31 oct. 2015

Manipulación mediática en la Aldea Global

Los medios de comunicación corporativos globalizados han dejado toda la sutileza y sofisticación en la presentación de la desinformación y han emprendido una guerra mediática abierta contra todos los países que se atreven a buscar los caminos alternativos de desarrollo socioeconómico que no coincide con el neoliberalismo impuesto por los Estados Unidos.
El nuevo modus operandi de la prensa globalizada lo muestra el reciente artículo del reportero de la NBC News, Jim Maceda publicado bajo el título “Tour of Ukranian Russian border, finds non signs of military buildup” (El viaje a lo largo de la frontera entre Ucrania y Rusia muestra que no hay signos de movimientos de tropas (rusas)”. Sin embargo, al día siguiente la NBC News cambió el titular del mismo artículo anunciando: “No signs of Russian troops withdrawal from Ucranian border” (No hay signos de la salida de las tropas rusas de la frontera con Ucrania).
Lo mismo sucede con la presentación de las noticias sobre Venezuela. La semana pasada la Oficina de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en Venezuela emitió un comunicado en que “saluda el esfuerzo que se viene realizando en el marco de las conferencias nacionales y regionales de paz y el anuncio hecho por el Sr. Presidente Nicolás Maduro sobre la creación del Consejo Nacional de Derechos Humanos". También la ONU felicitó al presidente por sus esfuerzos para promover la paz en el país y rechazó “cualquier hecho violento, la destrucción de la propiedad pública y privada y el obstáculo a la libre circulación de ciudadanos”. Por supuesto, la prensa globalizada no vio ni escuchó, peor aún, acalló el hecho siguiendo el memorándum del 23 de enero pasado del presidente Obama que señalaba que “incitando la violencia popular podría ayudar a sacar al presidente Maduro del poder”.
El mensaje no puede ser más claro para los medios de comunicación globalizados que se volcaron a presentar durante estos últimos dos meses la violencia en Venezuela como la lucha por la democracia para acabar con la “dictadura del gobierno”. Inclusive se elaboró en Washington “El Plan Estratégico para Venezuela” suponiendo que la crisis en las calles facilitará la intervención de Norteamérica y de las fuerzas de la OTAN con el apoyo de Colombia. Para dar un mayor estímulo a la oposición y a hacer más eficaz la guerra mediática, la Cámara de Representantes del Congreso estadounidense aprobó el 4 de marzo pasado la Resolución 488 (R488) por 393 votos y uno en contra en apoyo “del pueblo de Venezuela que protesta pacíficamente en defensa de la democracia y contra el crimen exhortando el fin de la actual violencia”.
Lo que están ocultando los medios de comunicación globalizados son las pérdidas por los daños causados al país por los manifestantes opositores que superan ya 10.000 millones de dólares, según los datos del equipo económico del gobierno. En el estado de Lara estos “manifestantes pacíficos” trataron de quemar a médicos cubanos rociándolos de gasolina en los consultorios donde atienden a millares de personas cada mes. En el estado de Táchira atacaron las instalaciones de la Universidad nacional Experimental de las Fuerzas Armadas afectando a más de 5.600 estudiantes. Frente a estos hechos vandálicos la prensa globalizada está guardando un profundo silencio o simplemente están señalando al gobierno como el responsable de la violencia. Y esta información la están propagando día a día los periodistas al servicio de los globalizadores como parte de la guerra mediática, usando mensajes repetitivos para crear una imagen completamente distorsionada de la crisis en Venezuela y ocultando el hecho que los disturbios se producen solamente en 18 de las 335 municipalidades del país.
Lo mismo está sufriendo Siria desde el marzo de 2011 cuando se inició la propagación de noticias internacionales capciosas para preparar a la audiencia mundial para una posible agresión o invasión en contra del país. Los laboratorios de desinformación y a la vez del terrorismo fueron establecidos bajo la tutela de la CIA y la DIA (la Agencia de Inteligencia del Pentágono) en Turquía, Jordania y Chipre creando una red de periodistas, intelectuales asalariados y cadenas de medios de comunicación para propagar “la noticia mentira” permanentemente para confundir la opinión pública mundial. El canal qatarí Al-Jazeera, alguna vez un medio alternativo, se convirtió con la ayuda de la CIA en uno de los centros de la guerra mediática contra el gobierno legítimo de Siria encabezado por el presidente Bashar Al-Assad quien ya en 2003 fue declarado el “enemigo de los EE.UU. al negarse a prestar su territorio a las fuerzas militares de EE.UU. para bombardear a Irak.
La frustración que tuvo Washington al no permitir Rusia el cambio de régimen en Siria y al observar el inicio del acercamiento de Irán a Rusia y posteriormente sentirse incapaz de prevenir el retorno de Crimea a los brazos de Moscú, produjo gran irritación en el gobierno de Obama cuyo resultado fue la intensificación de la guerra mediática contra el liderazgo de Putin, esperando el apoyo de la oposición rusa y la elaboración de las sanciones económicas contra este país. Estados Unidos estaba preparándose para este proceso desde 2012 cuando inició una campaña mediática contra los medios de comunicación rusos debido al aumento de la información alternativa en contraste a la desinformación globalizada elaborada por Washington y su aliado incondicional Bruselas.
Parece que la irritación de Washington con Moscú ha cegado la capacidad analítica de los “iluminados” al elaborar las sanciones que en realidad afectan más los intereses norteamericanos que los rusos. Inclusive los líderes estadounidenses ofrecen, sin darse cuenta, cierta ventaja ideológica a Moscú a pesar de que los dos países hablan el mismo idioma capitalista. Lo interesante y lo que es nuevo a la vez, es que las sanciones contra algunas personalidades rusas que tienen prohibido entrar en la UE y poseer bienes allí no las declara la primera superpotencia del mundo, sino su incondicional satélite, la Unión Europea. Así en esta lista absurda aparece el director general de la recién formada agencia internacional “Rossiya Segodnya”, el conocido presentador de televisión, Dmitriy Kiseliov. Resultó que este hombre ha sido el único periodista afectado por las sanciones. Cualquier estudioso de propaganda diría que la selección de un periodista para el castigo produciría un efecto contradictorio a lo deseado por sus autores pues hace crecer al personaje y al medio de comunicación que él representa. También muestra la inseguridad de los castigadores.
Tanto la Unión Europea como sus curadores en Washington están perdiendo la guerra de la información que ellos han desatado contra Venezuela, Siria, Irán y Rusia. Y lo curioso de todo esto que recientemente Washington amenazó con sanciones a la misma Unión Europea por atreverse a declarar como una necesidad urgente crear su propia red de comunicación electrónica independiente de los Estados Unidos para proteger la privacidad de los europeos. Actualmente más del 70 por ciento del tráfico electrónico en Europa pasa a través de Norteamérica y en el caso del otro satélite estadounidense, Canadá, el 90 por ciento. Lo mismo sucede con América Latina y Rusia. Así Washington asegura su hegemonía en el fluido y diseminación de la información a nivel global acomodándola a sus propios intereses nacionales.
Los que se atreven dentro de los Estados Unidos a investigar, buscar fuentes alternativas de la información o simplemente se dedican al periodismo informativo, “están intimidados y perseguidos por atreverse a exponer el alcance de las actividades secretas del gobierno”, según la abogada italiana y representante de la Asociación Internacional de Juristas Demócratas (AIJD), Micól Savia. Esta jurista afirmó que en su afán de encontrar las fuentes de la información clasificada publicada por la prensa, “el gobierno llegó a registrar las comunicaciones y movimientos de reporteros”.
Para confirmar este hecho citó el caso del periodista independiente colaborador de “The Guardian” y “Vanity Fair'', Berret Brown “quien se enfrentó a una acusación que podía suponerle 105 años de cárcel por haber publicado un hipervínculo a una serie de documentos confidenciales de la agencia privada de inteligencia Stratfor, 'hackeado' por “Anonymous”. Brown estuvo en prisión más de un año y posteriormente le fue impuesta la prohibición a él y sus abogados de hablar de su caso con la prensa”. Casi lo mismo está sucediendo en Europa. El Reino Unido, que siempre se ha caracterizado por una legislación muy avanzada en materia de la libertad de prensa, está experimentando una regresión en este campo. Como ejemplo Micól Savia quien citó las presiones que ejerció el gobierno británico sobre el diario “The Guardian” para impedir la publicación de los documentos relativos al programa de vigilancia masiva por parte de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de EEUU y su homóloga británica GCHQ y sus órdenes de destruir discos duros de documentos entregados por Edward Snowden. Lo que finalmente “The Guardian” tuvo que cumplir.
Tomando en cuenta todo lo que está pasando en los Estados Unidos y la Unión Europea respecto a la veracidad de la información y la libertad de prensa, podemos dar la razón al director de la agencia Rossia Segodnia, Dmitriy Kiseliov quien sostiene que “actualmente hemos invertido los papeles. Rusia se apuesta por la libertad de expresión, mientras que el Occidente ya no lo hace. Se han producido cambios tectónicos en la civilización. En Rusia se puede abordar cualquier tema, existen canales de televisión, radios y periódicos para todos los gustos y no se bloquea el acceso al internet. No hay ninguna obra literaria prohibida. Se publica todo, a excepción de lo que está directamente proscrito por la Constitución”. Resulta que inclusive se conocen los nombres de opositores, como Serguey Parjomenko, Alexey Navalniy, Valeriya Novodvorkaya que aconsejaron al departamento de Estado y a la Comisión Europea sobre las personalidades rusas que deben ser prohibidas de entrar en el territorio de la Unión Europea.
Parece que tanto Washington como Bruselas, lanzando amenazas a todo el mundo que cuestiona sus intentos de imponer su control global diseminando una burda desinformación, no se dan cuenta de que su hegemonía informativa se ha acabado. Actualmente existen varias agencias informativas alternativas como Prensa Latina, TeleSur, HispanTV, Chinese Central Television (CCTV), Russia Today (RT), Russia Segodnia, Press TV, Red Voltaire, Al-Manar y Halak TV entre muchas otras que están desafiando a los medios de comunicación corporativos globalizados con el propósito de romper el monopolio informativo anglosajón.
Dijo alguna vez el escritor belga Paul Carvel refiriéndose a los medios de comunicación globalizados que “la televisión te lava el cerebro e internet te elimina toda la resistencia del pasado”. La prensa alternativa tiene que tomar todo esto en cuenta para que su televisión aporte el conocimiento y el internet conecte el presente con el pasado y el futuro. Hace bastante tiempo Gabriel García Márquez hablando del periodismo afirmó que “el periodismo es el mejor oficio del mundo y que es una pasión insaciable que solo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad”. Solamente así las noticias y la verdad se convierten en la misma cosa. Texto: V. Pélaez. Recomendado: Personalismos y medios de comunicación

30 oct. 2015

Capitalismo, globalización y desigualdad

El economista más famoso del momento es el francés Thomas Piketty, que publicó recientemente su libro El Capital en el siglo XXI. Sus críticos le acusan de no entender qué es el capital realmente; él confiesa que no ha leído la obra homónima de Carlos Marx; otros le señalan como moderado keynesiano. Sin embargo, el francés y su libro han causado furor porque, siendo un defensor del sistema capitalista, sus datos (al margen de las críticas metodológicas) demuestran que el capitalismo fomenta la desigualdad social creciente.

El Sr. Piketty estudia la distribución del ingreso a partir de los registros fiscales en los principales países “desarrollados” (Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Alemania y otros). Con esta metodología llega a la conclusión de que el ingreso de la élite de esas sociedades, que había caído relativamente a mitad del siglo XX, volvió a crecer y equipararse, a partir de los años 70, al que tenía durante el siglo XIX.
También afirma que en este momento Estados Unidos es uno de los países con mayor desigualdad de ingreso en su población, superando a muchos países “en vías de desarrollo” en inequidad social. Hablando en general, Piketty señala: “Con independencia de lo justificadas que puedan estar inicialmente las desigualdades de riqueza, las fortunas pueden crecer y perpetuarse más allá de todo límite razonable y más allá de cualquier justificación razonable en términos de utilidad social. Los empresarios tienden entonces a convertirse en rentistas, no con el paso de la generaciones, sino en el curso de una sola vida”.
Al margen de que Piketty crea que existe alguna desigualdad de riqueza que produce una “utilidad social”, lo importante de la cita es que reconoce la irracionalidad del sistema capitalista y su tendencia a la concentración de la riqueza social “más allá de todo límite razonable y más allá de cualquier justificación razonable”.
Como ciudadanos, y como cientistas sociales, nos vemos obligados a preguntarnos: ¿Cómo se resuelve esa contradicción reconocida por Piketty antes que el sistema capitalista conduzca a la humanidad entera a la barbarie, como advertía Rosa Luxemburgo hace un siglo? ¿Basta con las tímidas propuestas del economista francés que sugiere aumentar los impuestos a los capitalistas? Para dar una respuesta adecuada hay que ir a lo básico, empezando por entender qué es el capital y el sistema capitalista.

El capital es “una relación social” (Carlos Marx)

Una de las críticas metodológicas centrales que se hace a Piketty es que define “el capital” en el sentido del volumen de bienes materiales o riqueza acumulada (patrimonio) expresada como dinero. De esta manera Piketty elude el problema de que la creciente desigualdad social se debe a la explotación de clase que el sistema capitalista hace a los trabajadores. De allí que su propuesta de solución al problema planteado no pase de sugerencias “técnicas” que no cuestionan el fondo del asunto.
En eso consiste la gran diferencia con la perspectiva marxista, para la cual “el capital” no es un acumulado de cosas (objetos), bienes, patrimonio o como se les quiera llamar, sino una relación social de explotación de una clase sobre otra.
Para Carlos Marx, la tierra sólo se convierte en capital cuando es parte del sistema capitalista en que los empresarios al poseerla (propiedad privada) la utilizan como fuente de acumulación de ganancias explotando la fuerza de trabajo de la clase obrera (desposeída de propiedad) y obligada a venderse por un salario para poder sobrevivir.
En el tomo III de El Capital Marx dice: “¡Capital, suelo, trabajo! Pero el capital no es una cosa, sino determinada relación social de producción perteneciente a determinada formación histórico-social y que se representa en una cosa y le confiere a ésta un carácter específicamente social”.
Por si no quedara claro, agrega: “El capital no es la suma de los medios de producción materiales y producidos. El capital son los medios de producción transformados en capital, medios que en sí distan tanto de ser capital como el oro o la plata, en sí, de ser dinero. Son los medios de producción monopolizados por determinada parte de la sociedad, los productos y las condiciones de actividad de la fuerza de trabajo viva automatizados precisamente frente a dicha fuerza de trabajo, que personifican en el capital por obra de ese antagonismo”.
De lo que se trata es señalar que, hoy como en el siglo XIX, la creciente desigualdad social, la pobreza, el subdesarrollo, la crisis económica, los déficits, la deuda, el mercado son todos conceptos abstractos que esconden la relación concreta de explotación económica de los empresarios a la clase trabajadora, tanto a lo interno de un país como a nivel planetario.
La economía burguesa busca ocultar ese hecho que desnuda la esencia de los problemas sociales del mundo, dando la apariencia de que las categorías económicas son una especie de espíritus con voluntad propia que los seres humanos no podemos controlar.¿Por qué hay que priorizar el pago de la deuda a los bancos sacrificando puestos de trabajo y salarios, condenando a la miseria a miles de familias? Que el mercado, que las primas de riesgo, y por ahí van las “justificaciones”. “... hemos puesto de relieve ya el carácter mistificador que transforma las relaciones sociales a las que sirven en la producción, como portadores, los elementos materiales de la riqueza, en atributos de esas mismas cosas (mercancía) y que llega aun más lejos al convertir la relación misma de producción en una cosa (dinero)... Pero en el modo capitalista de producción y en el caso del capital, que forma su categoría dominante, su relación de producción determinante, ese mundo encantado y distorsionado se desarrolla mucho más aún...”(Marx, Ibidem).
Es nuestro deber como sociólogos comprometidos con nuestros pueblos señalar que la creciente desigualdad social es un mal que tiene solución, la cual pasa por cambiar la relaciones sociales de explotación capitalista, las cuales ni han sido, ni serán eternas e inmutables: “...Como el capital, el trabajo asalariado y la propiedad de la tierra son formas sociales históricamente determinadas...” (Marx, Ibid.)

Globalización y Capitalismo

Immamuel Wallerstein se pregunta y responde: “¿…habría algo hoy fundamentalmente diferente de lo que sucedía hace cincuenta años?, …Para mí, la respuesta es no: económicamente no sucede nada diferente de lo que actualmente denominamos “globalización””. Agrega: “La globalización,…, es la esencia del modo de funcionamiento de la economía-mundo capitalista, y lo ha sido toda la vida. Los capitalistas no se concentran en un solo país,no los grandes, no los importantes. Y es totalmente falsa la idea de que solamente hoy existe mercado mundial…”.
Para Wallerstein la globalización es la continuidad del capitalismo, como fenómeno económico y social, revestido de una ideología (neoliberal) que la justifique: “…lo que pasa hoy no es algo nuevo; sin embargo, se manifiesta como una expresión ideológica de la situación actual. El término globalización, que es utilizado desde hace más o menos diez años, parte de la campaña neoliberal para imponerse sobre resistencias varias, fomentando la creencia según la cual hecemos frente a una situación inevitable, y es en ese sentido que los Estados no pueden hacer nada, deben someterse”.
Wallerstein rebate dos tesis fundamentales de los apologistas de la globalización, la primera de que los Estados nacionales tienden a desaparecer (“Los capitalistas utilizan a los Estados y son tan necesarios hoy como ayer”), y la de que hay un salto tecnológico cualitativo como impronta de esta época (“Lo que es importante no es la tecnología, no es la racionalidad, es el monopolio”).
Incluso, frente a quienes hablan de que una de las características de la globalización sería la muerte del “sujeto histórico”, la clase obrera, capaz de transformar el capitalismo mediante una revolución socialista, Wallerstein responde taxativamente: “Hoy, la clase obrera es el mundo”, señalando que cada vez están más integrados dentro de esta clase los llamados sectores populares: mujeres, movimientos étnicos, etc.
Otro autor que podemos ubicar en la perspectiva crítica a la globalización es Theotonio Dos Santos el cual señala que la expansión sin precedentes del capital financiero no debe sobreestimarse, sino que debe verse como un aspecto más de las características del capitalismo en este momento histórico. Y advierte que se está gestando una crisis financiera global que pone coto a este modo de expansión del sistema capitalista.
“Por otra parte -dice Dos Santos, creo que la cuestión de la globalización tiene que ser vista desde un punto mucho más amplio: desarrollo de las fuerzas productivas, reestructuración de la economía como sistema productivo mundial con una división del trabajo que entra en una etapa nueva, resstructuración del sector industrial y del lugar del sector servicios, incluyendo el sector financiero…”
Para Teotonio Dos Santos, la fase de la globalización, si bien posee características particulares, se enmarca dentro del sistema capitalista internacional. Él nos previene de caer en dos extremos: “…el de sumarnos a la moda de augurar al advenimiento de una sociedad enteramente nueva, en los casos extremos de una sociedad poscapitalista, y el contrario de negarnos a reconocer las transformaciones del capitalismo en curso”. Continúa diciendo: “La mejor manera de identificar estas especificidades será, entonces, comparando los rasgos del período que vivimos desde la crisis mundial desencadenada a comienzos de la década del setenta hasta nuestros días, con las características de períodos previos del desarrollo capitalista…”.
Define la globalización como “una determinada combinación de procesos económicos, sociales, políticos, ideológicos y culturales que puede ser considerada como una nueva etapa de acelerada extensión e intensificación de las relaciones sociales capitalistas. .. Es una combinación de procesos… determinada por el único principio que puede considerarse articulador y convertir en inteligibles este tipo de totalidades complejas y antagónicas: la lucha de clases”.

Globalización y neoliberalismo, instrumentos de la explotación capitalista

En esta misma perspectiva encontramos la obra del español A. Van den Eynde, quien, a nuestro juicio desarrolla de manera más acabada el análisis de la globalización desde una perspectiva marxista. Como resume muy bien el problema, reproducimos extensamente parte de la introducción de su libro, en la que considera su precursor a Francois Chesnais (“La mundialización del capital”, 1994).
“La palabra globalización  -nos dice- entró con fuerza en el lenguaje económico y político a mediados de la década de los ochenta …Como todo concepto nuevo, el de globalización llegó acompañado de una propuesta inicial de contenido: había que entender por globalización o mundialización algo así como la completa e imparable liberalización de los mercados en todo el mundo. El mercado estaría a punto de ser uno y de ámbito mundial, pues iban a desaparecer de la faz de la tierra las barreras y legislaciones que trababan la libre circulación de toda clase de mercancías, desde el propio trabajo hasta el capital, y en consecuencia, estaríamos asistiendo al nacimiento de una economía “global” o mundialmente integrada.
“También se decía que las teorías y las políticas partidarias de limitar la libertad de los mercados y el libre juego de las fuerzas económicas elementales iban a ser arrojadas a la hoguera, condenadas por obsoletas y contrarias al progreso; sin distinción y comenzando por el socialismo… Y como entonces se produjo el hundimiento del Titanic soviético, la vida misma parecía confirmar el triunfo universal de un capitalismo “global”.
El término globalización tiene un origen social y político entre quienes defiende la idea neoliberal de ampliación sin límites ni restricciones las fuerzas del mercado, y el marxismo tanto política como sociológicamente tardó hasta mediados de los años 90 en darle una respuesta crítica al concepto.
Van den Eynde resume las principales características del desarrollo capitalista en esta fase denominada globalización. Características que tienen su origen y son una manifestación de una crisis crónica de la economía capitalista mundial iniciada a fines de los años 60 y comienzos de los 70:
1. Avance del comercio frente a la producción: desde 1984 a 1994 se produjo un hecho en apariencia ilógico, mientras la producción mundial de bienes ha crecido una tasa del 2.8%, la expansión del comercio lo ha hecho a 6.3%. Esta contradicción se explica por un decaimiento de los mercados nacionales, que ha forzado a un proceso de internacionalización no sólo de los bienes producidos, sino de la misma producción. El proceso productivo mismo se ha segmentado de modo que se desarrollan partes de cada mercancía entre varios países. Parte de este comercio se da entre diversas factorías de empresas multinacionales.
2. Se exportan más capitales que mercancías. La llamada Inversión Extranjera Directa (IED) crece 3 veces más que la exportación de mercancías. Entre 1983-1990, mientras el comercio mundial creció 9%, la IED lo hizo al 34%. Este movimiento masivo de capitales no va dirigido fundamentalmente a grandes inversiones productivas, sino a un proceso de compra de empresas estatales de los países subdesarrollados, al proceso de fusiones de grandes consorcios y a relaciones entre transnacionales y sus filiales. Lo que representa un avance de la concentración y centralización del capital, una de las cracterísiticas del capitalismo monopolista.
3. Progresión geométrica de las operaciones financieras, el capitalismo se vuelve cada vez más especulativo que productivo. Expresión de una crisis mundial de sobreproducción, que data de los 70, y una desconfianza generalizada en los mercados, lo que obliga a los grandes capitales a dedicarse a actividades especulativas (sin base material) como inversiones en bolsas de valores, compra de bonos, manejos de deudas, etc. Por ejemplo, para 1995, se movía especulativamente por día un volumen de capitales equivalentes a la producción anual de un país como Francia. Se calcula que hoy el monto de la especulación financiera en el mundo alcanza los 50 trillones de dólares anuales, mientras el valor de la producción mundial sólo llega a los 30 trillones.
4. Reorientación de la producción hacia el mercado mundial, esta es otra respuesta a la crisis de sobreproducción, puesto que el estancamiento de los mercados nacionales fuerza a las empresas a intentar ganar mercados más amplios a nivel mundial.
5. Unificación de grandes mercados regionales, cuyo mejor ejemplo es la Unión Europea, pero también el tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLC). Es una consecuencia de la tendencia analizada en el punto 4. Esta integración no disuelve la explotación imperialista, de unas naciones sobre otras, sino que se da sobre el predominio de los capitales de una o algunas de estas potencias sobre estos mercados regionales, en detrimento de los medianos y pequeños capitales nacionales. Por ejemplo, el eje de la integración europea lo es sin duda el capital alemán seguido del francés, así como en el TLC y el ALCA predomina EEUU.
6. Liberalización de los mercados, dice Van den Eynde que el cenit de la globalización fue la creación de la Organización Mundial de Comercio en 1994. En ella las grandes potencias pactaron la apertura de las fronteras comerciales, reduciendo al mínimo los aranceles, para evitar las guerras comerciales que en el pasado tuvieron consecuencias funestas para el capitalismo.
7. El desarrollo de las comunicaciones, no sólo con avances tecnológicos en materia de transportes de mercaderías y personas, sino también en una rama productiva nueva, la telemática. La cual ha ayudado a una reducción de costos de producción, y acelerar todo el proceso productivo. En Estados Unidos este sector representaba, en 1996, el 16% del PIB. Pese a lo cual, el autor señala que no debe considerarse esto como una nueva revolución industrial, porque su uso efectivo queda en manos de unas pocas grandes empresas, rodeadas de un mar de medianas y pequeñas empresas incapaces de aprovechar al máximo esta tecnología.
Descritas estas siete características de la globalización Van den Eynde señala que el actor central de esta fase son 200 grandes transnacionales que controlan cada vez más el mundo. Ellas internacionalizan la producción, al segmentarla en diversos países, en busca de una reducción de costos, trasladando algunas factorías a países en que la clase obrera gana menores salarios que en los países desarrollados. Ellas también se aseguran el control de los grandes mercados mundiales mediante fusiones entre sí.
Esta tendencia exacerba las contradicciones del capitalismo en su fase monopólica mediante un proceso de integración que es cada vez más desigual e imperialista. La diferencia con la fase anterior, desde la posguerra a 1973, es que las transnacionales desplazan al Estado de su participación en la economía.
La razón y génesis de esto se haya en la crisis mundial capitalista que llevó a un agotamiento del modelo de acumulación capitalista (keynesiano). En este sentido, Van den Eynde afirma que “la globalización surge orgánicamente del desarrollo precedente. No es un accidente. Tampoco es un invento político”.
El modelo de acumulación precedente (keynesianismo), surgido luego de la Segunda Guerra Mundial se caracterizó por: a. tener como eje el endeudamiento estatal, para compensar la decadencia del crecimiento de capitalista que venía de los años 20; b. un “imperio del dólar” americano, que expresaba la nueva relación de fuerzas entre las potencias: c. la implementación de un “estado benefactor”, con concesiones sociales a los trabajadores, que pretendía enfrentar el reto de las revoluciones obreras que se expandieron por el oriente de Europa y Asia.
Esta forma de proceder del capitalismo (keynesiano) va a entrar en crisis a fines de los años sesenta, cuando el proceso de endeudamiento estatal alcanzó límites enormes, lo que a su vez llevó a la crisis de la libre convertibilidad del dólar-oro (Acuerdos de Bretton Woods), a un crecimiento inflacionario galopante, y a un estancamiento creciente de las fuerzas productivas, expresada en una caída del crecimiento económico constante. El estallido final del modelo, vino con el alza de los precios del petróleo de 1973.
La respuesta del sistema capitalista imperialista a esta crisis crónica siguió la lógica expuesta por Carlos Marx desde el siglo XIX, compensar la caída tendencial de la tasa de ganancias con diversas medidas, que genéricamente hemos llamado neoliberales:
Una ofensiva contra los países dependientes, arrancándoles mayores cuotas de explotación por la vía del endeudamiento externo y los ajustes estructurales, desarmando sus economías haciéndolas más vulnerables a las imposiciones de los capitales imperialistas.
Política de desregulación del trabajo, o sea, aumentar la explotación de la fuerza de trabajo en todo el mundo precarizando el empleo, apoyándose en el fomento de un desempleo masivo, aumentando los ritmos de trabajo, etc.
Cortando los beneficios sociales que de los trabajadores habían alcanzado bajo el estado de beneficio, y con mayor fuerza luego de la desaparición de la Unión Soviética en los años 90.
Privatización de empresas públicas que le permitieran al capital privado depredar en sectores enteros sin realizar mayor inversión productiva.
Recolonización de la Unión Soviética, China y otros estados obreros cuando la burocracia dirigente decidió pasarse al capitalismo con la perestroika y el “socialismo de mercado” de Deng Xiao Ping. Esto le ha permitido ampliar el mercado mundial y la mano de obra explotada.
La globalización de la democracia (burguesa), como apoyo político del proceso económico, que le garantiza no sólo una ideología para enfrentar a los movimientos sociales y mecanismos de control imperialistas para la recolonización política de los países dependientes.
En resumidas cuentas: “La globalización no es una política casual, sino un desarrollo económico orgánico del imperialismo. Además la globalización tiene una política, que expresa el dominio y los intereses de su fracción dirigente: esa política es el neoliberalismo, que es un capitalismo sin artificios, reaccionario cien por cien: que es explotación sin las “cadenas doradas” del Estado “de bienestar”; que es recolonización de los países dependientes y restauración del capitalismo allí donde se había comomenzado a construir el socialismo”.
Este análisis lleva a Van den Eynde a una conclusión, la globalización está agudizando las contradicciones que caracterizan al capitalismo: entre una mayor socialización de los procesos de trabajo y una acumulación en menos manos de la riqueza social; entre la necesidad creciente de una planificación económica y la anarquía del mercado; entre un mercado mundial en crecimiento y el mantenimiento de las fronteras nacionales: entre la necesidad de aumentar la tasa de beneficios y la crisis de sobre producción; en fin, entre las fuerzas productivas (desarrollo tecnológico) y la cada vez más extendida miseria humana.
Por ello, finalmente, Van den Eynde define la globalización como “la etapa del capitalismo en que comienzan a desplegarse todas las contradicciones explosivas del régimen burgués en su etapa imperialista o monopolista, y de esta manera surgen paso a paso las condiciones –que antes, durante medio siglo, no habían existido- para que se produzca un nuevo auge socialista”.

La creciente desigualdad social es producto de la globalización capitalista

Con los criterios expuestos, revisamos algunos de los abundantes datos aportados por Thomas Piketty sobre la desigualdad social en el capitalismo del siglo XXI.
Piketty afirma que medida patrimonialmente la riqueza (conjunto de bienes muebles e inmuebles privados netos), ésta se haya concentrada de la siguiente manera: en Francia, el 1% más rico de la población posee el 22% del patrimonio; en el Reino Unido el 30%; y e Estados Unidos el 32%.
Si en vez del 1% se toma el décil más rico de la población tenemos que éste posee en Francia el 60% del patrimonio; en el Reino Unido el 70%; en Estados Unidos el 70%. Por contra, el 50% más pobre de la población de esos países sólo posee el 5%.
Medido el ingreso promedio anual, según Piketty en la Unión Europea el 50% de la población más pobre posee un patrimonio de 20 mil euros; la mal llamada “clase media”, el 40% de la población con ingresos medios, posee un patrimonio que oscila entre 100 mil y 400 mil euros; el 9% que sigue posee sobre los 800 mil euros de patrimonio; y el 1% más rico de la población recibe desde 5 millones de euros en adelante.
Con el mismo criterio metodológico, la situación a nivel mundial sería la siguiente: el 0,1% de la población posee el 20% del patrimonio mundial; el 1% el 50% del patrimonio; el 10% más rico posee entre el 80 y el 90% del patrimonio. Peor aún, tan sólo 225 personas en el mundo poseen un patrimonio medio de 15.000 millones de euros.
Piketty calcula el ritmo de acumulación de riqueza por parte de esta minoría en un 6% anual, con lo cual estima que hacia el año 2043 esas 225 personas poseerán el 60% del patrimonio mundial.
En términos históricos, Piketty también demuestra que la concentración de la riqueza en Europa, que era altamente desigual en el siglo XIX, tendió a moderarse a lo largo del siglo XX, gracias a la Revolución Rusa, las dos guerras mundiales y la crisis capitalista que derivó en la política keynesiana (estado benefactor) como una respuesta económica frente a la revolución social que amenazaba al sistema capitalista global.
Luego empieza el camino inverso gracias al Consenso de Washingto de 1980, que impuso el modelo de globalización neoliberal que hemos descrito antes, el cual se vio reforzado en 1990 con la desaparición de la Unión Soviética y su bloque.
En Europa, en 1810, el décil más rico de la población poseía el 80% del patrimonio; en 1910 este décil concentraba el 90% del patrimonio; para decrecer hasta 1975, cuando bajó a cerca del 60%. El signo empieza a cambiar en las dos últimas décadas del siglo XX, y vuelve a crecer el proceso de acumulación de la riqueza en manos del décil superior hasta representar el 65% del patrimonio en 2010.
Muchos otros datos, basados en los criterios metodológicos señalados, se desprenden de la abundancia de información aportada por los cuadros de Piketty, y pueden ser consultados por internet. Para los efectos nuestros, basta con lo citado hasta aquí.
Podrían complementarse esas estimaciones con otras, de otros especialistas e incluso con las de organismos internacionales, por ejemplo, los estudios sobre pobreza de CEPAL para nuestro continente. Al margen de las precisiones metodológicas, todas las fuentes muestran un mundo capitalista crecientemente desigual.
Desde nuestra perspectiva, y en conclusión, la solución a la desigualdad creciente del capitalismo no se encuentra en pequeñas medidas económicas o sociológicas, sino en grandes transformaciones políticas. Pero eso es harina de otro costal. Texto: Olmedo Beluche. Ver también: `Teoría gral. del capitalismo salvaje'.

26 oct. 2015

Cuatro falacias de la 'segunda gran depresión'

En el período que comenzó en 2008 ha habido una abundante cosecha de falacias económicas recicladas, la mayoría procedentes de dirigentes políticos. Las cuatro siguientes son mis favoritas. El ama de casa suaba. “Se debería haber preguntado simplemente al ama de casa suaba”, dijo la Canciller de Alemania, Angela Merkel, después del desplome de Lehman Brothers en 2008.
“Nos habría dicho que no se puede vivir gastando más de lo que se gana”. En esa lógica que parece sensata se basa actualmente la austeridad. El problema es que pasa por alto el efecto de la frugalidad del ama de casa en la demanda total. Si todas las familias frenaran sus gastos el consumo total disminuiría y también la demanda de mano de obra. Si el marido del ama de casa pierde su puesto de trabajo la familia estará económicamente peor que antes. El caso general de esta falacia es la “falacia de composición”: lo que tiene sentido para cada una de las familias o empresas individualmente no necesariamente da como resultado el bien del conjunto. El caso particular que John Maynard Keynes determinó fue la “paradoja de la frugalidad”: si todo el mundo intenta ahorrar más en los malos tiempos la demanda agregada disminuirá con lo que se reducirán los ahorros totales por la disminución del consumo y del crecimiento económico. Si el Gobierno intenta reducir su déficit, las familias y las empresas tendrán que apretarse el cinturón y el resultado será una reducción del gasto total. La consecuencia de ello será que, por mucho que el Gobierno recorte su gasto, su déficit apenas disminuirá. Y si todos los países aplican la austeridad simultáneamente, una menor demanda de los productos de cada uno de los países provocará un menor consumo nacional y extranjero, con lo que todos se encontrarán económicamente peor. El Gobierno no puede gastar un dinero que no tiene. Esta falacia, repetida con frecuencia por el Primer Ministro de Gran Bretaña, representa a los gobiernos como si afrontaran las mismas limitaciones presupuestarías que las familias o las empresas, pero los gobiernos no son como éstas. Siempre pueden conseguir el dinero que necesitan emitiendo bonos. Pero, ¿no tendrá que pagar un gobierno cada vez más endeudado tipos de interés cada vez mayores, con lo que los costos del servicio de la deuda llegarán a consumir todos sus ingresos? La respuesta es que no: el banco central puede imprimir el suficiente dinero suplementario para mantener bajo el costo de la deuda estatal. Eso es lo que hace la llamada relajación cuantitativa. Con unos tipos de interés cercanos a cero, la mayoría de los gobiernos occidentales no pueden dejar de endeudarse. Este argumento no es aplicable a un gobierno que no tenga un banco central, caso en el que afronta la misma limitación presupuestaria que el ama de casa suaba. Ésa es la razón por la que algunos Estados miembros de la zona del euro tuvieron tantos problemas hasta que el Banco Central Europeo los rescató. La deuda nacional representa impuestos aplazados. Según esta falacia con frecuencia repetida, los gobiernos pueden recaudar dinero emitiendo bonos, pero, como éstos son préstamos, tarde o temprano tendrán que pagarlos, cosa que sólo se puede hacer aumentando los impuestos, y, como los contribuyentes así lo esperan, ahorrarán ahora para pagar sus impuestos futuros. Cuanto más se endeuda el Gobierno para sufragar su gasto actual, más ahorra el público para pagar los impuestos futuros, lo que anula el efecto estimulador del endeudamiento suplementario. El problema de este argumento es que los gobiernos raras veces afrontan la tesitura de tener que “saldar” sus deudas. Pueden optar por hacerlo, pero la mayoría de las veces se limitan a refinanciarlas emitiendo nuevos bonos. Cuanto más largos son los plazos de vencimiento de los bonos, menos frecuentemente deben recurrir los gobiernos a los mercados para obtener nuevos préstamos. Más importante es que, cuando hay recursos no utilizados (por ejemplo, cuando el desempleo es mucho mayor de lo normal), el gasto resultante del endeudamiento del Gobierno utiliza dichos recursos. Los mayores ingresos del Gobierno resultantes de ello (más un menor gasto dedicado a los desempleados) compensa el endeudamiento suplementario sin tener que aumentar los impuestos. La deuda nacional es una carga para las generaciones futuras. Se ha repetido esta falacia con tanta frecuencia que ha entrado en el inconsciente colectivo. El argumento es el de que si la generación actual gasta más de lo que gana, la próxima generación tendrá que ganar más de lo que gaste para pagarlo. Pero pasa por alto que los titulares de esa misma deuda figurarán entre las futuras generaciones que supuestamente tendrán esa carga. Supongamos que mis hijos tienen que pagarte a ti la deuda que yo contraje. Estarán económicamente peor, pero tú estarás mejor. Eso puede ser negativo para la distribución de la riqueza y la renta, porque enriquecerá al acreedor a expensas del deudor, pero no habrá una carga para las generaciones futuras. El principio es exactamente el mismo cuando los titulares de la deuda nacional son extranjeros (como en el caso de Grecia), si bien la oposición política al pago será mucho mayor. La economía rebosa de falacias porque no es una ciencia natural como la física o la química. En economía las afirmaciones raras veces son absolutamente verdaderas o falsas. Lo que es verdadero en ciertas circunstancias puede ser falso en otras. Por encima de todo la verdad de muchas afirmaciones depende de las expectativas de la población. Pensemos en la creencia de que, cuanto más se endeude el Gobierno mayor será la carga impositiva futura. Si las personas actúan conforme a ella y ahorran todo dólar, euro o libra extra que el Gobierno ponga en sus bolsillos el gasto gubernamental suplementario no tendrá efecto en la actividad económica, independientemente de cuántos sean los recursos no utilizados. Entonces el Gobierno debe aumentar los impuestos... y la falacia se convierte en una profecía que no puede dejar de cumplirse. Así, pues, ¿cómo debemos distinguir entre las afirmaciones verdaderas y las falsas en economía? Tal vez se deba trazar la línea divisoria entre las afirmaciones que sólo resultan válidas si la población espera que lo sean y las que lo son independientemente de cuáles sean las creencias al respecto. La afirmación: “Si todos ahorráramos más en una crisis, todos estaríamos económicamente mejor”, es absolutamente falsa. Todos estaríamos económicamente peor. En cambio la declaración: “Cuanto más se endeuda el Gobierno, más tendrá que pagar por su endeudamiento”, es unas veces cierta y otras falsa. O tal vez la línea divisoria debería separar las propuestas que dependen de supuestos de comportamiento razonables y las que dependen de otros ridículos. Si las personas ahorraran todo céntimo extra del dinero prestado que gasta el Gobierno, el gasto no tendría un efecto estimulador. Es cierto, pero esa clase de personas sólo existen en los modelos de los economistas. Robert Skidelsky. 


Crisis del capitalismo

Aunque la noción de crisis se ha convertido en un lugar común, pues todo el mundo quiere salir de la crisis, es dominante aún la confusión general acerca de lo que es realmente una crisis económica.
Y por más que se publican libros y libros sobre las diferentes crisis que se están dando (crisis financiera, crisis económica, crisis de la deuda, crisis ecológica, etc.) la incertidumbre se mantiene. No es tampoco extraño, pues las distintas escuelas de pensamiento -a la que nos adscribimos cada uno de los economistas- ofrecen diferentes interpretaciones de lo que está pasando y, por consiguiente, también de lo que habría que hacer para acabar con la crisis. Mi intención es ofrecer aquí un mínimo pero solvente marco de análisis que permita clarificar el significado último de lo que es una crisis, sin entrar a valorar cuál es mi propia interpretación, con el objetivo de ayudar al lector a situar la situación actual. Crisis es interrupción. Y, concretamente, interrupción del ciclo productivo. Esto quiere decir que se han detenido los mecanismos por los cuales nuestras economías producen bienes y servicios. Estos mecanismos son los mismos que nos permiten crear puestos de trabajo y producir bienes materiales que cada vez son mejores en términos técnicos. Es decir, lo que se ha detenido ha sido el proceso de avance económico, de crecimiento económico. Y sin él, ni tenemos empleo ni avance técnico -al menos bajo el sistema económico actual. Para Marx y Keynes la forma más útil de entender el ciclo productivo era a partir de los esquemas que elaboró el primero de estos autores. En una economía capitalista el ciclo productivo está descrito por el proceso D-M-D’. Es el llamado ciclo del capital, y representa en abstracto el proceso por el cual un capitalista obtiene dinero (D), produce mercancías (M) y luego las vende por una cantidad de dinero superior a la inicial (D’). La diferencia entre D’ y D es el llamado excedente económico. Esto significa que cuando el capitalista recibe D’ dedica ese dinero a reiniciar el ciclo productivo de forma que ahora es D’-M-D”, donde ahora D” es mayor que D’. Esa reinversión del dinero es lo que permite, entre otras cosas, los desarrollos tecnológicos y los nuevos empleos. Y, por supuesto, el hecho de que las expectativas de lo que será D’ sean mayores que D es una condición necesaria para que el ciclo funcione. La aceptación de que este es el proceso que mueve la economía capitalista conlleva aceptar que es un sistema dinámico y siempre en evolución. Es este ciclo productivo el que se ha roto para la economía en su conjunto. Pero puede haberse roto por muchos sitios diferentes, ya que como proceso real no es ni homogéneo ni atemporal. Vamos a ver algunas posibilidades. En primer lugar, este ciclo puede romperse en la obtención de las materias primas o los trabajadores necesarios para producir. Imaginemos que antes de comenzar a reproducir el ciclo, el empresario se da cuenta de que los materiales que necesita no están disponibles o se han encarecido demasiado. Por ejemplo, el trigo o el petróleo. En el caso de que falten, el ciclo no puede reproducirse de ninguna forma (crisis). En caso de que sean demasiado caros, la expectativa de ganancia será menor y por lo tanto es posible que el capitalista no quiera arriesgarse a iniciar el ciclo (crisis). Las soluciones históricas que se han dado a este tipo de crisis, analizadas desde las teorías del imperialismo, son invasiones militares a las zonas geográficas donde se encuentran los recursos necesarios. Por otra parte, también podría faltar el número de trabajadores, por ejemplo porque estamos en una economía de pleno empleo o porque sencillamente no hay gente que quiera trabajar en determinados sectores (crisis). Históricamente se han dado en determinados países, y se han resuelto siempre con inmigración o represión. En segundo lugar, puede romperse el ciclo en el ámbito de la producción, es decir, cuando ya hay dinero invertido en la empresa. En estos casos las huelgas, los boicots, los sabotajes, etc. pueden interrumpir el proceso productivo e impedir que se complete (crisis). Históricamente se han resuelto con represión o con procesos de negociación entre las partes enfrentadas en el conflicto laboral. En tercer lugar, puede darse al comienzo del ciclo por falta de financiación. Cuando las economías están desarrolladas lo normal es que los capitalistas individuales no tengan dinero suficiente para acometer proyectos de gran envergadura. En ese caso se recurre a los mercados financieros (desde el préstamo -también para capitalistas individuales- hasta los títulos financieros, pasando por las acciones). Cualquier crash financiero, o ruptura del canal que permite que llegue D al ciclo productivo, llevará a una interrupción del ciclo (crisis). Estamos entonces en una crisis financiera que se traslada a la economía real por lo que vulgarmente llamamos “cierre del grifo crediticio”. Otra cuestión distinta será entender por qué se produce la crisis financiera. En cuarto lugar, puede que el ciclo se rompa al final, es decir, a la hora de vender la producción. En este caso podría pasar que no hubiera nadie a quién venderle la producción. En este caso se puede decir que el mercado se ha cerrado o ha dejado de existir. Si por ejemplo nuestra economía basa su crecimiento en vender a un país que ahora está en guerra, o se ha aislado internacionalmente, no vamos a poder vender nuestra producción. Como no podemos venderla no podemos transformar M en D’, y entramos en crisis. Lo mismo ocurre si nuestra economía depende del mercado interno, esto es, fundamentalmente de los salarios de la gente que vive en el país en cuestión. Si los salarios caen y la gente se empobrece, no se podrán vender las mercancías y se llegará a la crisis. Históricamente estas crisis se han resuelto de dos formas. La primera es la expansión a nuevos mercados -lo que ha hecho al capitalismo expandirse por todo el globo, y casi nunca pacíficamente- y la segunda a través del incremento del poder adquisitivo de los trabajadores. Estas cuatro opciones generales nos señalan diferentes aspectos que pueden estar combinados en un momento histórico concreto. Como el actual, por ejemplo. Pero más allá de las interpretaciones, este marco de análisis nos permite entender que el sistema económico es el que está en crisis y que la resolución de la crisis (que no necesariamente del sistema) depende de que se haga un buen diagnóstico de lo que va mal. Porque de lo contrario podría ocurrir que al intentar resolver un problema determinado (por ejemplo la falta de crédito) estuviéramos empeorando otro problema (por ejemplo, la falta de mercado nacional como consecuencia de rebajar los salarios). Aunque eso supone que la crisis es un problema para todos y que los que gobiernan de verdad quieren solucionarla. Lo que es mucho suponer. Nota: Los economistas neoclásicos consideran, por el contrario, que el ciclo productivo es M-D-M. En este sistema el dinero es neutral. Esta polémica, que une a marxistas y keynesianos frente a los neoclásicos, es crucial y tiene que ver con la aceptación o no de la llamada Ley de Say. Tiene que ver también, por cierto, con la definición de lo que es el dinero. A. Garzón E.

23 oct. 2015

Monsanto y los transgénicos

En vísperas de la celebración del Día Mundial de la Alimentación el 16 de octubre pasado, en más de 500 ciudades de 52 países se realizaron manifestaciones contra Monsanto la tenebrosa transnacional de la biotecnología y de los alimentos genéticamente modificados.
Los miles y miles de manifestantes pidieron al mundo boicotear la acción “depredadora” de Monsanto porque ha introducido distintos tipos de transgénicos en el mercado globalizado, que según expertos, son dañinos para la salud humana, representando una amenaza para para “la salud, la fertilidad y la longevidad”. En realidad, Monsanto no es la única corporación que aspira lograr el monopolio del suministro de alimentos en nuestro planeta. Son varias corporaciones biotecnológicas y agroquímicas que forman el poderoso grupo CropLife America y entre ellas se destacan: Monsanto, DuPont, Dow AgroSciences LLC, Syngenta, Bayer, Basf, Río Tinto, Mendel, Ceres, Evogene. Fue precisamente este grupo que mandó la carta de protesta a la esposa del presidente Obama, Michelle Obama cuando ella plantó su jardín orgánico libre de pesticidas y organismos genéticamente modificados (GMO). Ahora pueden estar tranquilos porque la crisis económica y la reciente paralización temporal del gobierno norteamericano hizo marchitar el jardín de la señora Obama. En este conjunto Monsato, la multinacional de Biotecnología Química y Agrícola con sede en Creve Coeur, Missouri es la más poderosa de todas en términos políticos, económicos y financieros. Es la más famosa por sus semillas transgénicas y herbecidas como Roundup (RR) a base de glisofato para eliminación de hierbas y arbustos. Actualmente esta corporación que comenzó como una pequeña compañía química en 1901, se transformó en un gigante biotecnológico del Siglo XXI ganando en 2012 13,5 mil millones de dólares. Está operando en 68 países del mundo sembrando semillas GMO en más de 114 millones de hectáreas y de ellas 61 millones en los Estados Unidos. En este país controla el 40 por ciento de las tierras cultivables. Fue precisamente Monsanto uno de los productores del Agente Naranja que fue rociado masivamente durante la guerra de Vietnam en una operación Ranch Hand entre 1961 a 1971. Según la Cruz Roja vietnamita, un millón de personas quedaron discapacitados y más de 500,000 niños nacieron con defectos por el uso de este defoliante. El Agente Naranja que fue aplicado con el pretexto de proteger vidas de los soldados norteamericanos hizo sus estragos en sus propios soldados quienes en 1984 hicieron una demanda colectiva en el Tribunal del Distrito Este de Nueva York. A pesar de que el Tribunal no encontró culpables, se acordó que las siete compañías productores del Agente Naranja (Monsanto, Diamond Shamrock Corporation, Dow Chemical Company, Hercules Inc., TH Agricultural y Nutrition Company, Thompson Chemical Corporation y Uniroyal Inc.) pagaran 180 millones de dólares a los veteranos estadounidenses de la guerra en Vietnam y a sus familiares. Se calcula que más de 600.000 veteranos norteamericanos fueron afectados por este defoliante y miles de sus hijos nacieron con leucemia. Pero todo esto pertenece a la historia y ya nadie quiere acordarse de la tragedia de aquella guerra. Hasta el Tribunal Supremo norteamericano declaró en 2004 que las compañías productoras no eran responsables del uso del Agente Naranja. Sin embargo, la realidad que vive el mundo actualmente es mucho más siniestra comparando con el pasado, pues estamos frente a un proceso cuando una corporación multinacional Monsanto aspira apoderarse de la producción y distribución de alimentos en el mundo entero usando su tecnología del GMO. De acuerdo al reciente estudio de la Food and Wáter Watch, el 93 por ciento de los productos de la soya en el mercado norteamericano y el 80 por ciento de los de maíz contienen GMO producidos por Monsanto que tiene más de 1.676 patentes de semillas. Actualmente esta multinacional controla más del 90 por ciento del mercado mundial de semillas transgénicas lo que constituye un monopolio industrial sin precedentes, y un 60 por ciento del mercado global de semillas comerciales. Este éxito de Monsanto no se debe solamente a su habilidad de crear productos rentables sino a sus conexiones políticas, mediáticas y a su persistente trabajo de cabildeo. Según el Center for Responsive Politics, Monsanto gastó más de 4 mil millones de dólares desde 1990 para las campañas electorales dando apoyo a los políticos para promover sus intereses. La mayoría de sus ejecutivos, de acuerdo a la publicación Global Research, son excongresistas y altos exfuncionarios de diferentes departamentos del gobierno Federal norteamericano. Tiene a su disposición incondicional a los medios de comunicación que día a día están tratando de convencer a la opinión pública de la ventaja del uso productos que contengan GMO. Y para dar solidez a los escribanos a sueldo utiliza estudios favorables de seis universidades estadounidenses subvencionados por la multinacional: Arizona State University, St. Louis University, University of Missouri, Cornell University, Washington University in St. Louis y South Dakota State University. Ahora los profesores a su disposición crearon un nuevo pretexto para la promoción de las semillas GMO. Un reciente informe del ETC Group como Monsanto, Bayer, BASF, DuPont, Syngenta, Dow, Mendel, Ceres, y Evogene están patentando las semillas con genes que resisten el estrés del medio ambiente (sequía, variaciones extremas de temperatura etc.). Según la campaña publicitaria de estos gigantes bioquímicos, “solamente esta tecnología de GMO es capaz de neutralizar los efectos del calentamiento global y el hambre en el futuro no tal lejano”. En realidad, es un nuevo pretexto para aumentar el poder corporativo sobre la alimentación, controlar los precios, terminar con la investigación independiente y acabar con la tradición milenaria de los agricultores de intercambiar las semillas. Ahora la Monsanto y la BASF están invirtiendo 1,5 mil millones de dólares para crear este tipo de semillas. Su laboratorio es África donde estas dos multinacionales se aliaron con la Fundación Bill y Melinda Gates para promover la supuesta “Revolución Verde” en el continente. Lo curioso que el multimillonario Bill Gates que es presentado por la prensa globalizada como un generoso filántropo, compró 500.000 acciones de la Monsanto por 23 millones de dólares. Los africanos hubieran debido estudiar los “resultados” de las “revoluciones verdes” que promovió la Fundación Rockefeller en América Latina en los años 1960 y 1970. Pero el proceso ya está en marcha con el consentimiento y participación de los gobiernos de Kenia, Tanzania, Uganda y África del Sur apoyado por 47 millones de dólares donados por la Fundación de Bill Gates. América Latina también ha estado en mira de la Monsanto desde los años 1990. El modelo de agroindustria con el uso de las semillas GMO se impuso en todos los países del Mercosur y también en Bolivia para la producción de soja, maíz y algodón transgénicos. Actualmente el 57 por ciento de la tierra cultivable en la provincia de Buenos Aires está sembrado con semillas GMO y regado con glifosato desde una avioneta. En Paraguay, después del golpe de Estado en 2012 contra el presidente legítimamente elegido, Fernando Lugo, la Monsanto junto con Cargill encontraron un paraíso para sus semillas transgénicas. Actualmente están construyendo una fábrica de semillas transgénicas, convirtiéndose este país en el tercer laboratorio de Monsanto después de Argentina y Brasil. Actualmente en Argentina, de acuerdo al periodista Federico Larsen, el 97 por ciento de la soja producida es transgénica y también el país liberó el uso de la hormona recombinante bobina BST Posilac producida por Monsanto que aumenta la producción lechera en las vacas en un 25 por ciento, pero que está prohibida en la mayoría de los países del mundo por demostrarse científicamente que Posilac favorece al desarrollo del cáncer de mama en las mujeres. Sin embargo la misma presidenta Cristina Fernández declaró hace poco que “La inversión de Monsanto es importantísima y va a ayudar a la concreción de nuestro plan, tanto agroalimentario 2020, como nuestro plan también industrial”. Parece nadie está prestando a tención a los estudios de varios especialistas que llegaron a la conclusión que a este paso la tierra en Argentina y Brasil dejarían de ser productivas en unos 50 años. Parece que a las transnacionales o muchos gobiernos de turno no les interesa el futuro. Por eso firman las leyes como la reciente Ley de Protección de Monsanto en los Estados Unidos que protege a la transnacional de todos los juicios relacionados a la producción y venta de semillas GMO o la Ley Monsanto en México aprobada en 2005 por la mayoría de los congresistas ni siquiera ser leída dando la luz verde a la corporación biotecnológica en su país. El mismo camino está tomando Ucrania teniendo las tierras más fértiles de Europa. Felizmente existen raras excepciones, como la iniciativa del presidente del Perú, Ollanta Humala que logró que el congreso aprobara en 2011 una moratoria de 10 años al cultivo y la importación de transgénicos en el país con el “fin de proteger la biodiversidad, la agricultura nacional y la salud pública”. También la multinacional Monsanto decidió retirar las solicitudes para el cultivo de nuevos transgénicos en la Unión Europea ante las protestas y resistencia de varios gobiernos y grupos ecologistas de usar estas semillas que impactan negativamente sobre la salud. Sin embargo las plantaciones de cultivos transgénicos siguen en España, Portugal, República Checa y Polonia. En Rusia el presidente Putin dio un grito de alerta por las intenciones de la Monsanto de instalarse en su país. Pero tendrá que luchar contra los oligarcas rusos para los cuales la patria no es un lugar donde uno nace sino donde se gana dinero, igualmente contra las leyes rusas aprobadas en la época de Yeltsin y que impiden la prohibición de los productos transgénicos. Hace unos diez años Monsanto trató de ingresar a Cuba pero ellos anunciaron que serían el laboratorio mundial para los productos orgánicos y no llegaron a ningún acuerdo. Ahora Rusia tiene mejor oportunidad y las condiciones para convertirse en el centro de cultivos orgánicos por no estar contaminada su agricultura con las semillas GMO y por tener 40 millones de hectáreas de tierra no expuesta durante muchos años al uso de los químicos. De acuerdo a los expertos, para 2020 Rusia podría abastecer el mercado mundial con 15 por ciento de los productos orgánicos si es que los agricultores reciben el apoyo del gobierno. Las posibilidades de poner freno a las intenciones de las multinacionales biotecnológicas de establecer el control corporativo sobre alimentación existen. Sólo se necesita la voluntad de los pueblos de desprenderse del individualismo implantado por el neoliberalismo, y retornar a la premisa de Aristóteles según la cual los humanos somos hombres sociales y políticos y no podemos vivir fuera de la sociedad. Pero vivir en la sociedad necesariamente implica acciones colectivas a través de los cuales podríamos imponernos a cualquier transnacional, como lo están haciendo actualmente los habitantes de Malvinas Argentinas a 14 kilómetros de Córdoba, Argentina oponiéndose Asamblea de Vecinos Lucha por la Vida a Monsanto. En 2012, las Madres de Ituzaingó, un barrio de Córdoba ganaron por primera vez un juicio contra Monsanto. Esto demuestra que la unión, solidaridad y la voluntad colectiva son armas poderosas del pueblo que lucha por su bienestar y sus ideales. Texto:  Vicky Peláez.


15 oct. 2015

Astérix y Obélix contra las leyes del mercado

Todos hemos leído críticas a nuestro sistema económico, a la voracidad de los mercados, a la especulación, pero seguro que ninguna de ellas es tan divertida (y pocas son tan ácidas) como la que se incluyó en un cómic publicado en 1976. Vamos a desmenuzar el argumento de esta auténtica obra maestra, para haceros partícipes de su genialidad (y compartir la crítica que el autor hace del sistema). Como ya sabréis, la serie de Asterix el Galo nos narra las aventuras de dos inseparables amigos, Asterix y Obelix, en la Galia ocupada por la Roma de Julio César a mediados del siglo I antes de Cristo. Ambos viven en una pequeña aldea que resiste al invasor gracias a una poción mágica de su druida Panoramix que los hace invencibles. En este tomo se nos narra uno de los intentos de Julio César de derrotar a los galos. En este caso, aconsejado por un joven graduado de la escuela imperial de administración, Cayo Coyuntural, el plan de César consiste en convertir a los galos en decadentes; y, ¿cómo piensa conseguirlo? Gracias al “afán de lucro”. Es decir, donde la fuerza falla triunfará el dinero. En verdad el plan de Cayo Coyuntural es maquiavélico: introduciendo el dinero en un plácido sistema económico basado en el trueque y utilizando las fluctuaciones del mercado como un medio para generar riqueza espera convertir a los irreductibles galos en esclavos del sistema, artesanos, cazadores, campesinos, sastres, etc. Gente atrapada en una rueda de la que no puede escapar si quiere ganarse la vida (a fin de cuentas, ¿cuántos de nosotros no lo hubiéramos mandado todo a freír espárragos si no necesitásemos trabajar para ganar un sueldo con el que mantenernos?). Cayo Coyuntural, por supuesto, es el auténtico villano de la historia: un arribista recién salido de una escuela de negocios que pone en marcha un diabólico plan con el que de paso enriquecerse. Tantos años después este detalle puede pasar desapercibido, pero Cayo Coyuntural es en realidad una parodia del mismísimo Jacques Chirac, por aquel entonces (recordemos, año 1976) el joven primer ministro francés, pero que después continuaría su carrera política como alcalde de París (1977-1995) y Presidente de la República Francesa (1995-2007). Cayo Coyuntural y Jacques Chirac, dos licenciados de la Escuela de Administración con grandes ambiciones políticas.Veamos a continuación cómo se desarrolla el plan de Cayo Coyuntural. 

I. CREACIÓN DE UNA DEMANDA ARTIFICIAL DE MENHIRES Y CONVERSIÓN DE LOS GALOS EN OFERENTES/PRODUCTORES.
Coyuntural se encuentra en el bosque con Obelix y se interesa por su menhir. Cuando le pregunta por un precio, Obelix afirma que no lo sabe, que simplemente lo cambia por otra cosa. Conociendo a los galos, podríamos decir que se mueven entre el trueque y una economía de subsistencia, en la que cada agente económico satisface por sí mismo sus necesidades (es cierto que Obelix intercambia sus menhires por otras cosas, pero también sabemos que para cuestiones básicas como la alimentación le basta con cazar jabalíes con su amigo Asterix). Por tanto, Coyuntural debe convencer al galo de la importancia del dinero, que le servirá para “comprar” cosas y, en definitiva, para ser una persona más “importante”. Finalmente, Coyuntural no sólo le compra a Obelix su menhir por 200 sestercios, sino que le dice que le comprará todos los menhires que pueda repartir. Obelix, que antes apenas trabajaba y vivía cómodamente, se encuentra ahora obligado a cumplir unos compromisos comerciales. Cuando Asterix le ofrece a Obelix ir de caza, éste le responde malhumorado que tiene mucho trabajo que hacer: Al día siguiente Obelix le lleva otro menhir a Cayo Coyuntural, pero éste le paga el doble que el día anterior debido a una subida de los precios. Obelix no entiende nada, e incluso mira al cielo buscando el sitio a donde han “subido” los precios. Cayo Coyuntural intenta explicarle que todo se debe a las fluctuaciones del mercado y a la interacción entre la oferta y la demanda: Cuando Obelix vuelve a la aldea se da cuenta de que no puede comer, puesto que ha invertido el tiempo necesario para cazar un jabalí en fabricar un menhir. Como Asterix no le invita a comer, le compra su jabalí a otro vecino, Analgésix, avisándole de que le comprara cualquier jabalí que pueda cazarle. Observamos cómo, a la vez que el dinero hace su irrupción en la vida cotidiana de los galos, también comienza a introducirse una cierta división del trabajo: salvo excepciones, los galos satisfacían antes sus propias necesidades; ahora, algunos de ellos comienzan a especializarse (Obelix se dedica a fabricar menhires, Analgésix a cazar jabalíes…) Poco a poco, una economía de subsistencia con trueque se va convirtiendo en una economía de mercado. Al día siguiente, Cayo Coyuntural vuelve a subir el precio del menhir, de 400 a 800 sestercios, pero le exige a Obelix una mayor producción si no quiere que se desplomen los precios, ya que la oferta ha de satisfacer a la demanda (en realidad, una escasez de oferta tendría el efecto contrario, un aumento del precio, pero tengamos en cuenta que Cayo Coyuntural, como único demandante de menhires, está interfiriendo en las leyes del mercado). Obélix, que por sí mismo sólo puede fabricar un menhir al día, se ve en la necesidad de aumentar la producción, por lo que se asocia con Analgésix, que en vez de cazar jabalíes pasa a fabricar menhires con él. Sin embargo, ahora necesitan que otros galos cacen para ellos, para lo que contratan a Monosilabix y Radiotelegrafix. Ante el aumento de la demanda, aparece la empresa como agente económico de producción, y aumenta el grado de división del trabajo y especialización en la aldea (ahora hay más fabricantes de menhires y cazadores a tiempo completo, todos ellos trabajando a cambio de sestercios). Pero nada es suficiente para Cayo Coyuntural, que sigue aumentando los precios e incrementando la demanda de menhires. Cuando la empresa de Obélix ya está compuesta por cuatro fabricantes de menhires (y cuatro cazadores de jabalíes), Coyuntural le dice que tiene que mejorar sus circuitos de distribución, lo que obliga a Obélix a comprar un carro para repartir más menhires. Obélix no lo sabe, pero está introduciendo una innovación tecnológica para aumentar su producción. En este punto, la deriva empresarial de Obélix es total, y no tardará en contratar a la mujer más atractiva del pueblo, la esposa del anciano Edadepiedrix, para que sea su sastre y le confeccione ropa digna de su posición. A estas alturas, el plan de Cayo Coyuntural para derrotar a los galos parece más que evidente. Al insertar su pacífico hábitat dentro del mercado, los tiene ocupados con sus nuevas obligaciones mientras acaba con su anterior forma de vida (y de paso, así dejan de atizar palizas a las legiones romanas). Quien antes se divertía con los amigos y vivía en paz con su entorno está ahora siempre demasiado ocupado. El caso más grave es el de Obélix, claro, pero el continuo aumento de la demanda estimulado por Coyuntural hace que cada vez más galos estén afectados por este mal…A lo largo de toda la narración, Goscinny desliza una ácida crítica hacia el engreimiento de ejecutivos y economistas. Así, Cayo Coyuntural utiliza constantemente el lenguaje pedante de los economistas, y cuando no le entienden se burla salvajemente de su interlocutor contestando en un lenguaje para tontos basado en los infinitivos. Esto lleva al equívoco de que la gente sencilla, intentando aparentar ser más distinguidos, imiten las expresiones burlonas de Coyuntural pensando que esa es la forma de hablar de la gente intelectual. Además, Coyuntural entabla con Obélix “comidas de negocios”, le señala que hay actividades manuales que él no debe llevar a cabo, pues son “indignas” de un empresario, y le dice que no va vestido como es debido para alguien de su importancia.

II. ASTERIX HINCHA LA BURBUJA DEL MENHIR.
Llegado este momento, Astérix se da cuenta de que el repentino interés de los romanos por los menhires no puede ser natural, y decide darles una sobredosis de su propia medicina, así que convence a otros aldeanos para que compitan con Obélix y también fabriquen menhires para los romanos. Por un lado, su intención es que Obélix deje de ser “la persona más importante de la aldea” convirtiendo a otros vecinos en empresarios como él; por otro lado, se da cuenta de que el menhir es un bien completamente inútil y que su demanda debe ser artificial, así que supone que dando a los romanos más y menhires al final acabarán sufriendo una indigestión… En realidad, aunque Astérix no conozca el término, está hinchando una burbuja especulativa del menhir. En realidad, Astérix está acelerando un proceso natural y cebando una burbuja que se hubiera producido de todas formas. Ya inmersos en un sistema en el que rigen las leyes del mercado, los distintos agentes económicos se orientarán hacia lo que dicte la demanda, y si  lo que se demanda son menhires, la mayoría de los trabajadores se convertirán en productores de menhires. En condiciones normales, una sobreabundancia de menhires llevaría a la caída de los precios, pero el único comprador del mercado absorbe toda la demanda y aumenta el precio que paga para estimular la avaricia de los galos, así que la burbuja no hace más que hincharse. En un principio, la maniobra de Astérix no parece perjudicar los planes de Cayo Coyuntural sino que, al contrario, acelera su éxito: todo el pueblo se dedica ya a la producción de menhires, el dinero se ha generalizado como medio de pago y quien no lo posee queda excluido del entramado social. Sin embargo, comienza a plantearse un problema que el centurión Nihablarus le plantea a Cayo Coyuntural: ¿qué demonios van a hacer los romanos con todo el stock de menhires que están acumulando?

III. RETORNO DE LA INVERSIÓN. ESTIMULACIÓN DE LA DEMANDA A TRAVÉS DEL MARKETING.
En efecto, César está escandalizado ante tal acumulación de menhires. Sin embargo, Cayo Coyuntural, que ni mucho menos ha perdido el control de la situación, tiene la solución: vender los menhires a un precio superior al pagado por ellos para recuperar la inversión y obtener un beneficio. Aquí es cuando el plan de Cayo Coyuntural se muestra en toda su enormidad: en realidad, ha convertido a los galos en trabajadores explotados por los romanos, ya que producen a destajo un bien con el que piensa enriquecerse. Ahora bien, dado que el menhir es un bien inservible, en absoluto demandado en Roma, Cayo Coyuntural pretende estimular la demanda de menhires entre el pueblo romano mediante una intensa campaña publicitaria. La crítica hacia el alto ejecutivo encarnado por Coyuntural es aquí más ácida que nunca, puesto que no le importa aprovecharse de quien sea para enriquecerse, ya sea galo o romano. A estas alturas de la historia, sólo Astérix y el druida Panoramix se salvan de la crítica del autor, que acentúa los defectos de todos los demás personajes: aldeanos que se dejan seducir por el afán de lucro, ciudadanos que se dejan manipular para comprar en masa productos inservibles por puro esnobismo, gobernantes torpes asesorados por consejeros sin escrúpulos…Evidentemente, la campaña publicitaria es un éxito y los menhires comienzan a venderse como rosquillas en Roma. Buscando nuevas fuentes de beneficio, Cayo Coyuntural planea formas dediversificar la oferta e idea todo tipo de productos basados en el menhir con el que aprovechar la fiebre romana por este bien. Con la campaña publicitaria anterior y con su actual estrategia de diversificación del producto, Coyuntural demuestra ser todo un genio del marketing. 

IV. GUERRA DE PRECIOS EN EL MERCADO DE MENHIRES Y EXPLOSIÓN DE LA BURBUJA.
Por primera vez en la historia aparece un factor inesperado para Cayo Coyuntural. Los empresarios romanos, viendo la fiebre desatada entre los consumidores, deciden fabricar sus propios menhires. De este modo, el mercado romano del menhir deja de ser un monopolio y surge la competencia. Esta competencia, además, es una competencia real, al contrario de lo que ocurrió en la aldea cuando todos los galos comenzaron a producir menhires. En aquel caso, el mercado estaba adulterado por la intervención de Coyuntural, que como único comprador creaba una demanda artificial y sostenía los precios. En este caso, fabricantes romanos y galos de menhires comienzan a competir en un mercado inmenso como es el romano, un mercado que no es tan fácil de manipular, como pronto quedará de manifiesto. Lógicamente, los fabricantes romanos venden los menhires a un precio más bajo para competir con el fabricante galo más experimentado. En un primer momento, Julio César prohíbe la venta de menhires romanos, pero los fabricantes de Roma reaccionan con una campaña de huelgas y manifestaciones que consiguen sensibilizar a la opinión pública. Además, la situación empeora con la irrupción de menhires de otros países. En este punto se desata una auténtica guerra de precios que acaba hundiendo el mercado. En efecto, enfrentado a una competencia real, Cayo Coyuntural se ve obligado a bajar el precio de los menhires. Finalmente, se produce un descenso brutal de los precios, de forma que los menhires no sólo dejan de generar beneficios sino que provocan pérdidas (más aún en el caso de César y Coyuntural, que los compran a un precio muy elevado a los galos). De este modo, la burbuja especulativa se ha pinchado y el mercado del menhir ha quedado arrasado. César ordena a Coyuntural que vaya inmediatamente a la Galia para frenar la compra de menhires a los galos, por lo que se desmonta por completo el sistema. Puede parecer sorprendente que a Cayo Coyuntural le pille desprevenido una reacción tan obvia como la de los fabricantes romanos que comienzan a fabricar menhires en respuesta a la demanda de los consumidores. Y sin embargo, no es una situación tan rara si nos paramos a pensarlo, ¿acaso los supuestos expertos en economía y finanzas no debían haber previsto lo que ocurrió con los mercados financieros y las hipotecas subprime? Una de las críticas más recurrentes a los economistas es que son pésimos a la hora de predecir lo que ocurrirá, justo lo que le pasa a Cayo Coyuntural. Lo que sí que debió prever al llegar a la Galia es que todo acabaría así: Para concluir la historia, nos enteramos por boca del druida Panoramix de que una gran crisis azota Roma y ha desembocado en la devaluación del sestercio. No se nos dan detalles de cómo se ha producido dicha devaluación (no es necesario para la historia), probablemente el Tesoro romano recurriera a la acuñación masiva de moneda para solventar sus problemas financieros, lo que desembocó en su pérdida de valor .Como veis  el genial guionista y creador del héroe galo, René Goscinny, lanza un torpedo contra la línea de flotación del sistema capitalista, disparando contra todo lo que se mueve a su alrededor: la voracidad de los mercados, las leyes de la oferta y la demanda, la soberbia de los economistas, la publicidad que manipula al consumidor, la deshumanización de una sociedad volcada en el dinero y el trabajo… Hasta tal punto es ácida y general la crítica que en este cómic se realiza que podríamos calificarla de auténtica obra antisistema. Y todo ello en una fecha muy señalada, justo entre las dos crisis del petróleo de los años setenta, cuando empezaba a derrumbarse el entramado keynesiano levantado tras la II Guerra Mundial para organizar la economía mundial y las finanzas internacionales.Y sin embargo, la obra también se presta a dobles lecturas. Así, mientras que sin duda se critica la deshumanización de los tiempos modernos frente a las virtudes de la vida sencilla en paz con la naturaleza, no es menos cierto que el auténtico fracaso de César y Coyuntural está en intentar subvertir las leyes del mercado, que acaba arrollándolos y devolviendo las cosas a su cauce, un mensaje que sería muy del gusto de los economistas liberales. Después de todo, las argucias de Cayo Coyuntural le explotan en la cara por manipular el precio y la demanda de un producto sin un auténtico valor añadido. Sea como sea, cada lector debe extraer sus propias conclusiones. René Goscinny murió al año siguiente de publicar esta historia, con lo que es imposible obtener cualquier interpretación suya al respecto. Sólo nos queda su obra, lo que no es poco. 
PD1: como advertí, he destripado por completo el guión del álbum. Aun así, su lectura sigue siendo obligada. Los chistes, los juegos de palabras, las situaciones cómicas se repiten página a página, haciendo de este tebeo una obra irrepetible… ¡No os lo perdáis, insensatos!
PD2: seguramente os hayáis dado cuenta de las posibilidades de este álbum como material docente. En efecto, se utiliza como material didáctico en muchos currículos de Economía de 1º de Bachillerato. En este enlace tenéis un ejemplo.Y recordad, si queréis revivir… ¡comprad un menhir! Artículo de Raúl Expósito. Recomendado: La Banca Contra España

9 oct. 2015

De la República de Venecia a Goldman Sachs

Desde el siglo XII hasta comienzos del siglo XIV, la Orden de los Templarios, presente en una gran parte de Europa, se convirtió en banquero de los poderosos. Contribuyó a financiar varias cruzadas. A comienzos del siglo XIV, se había convertido en la principal acreedora del rey de Francia Felipe el Hermoso. Frente al peso de una deuda que gravaba sus recursos, Felipe el Hermoso se libró de sus acreedores y, de la misma, de su deuda, demonizando la Orden de los Templarios, acusándola de múltiples crímenes |1|. La Orden fue prohibida, sus jefes ejecutados y sus bienes confiscados. La Orden de los Templarios carecía de un estado y de un territorio para hacer frente al rey de Francia. Su ejército (15.000 hombres, de ellos 1.500 caballeros), su patrimonio y sus créditos con los dirigentes no la protegieron de la potencia de un estado decidido a eliminar a su principal acreedor.
En la misma época (siglos XI-XIV), los banqueros venecianos financiaban también cruzadas y prestaban dinero a los poderosos de Europa, pero maniobraron mucho más hábilmente que la Orden de los Templarios. En Venecia, se apoderaron de la cabeza del estado dándole la forma de una república. Financiaron la transformación de Venecia, ciudad-estado, en un verdadero imperio que comprendía Chipre, Eubea (Negrepont) y Creta. Adoptaron una estrategia imparable para enriquecerse duraderamente y garantizar el reembolso de sus créditos: fueron ellos quienes decidieron endeudar al estado veneciano con los bancos que poseían. Los términos de los contratos de los préstamos fueron definidos por ellos puesto que eran a la vez propietarios de los bancos y dirigentes del estado.

Mientras Felipe el Hermoso tenía interés en librarse físicamente de sus acreedores para liberarse del peso de la deuda, el estado veneciano devolvía hasta la última moneda de la deuda a los banqueros. Éstos tuvieron por otra parte la idea de crear títulos de la deuda pública que podían circular de un banco a otro. Los mercados financieros comenzaban entonces a ponerse en pie |2|. Este tipo de préstamo es el precursor de la forma principal de endeudamiento de los estados tal como se conoce en el siglo XXI.

Siete siglos después del aplastamiento de la Orden de los Templarios por Felipe el Hermoso, hoy los banqueros de Europa, igual que sus predecesores venecianos o genoveses, no tienen manifiestamente que estar inquietos por los gobiernos actuales.

Los estados nacionales y el protoestado que es la Unión Europea de hoy son quizás más complejos y sofisticados que las repúblicas de Venecia (o de Génova) de los siglos XIII al XVI, pero son con igual crudeza los órganos de ejercicio del poder de la clase dominante, el 1% opuesto al 99%. Mario Draghi, antiguo responsable de Goldman Sachs en Europa, dirige el Banco Central Europeo. Los banqueros privados han colocado a sus representantes o a sus aliados en puestos clave en los gobiernos y las administraciones. Los miembros de la Comisión Europea están muy atentos a la defensa de los intereses de las finanzas privadas, y el trabajo de lobby que los bancos ejercen ante parlamentarios, reguladores y magistrados europeos es de una eficacia temible.

Que un puñado de grandes bancos capitalistas ocupe el primer plano estos últimos años, no debe ocultar el papel de las grandes empresas privadas de la industria y del comercio, que usan y abusan de su proximidad a las estructuras del estado de forma tan hábil como los banqueros. La interconexión y la imbricación inextricables entre los estados, los gobiernos, los bancos, las empresas industriales y comerciales, y los grandes grupos privados de comunicación constituyen, por otra parte, una de las características del capitalismo, tanto en su fase actual como en las precedentes.

Efectivamente, desde la victoria del capitalismo como modo de producción y como formación social dominante, el poder es ejercido por los representantes de los grandes grupos privados y sus aliados.

Desde un punto de vista histórico, la New Deal iniciada por el presidente F. Roosevelt en 1933 y los treinta años que siguieron a la II Guerra Mundial aparecen como un paréntesis durante el cual la clase dominante tuvo que hacer concesiones, ciertamente limitadas pero reales, a las clases populares. Los grandes patronos tuvieron que disimular un poco su dominio sobre el estado. Con el giro neoliberal emprendido a finales de los años 1970, abandonaron la discreción. Los años 80 ponen en un primer plano una clase dominante completamente desinhibida que asume y proclama con cinismo la carrera por la ganancia y la explotación generalizada de los pueblos y de la naturaleza. La fórmula, tristemente célebre, de Margaret Thatcher “There is no alternative” marca hasta hoy el paisaje político, económico y social, a través de los ataques violentos a los derechos y conquistas sociales. Mario Draghi, Angela Merkel, Silvio Berlusconi (gran patrón italiano), José Manuel Barroso, aparecen como figuras emblemáticas de la prosecución del proyecto thatcheriano. La complicidad activa de los gobiernos socialistas (de Schröeder a Hollande, pasando por Tony Blair, Gordon Brown, Papandreu, Zapatero, Socrates, Letta, Di Rupo, y muchos otros) muestra hasta qué punto se insertaron en la lógica del sistema capitalista, hasta qué punto forman parte del sistema igual que Barack Obama del otro lado del Atlántico. Como afirmaba el multimillonario americano Warren Buffet, “es una guerra de clases, y es mi clase la que va ganando”.

El sistema de la deuda pública tal como funciona en el capitalismo constituye un mecanismo permanente de transferencia de riquezas producidas por el pueblo hacia la clase capitalista. Este mecanismo se ha reforzado con la crisis comenzada en 2007-2008, pues las pérdidas y las deudas de los bancos privados han sido transformadas en deudas públicas. A una gran escala, los gobiernos han socializado las pérdidas de los bancos a fin de permitirles continuar haciendo beneficios que redistribuyen a sus propietarios capitalistas.

Los gobiernos están directamente conchabados con los grandes bancos y ponen a su servicio los poderes y las arcas públicas. Hay un va y viene permanente entre los grandes bancos y los gobernantes. El número de ministros de finanzas y de economía, o de primeros ministros, que provienen directamente de los grandes bancos o que van a ellos cuando abandonan el gobierno no deja de aumentar desde 2008.

El oficio de la banca es demasiado serio para ser dejado en manos del sector privado, es necesario socializar el sector bancario (lo que implica su expropiación) y colocarlo bajo control ciudadano (de los asalariados de los bancos, de los clientes, de las asociaciones y de los representantes de los actores públicos locales), pues debe estar sometido a las reglas de un servicio público |3| y las rentas que su actividad genera deben ser utilizadas para el bien común.

La deuda pública contratada para salvar a los bancos es definitivamente ilegítima y debe ser repudiada. Una auditoría debe determinar las demás deudas ilegítimas y/o ilegales y permitir una movilización tal que una alternativa anticapitalista pueda tomar forma.

La socialización de los bancos y la anulación/repudio de las deudas ilegítimas deben inscribirse en un programa más amplio |4|.

Como durante la república de Venecia, hoy en la Unión Europea y en la mayoría de los países más industrializados del planeta, el estado está en ósmosis con la gran banca privada y paga dócilmente la deuda pública. El no pago de la deuda ilegítima, la socialización de la banca así como otras medidas vitales serán el resultado de la irrupción del pueblo como actor de su propia historia. Se tratará de poner en pie un gobierno tan fiel a los oprimidos como los gobiernos de Merckel y Hollande lo son a las grandes empresas privadas. Tal gobierno del pueblo deberá hacer incursiones en la sacrosanta gran propiedad privada para desarrollar los bienes comunes a la vez que respeta los límites de la naturaleza. Ese gobierno deberá igualmente realizar una ruptura radical con el estado capitalista y erradicar todas las formas de opresión. Una auténtica revolución es necesaria.Eric Toussaint. Traducción de Alberto Nadal. VER: FMI & BANCO MUNDIAL.

Notas:
1| Ver David Graeber, En deuda. Una historia alternativa de la economía, Editorial Ariel, Barcelona, 2012, 714 pp ; Thomas Morel et François Ruffin, Vive la Banqueroute!, Paris, Fakir Editions, 2013.
2| Fernand BRAUDEL, Civilisation matérielle, économie et capitalisme. XVe-XVIIIe siècle. Paris, Armand Collin, 1979 ; David Graeber, En deuda. Una historia alternativa de la economía, Editorial Ariel, Barcelona, 2012, 714 pp
3| El sector bancario debería ser enteramente público con excepción de un sector cooperativo de pequeña talla con el que podría cohabitar y colaborar.
4| Ver Damien Millet y Eric Toussaint, Europa, ¿qué programa de urgencia frente a la crisis? http://cadtm.org/Europa-Que-programa-de-urgencia. Ver también Thomas Coutrot, Patrick Saurin y Eric Toussaint, Anular la deuda o gravar al capital: ¿Por qué elegir? http://cadtm.org/Anular-la-deuda-o-gravar-al . Finalmente, ver ¿Qué hacer con la deuda y el euro?, http://cadtm.org/Que-hacer-con-la-deuda-y-el-euro publicado el 30 de abril de 2013. Ver: Goldman Sachs

Éric Toussaint, doctor en ciencias políticas, es presidente del CADTM Bélgica (Comité por la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo, www.cadtm.org) y miembro del consejo científico de ATTAC. Autor, entre otros libros, de Una mirada al retrovisor: el neoliberalismo desde sus orígenes hasta la actualidad, Icaria 2010; La Deuda o la Vida (junto a Damien Millet) Icaria, Barcelona, 2011; La crisis global, El Viejo Topo, Barcelona, 2010;. La bolsa o la vida: las finanzas contra los pueblos, Gakoa, 2002.