelectuales, pensantes e ilustres judíos todos ellos, han rechazado y condenado los crímenes del sionismo en Palestina y ahora en Gaza. Israel y el sionismo no pueden seguir hipotecando el judaísmo para sus intereses militares e imperialistas, metiendo al "saco" de sus atrocidades a todos los judíos. Muchos gritan: ¡No en mi nombre!
Este ejemplo nos muestra como el derecho internacional, está en manos del monopolio de medios de prensa. La mayoría de los ciudadanos de clase media y alta son los portavoces de una sociedad de consumo, son manipulados por las informaciones, se crea la falsa hipótesis que la sociedad estadounidense, es el paraíso de la felicidad, pero se niega la verdad visual de una sociedad en crisis, con un modelo endeudado por su carácter recesivo, que a través de la especulación y las burbujas financieras ha llevado a millones de desocupados, a miles de ciudadanos sin vivienda por no pagar sus hipotecas.
Pero esta realidad no se ve en CNN, ABC, Reuters, AP, AFP, El País -de España-, El Universal y El Nacional -de Venezuela-, citando alguno de los multiplicadores de falsos positivos. El ciudadano común, el trabajador, el empleado, son bombardeados por mentiras, que solo los alejan de su futuro, de tener una vida digna. Pero es tan fuerte la contaminación de estos medios masivos, que la desinformación trabaja nuestro cerebro, aloja en nuestro subconsciente una realidad distorsionada. Muchos sectores sociales viven una carrera consumista, queremos imitar la opulencia del despilfarro, adquirimos los productos de las publicidades.
No logramos despegar nuestra conciencia, de una sociedad de mercado, somos esclavos de las novedades, del marketing, somos presas de una información, que daña nuestra conciencia con mercancías sin control, que dañan hasta nuestra salud, porque compramos alimentos y medicinas sin controles sanitarios, con efectos nocivos como los energizantes, anabólicos, buscamos comprar carros (autos) para toda la familia.
Somos prisioneros de campañas inescrupulosas de los medios masivos de prensa, que solo buscan el valor de la publicidad y el dominio de nuestra conciencia. Esta es una de las tareas mercantilistas de los medios, junto a las campañas de guerra sucia, de apoyo a cualquier acción de Estados Unidos y la OTAN, no existe ni responsabilidad ni ética, no importa la verdad, solo el capital y el periodismo mercenario. Texto: Diego Olivera. Ver: 'Parte II'.

12 abr. 2016

La solución fascista en el liberalismo contemporáneo

Que Estados Unidos y la Unión Europea hayan apoyado a grupos fascistas en Ucrania para efectuar un golpe de Estado no es algo que deba sorprendernos. La “solución fascista” forma parte de la naturaleza del capitalismo dominado por los monopolios, del imperialismo, y se manifiesta cuando en medio de graves crisis económicas y sociales por la aplicación de políticas neoliberales el sistema capitalista en su conjunto queda atascado, sin perspectivas de recuperación a menos de cambios radicales, inaceptables para una clase dominante que no le repugna ser “aprendiz de brujo” y está dispuesta a utilizar o a dejarse utilizar por los fascistas para desviar hacia sus intereses la inevitable explosión social, como fue el caso en los años 30 del siglo pasado y lo es actualmente.
El objetivo básico de la burguesía que construyó el capitalismo industrial nacido en el siglo XIX siempre fue el de instaurar un capitalismo puro, de mantener a los trabajadores y a gran parte de la sociedad en la miseria para poder acumular el máximo de riquezas y poderes. Así fue la historia del capital en toda Europa, comenzando por Gran Bretaña, donde la brutalidad de ese imperio colonial se manifestó tanto en las matanzas de cientos de miles o millones de civiles en varios continentes que resistieron a ser dominados para alimentar el comercio de esclavos, ¿lo recuerdan?, o para ser sometidos a la explotación colonial, pero también en las guerras para ampliar o mantener el imperio mientras en las ciudades fabriles inglesas se sumía en la más abyecta miseria a la clase trabajadora (¿Hay que releer a Dickens?). Esto es válido para la historia del capitalismo y del imperialismo estadounidense, japonés, etcétera. Todo se ha hecho en las últimas décadas, en la era del neoliberalismo triunfante, para borrar de la historia y del pensamiento de las clases trabajadoras y de los pueblos las largas, duras y frecuentes luchas de los trabajadores, las reivindicaciones laborales y sociales formuladas por los socialistas (los de antes, no los de ahora), anarquistas, cristianos y comunistas, y de los grupos sociales esclarecidos de la pequeña burguesía y hasta de la burguesía que con ánimos de fraternidad, solidaridad y justicia buscaron limitar la brutal explotación y obtuvieron, a partir de la primera mitad del siglo XIX en Europa y en Estados Unidos, las primeras mejoras en las terribles condiciones de trabajo, de salario y vivienda. Esta larga introducción busca recordar que lo que puso frenos a la constante tendencia del capital a destruir las sociedades que él mismo construía para poder desarrollar sus mercados internos –un aspecto esencial para la reproducción del capital y las posibilidades de alcanzar los mercados externos para obtener rentas-, fue la lucha de las clases trabajadoras a nivel nacional e internacional. El efímero período histórico, las tres décadas de van de 1945 a 1975, en que el capitalismo industrial significó progresos económicos y sociales para la clase trabajadora, principalmente en los países del capitalismo avanzado, fue el resultado de: a) la victoria de la Unión Soviética ante el nazismo y su desarrollo social y económico, que la ubicó como alternativa al sistema capitalista; b) en Estados Unidos la acumulación de fuerzas sindicales radicalizadas por la Gran Depresión, con movimientos sociales y políticos progresistas que lograron obtener cambios y progresos sociales y económicos. Esta correlación de fuerzas a nivel internacional (la Unión Soviética, un “campo socialista” en Europa Central y del Este, fuertes movimientos sindicales y políticos dirigidos por socialistas y comunistas en Europa Occidental, la Revolución China) también permitió que comenzara la descolonización en África, Asia y el Oriente Medio. En definitiva, la breve era del Estado benefactor o los “treinta años gloriosos”, así como la era de la descolonización, fueron victorias arrancadas a las clases capitalistas del imperialismo de turno y de sus aliados gracias a una extraordinaria (y breve) correlación de fuerzas a nivel de las luchas de clases a nivel nacional e internacional. 

Fascismo antes, fascismo ahora

El fascismo está levantando su cabeza en todos los países del sistema capitalista avanzado, y también en su periferia cercana, como en el caso europeo. De ahí la importancia de explorar las razones por las que, cuando las fases de liberalismo a ultranza provocan graves crisis económicas, sociales y políticas que debilitan o alcanzan a destruir las bases sobre las cuales se asientan y se construyen las sociedades, surgen estos movimientos fascistas. Tal fue el caso en Italia y en un elevado número de países europeos, entre ellos Alemania y Japón, entre los años 20 y 30 del siglo pasado. 
No faltan en Ucrania los ingredientes económicos, políticos, ideológicos y sociales para explicar el surgimiento de los violentos grupos de choque fascistas, neonazis o ultranacionalistas. Pero ese país no es un caso único, ya que existen situaciones similares en casi todos los países europeos que hace poco más de dos décadas fueron empujados a pasar sin transición del socialismo (cargado de deficiencias que en parte explican su derrumbe) a un neoliberalismo radical diseñado por el imperialismo estadounidense y sus aliados europeos, la llamada “terapia de choque” ejecutada por el Fondo Monetario Internacional (FMI).  Todo el peso de esta radical y brutal “terapia de choque” recayó sobre las sociedades, desestabilizándolas, atomizándolas por la disminución o desaparición de las instituciones que contribuían a mantener o crear los lazos sociales, como consecuencia del desempleo y la exclusión económica y social. En concreto, han sido y siguen siendo las mujeres, los hombres, los niños y los ancianos de esos países las victimas principales de estas políticas, porque quedaron totalmente desamparados ante el planificado derrumbe económico y la disminución o privatización de los programas y servicios estatales.

Muerte del liberalismo económico y la “solución fascista”

Pero los ingredientes para la “solución fascista” están también muy presentes en los países de la Unión Europea (UE) y de la Zona Euro, ya que en prácticamente todos ellos se constata un visible ascenso de fuerzas políticas de ultra derecha que por su contenido ideológico y sus programas políticos pueden ser consideradas como formando parte de la “nebulosa neo fascista”, al punto que por la vía electoral han llegado a los parlamentos e incluso a coaliciones de gobierno, y cuya representación actual en el Parlamento de la UE puede aumentar significativamente en las elecciones previstas para finales de mayo próximo.
Pero entender el momento actual, porque desentraña “la solución fascista” como la salida del capital ante “la muerte del liberalismo económico”, es muy útil referirse el húngaro Karl Polanyi, estudioso de las ciencias sociales y la historia de la economía, autor de varios escritos durante los años 30 y 40, en pleno ascenso del fascismo, y en 1944 de su libro “La Grande Transformation” (Gallimard, 1983). La visión de Polanyi importa porque actualmente, como hace casi un siglo, estamos ahora en plena “muerte del liberalismo económico”, o sea cuando finalmente llega el momento “en que el sistema económico y el sistema político estarían el uno y el otro amenazados de parálisis total. La población tendría miedo, y el papel dirigente recaería por fuerza en aquellos que ofrecen una salida fácil, no importa cuál fuese el precio final. Los tiempos estaban maduros para la solución fascista” (1). En el capítulo “La historia en el engranaje del cambio social”, Polanyi escribe que “si jamás un movimiento político respondió a las necesidades de una situación objetiva, en lugar de ser la consecuencia de causas fortuitas, ese bien fue el fascismo. Al mismo tiempo, el carácter destructor de la solución fascista era evidente (porque) proponía una manera de escapar a la situación institucional sin salida que era, en lo esencial, la misma en un gran número de países, y sin embargo, ensayar ese remedio era diseminar por doquier una enfermedad mortal. Así mueren las civilizaciones”. Seguidamente apunta que se puede describir la solución fascista al impasse en el cual se metió el capitalismo “como una reforma de la economía de mercado realizada a costa de la extirpación de todas las instituciones democráticas, a la vez en el terreno de las relaciones industriales y en el campo político. El sistema económico que corría el riesgo de un rompimiento debería así recuperar vida, mientras que las poblaciones serían ellas mismas sometidas a una re-educación destinada a desnaturalizar al individuo y a convertirlo en incapaz  de funcionar como unidad responsable del cuerpo político” (Pág. 305). Polanyi añade que “la aparición de un movimiento de este tipo en los países industriales del mundo, e incluso en cierto número de países poco industrializados, no debería haber sido jamás atribuida a causas locales, a mentalidades nacionales o a herencias históricas, como los contemporáneos lo hicieron con mucha constancia”, subrayando que el fascismo tenía poco que ver con la primera Guerra Mundial o el Tratado de Versalles, y que hizo su aparición tanto en países vencidos como entre los vencedores, en países de “raza” aria como no aria, en naciones de tradición católica como protestante, en países de culturas antiguas o modernas, y que en realidad “no existía ningún tipo de herencia -de tradición religiosa, cultural o nacional- que hacía un país invulnerable al fascismo, una vez reunidas las condiciones para su aparición” (Págs. 305-306)

¿Cuáles son las condiciones que permiten la aparición del fascismo?

Polanyi, que vivió y analizó esa época, escribe que era sorprendente el ver cuán poca relación existía entre la fuerza material y numérica de los fascistas y su eficacia política: “aunque tuviera la habitud de ser seguido por las masas, no era el número de sus adherentes lo que atestaba su fuerza potencial, sino más bien la influencia de las personas de alto grado de las cuales los dirigentes fascistas habían conquistado los favores: ellos podían contar con su influencia sobre la comunidad para protegerlos contra las consecuencias de una revuelta abortada, lo que descartaba los riesgos de revolución”. Un país que se aproximaba de la fase fascista presentaba ciertos síntomas, y entre ellos no necesariamente figuraba la existencia de un movimiento propiamente fascista. Pero Polanyi subraya que eran perceptibles otros signos al menos tan importantes: “la difusión de filosofías irracionales, de una estética racial, de una demagogia anticapitalista, de opiniones heterodoxas sobre la moneda, críticas al sistema de partidos, una denigración general del “régimen”, no importa cual fuera el nombre dado a la organización democrática existente”. Y recuerda que Adolf Hitler fue catapultado al poder “por el clan feudal que rodeaba al presidente Hindenburg, así como Benito Mussolini y Primo de Rivera fueron instalados en sus puestos por sus soberanos respectivos. Por lo tanto Hitler podía apoyarse en un vasto movimiento; Mussolini, en uno pequeño; Primo de Rivera no tenía apoyo alguno. En todos los casos no hubo una verdadera revolución contra la autoridad constituida; la táctica fascista era invariablemente la de un simulacro de rebelión que tenía el acuerdo tácito de las autoridades, las cuales pretendían haber sido desbordadas por la fuerza” (Pág. 307). Desde los años 30, según Polanyi, el fascismo era una posibilidad política siempre lista para ser usada, una reacción casi inmediata en todas las comunidades industriales. Y más adelante señala que no existía un criterio general del fascismo, que tampoco poseía una doctrina en el sentido ordinario del término: “Empero, todas esas formas organizadas presentaban un rasgo definitivo, la brusquedad con la cual aparecían y desaparecían para estallar con violencia después de un período indefinido de latencia. Todo eso concurre a la imagen de una fuerza social en la cual las fases de crecimiento y declive siguen la situación objetiva. Eso que nosotros hemos llamado, para ser breves, una “situación fascista”, no era otra cosa que la ocasión típica de victorias fascistas fáciles y totales. De golpe, las formidables organizaciones sindicales y políticas de los trabajadores y de otros abnegados partidarios de la libertad constitucional se dispersaban y los minúsculos grupos fascistas barrían lo que hasta entonces había parecido una fuerza irresistible de los gobiernos, de los partidos, de los sindicatos democráticos. Si una ‘situación revolucionaria’ se caracteriza por la desintegración psicológica y moral de todas las fuerzas de resistencia, al punto que un puñado de rebeldes armados sumariamente son capaces de tomar por la fuerza las ciudadelas consideradas como inconquistables de la reacción, entonces la ‘situación fascista’ es totalmente paralela, a no ser que, en ese caso, son los bastiones de la democracia y de las libertades constitucionales que fueron arrasados; sus defensas eran de una insuficiencia también espectacular”. En Prusia, en julio de 1932, -continúa el intelectual húngaro-, el gobierno legal socialdemócrata, atrincherado en la sede del poder legítimo, capitula ante la simple amenaza de violencia inconstitucional proferida por Her von Papen. Unos seis meses más tarde, Hitler toma pacíficamente posesión del poder, de donde él lanza rápidamente un ataque revolucionario de destrucción global contra las instituciones de la República de Weimar y los partidos constitucionales. Imaginar que es la potencia del movimiento lo que creó situaciones como éstas, es pasar al lado de la lección primordial de las últimas décadas” (Pág. 308). Más adelante Polanyi destaca que en su lucha por el poder político, el fascismo se otorga completa libertad para “descuidar o utilizar las cuestiones locales, a su voluntad. Su objetivo trasciende el marco político y económico; es social. Él pone una religión política al servicio de un proceso de degeneración. En su período de ascenso, no excluye de su orquesta que muy raras emociones; pero, una vez vencedor, él no deja subir a su carro de la victoria que un muy pequeño número de motivaciones, motivaciones muy características.  Si no hacemos una neta distinción entre su seudo-intolerancia en la ruta hacia el poder y su verdadera intolerancia cuando están en el poder, no hay mucha esperanza de poder comprender la diferencia sutil, pero decisiva, que existe entre el simulacro de nacionalismo de ciertos movimientos fascistas en el curso de la revolución y el no-nacionalismo específicamente imperialista que abrazaron después de la revolución” (Pág. 331). Es así que la “solución fascista” parece ser una consecuencia inevitable del atascamiento del “sistema de mercado” en los ocasos imperiales. En el ocaso imperial británico, que ocurre con la primera Guerra Mundial, entra en crisis el sistema de mercado, el laissez-faire, y como nos recuerda Polanyi “el papel jugado por el fascismo estuvo determinado por un único factor, el estado del sistema de mercado. En el curso del período 1917-1923, los gobiernos pidieron ocasionalmente la ayuda de los fascistas para restablecer la ley y el orden: no era necesario nada más para hacer funcionar el sistema de mercado. El fascismo se mantuvo embrionario. En el curso del período 1924-1929, cuando el restablecimiento del sistema de mercado parecía asegurado, el fascismo se borra totalmente en tanto que fuerza política (salvo en Italia, como Polanyi señala más adelante). Después de 1930, la economía de mercado entra en crisis, y en crisis general. En pocos años el fascismo deviene una potencia mundial” (Pág. 312).

El corporativismo como solución al impasse del capitalismo en los años 30

A partir de los primeros años de la década de 1930 el fascismo y su política corporativista pasaron a ser “la” solución capitalista al derrumbe de la sociedad de mercado en Alemania, Italia y luego en otros países europeos, al punto que esta “solución” que salvaba el capitalismo industrial despertó mucho interés en los círculos de poder político de otra buena cantidad de países, incluyendo a figuras políticas en Gran Bretaña y EE.UU. En definitiva, extirpando la democracia y la libertad de todas las instituciones políticas, industriales y sociales el fascismo permitió la continuidad del capitalismo industrial basado en la explotación del trabajo asalariado, y en Alemania, Italia y Japón liberó las fuerzas de la expansión imperial, de la conquista de países y regiones enteras. El fascismo fue imperialista, racista, anticomunista y brutal a más no poder, pero en lo económico su corporativismo basado en un concordato entre el Estado, las grandes industrias, los bancos y los sindicatos bajo control fascista, durante un muy breve lapso de tiempo creó empleos y alejó de las masas que podían ver una alternativa en el socialismo el temor al desempleo y a la miseria. El desarrollo de las infraestructuras, el aumento de la producción militar y de todos los sectores destinados a concretar los planes de guerra para una expansión imperial desarrolló la capacidad industrial y enriqueció a los grandes capitalistas. Las grandes fortunas que los capitalistas amasaron con el desarrollo económico y las industrias de la maquinaria de guerra de Alemania, Italia, Japón (y en Francia bajo el régimen pro-nazi del Mariscal Petain) están ahí, más poderosas que nunca porque en su mayor parte no fueron tocadas. Ilustraciones: Josep Renau. Texto: Alberto Rabilotta. Notas: 1.- Citas del libro de Karl Polanyi, 'La Grande Transformación', de ediciones Gallimard, 1983, traducidas al español por el autor del artículo. La primera corresponde a la página 304. En las siguientes citas el número de la página figura al final de cada párrafo citado.