4 sept 2015

La amenaza iraní (Parte II de II)

Ningún analista serio cree que Irán pueda alguna vez utilizar, o incluso amenazar con utilizar, un arma nuclear en caso de que la tuviera, y así enfrentarse a la destrucción instantánea. Sin embargo, sí que existe una preocupación real de que un arma nuclear pueda caer en manos de los yihadistas, y no gracias a Irán, sino a través de Pakistán, país aliado de los Estados Unidos. En la revista del Instituto Real de Asuntos Internacionales, dos destacados científicos nucleares paquistaníes, Pervez Hoodbhoy y Zia Mian, escribieron que el aumento del temor a que "los militantes incauten armas o materiales nucleares y desaten el terrorismo nuclear [ha originado]...la creación de una fuerza que cuenta con más de 20.000 soldados para proteger las instalaciones nucleares. No obstante, no existen razones para suponer que esta fuerza sea inmune a los problemas asociados con las unidades que custodiaban las instalaciones militares regulares", las cuales han sufrido con frecuencia ataques con la "ayuda de un infiltrado". En resumen, el problema es real, y solo ha sido desplazado a Irán gracias a las fantasías inventadas por otros motivos.
Irán rodeado de bases militares USA
Otra de las preocupaciones sobre la amenaza iraní es su papel como "principal apoyo mundial del terrorismo", que principalmente se refiere a su apoyo a Hezbolá y a Hamás. Estos dos movimientos surgieron de la resistencia a la violencia y a la agresión israelí respaldada por Estados Unidos, que supera infinitamente cualquier cosa atribuida a estos villanos, por no hablar de la práctica habitual de la potencia hegemónica, cuya campaña mundial de asesinatos mediante drones es el mejor ejemplo (y ayuda a fomentar) el terrorismo internacional.
Esos dos villanos, clientes de Irán también, comparten el delito de ganar el voto popular en las únicas elecciones libres del mundo árabe. Hezbolá es culpable de un delito aún más atroz: obligar a Israel a retirar su ocupación del sur de Líbano, que se llevó a cabo en violación de las órdenes del Consejo de Seguridad de la ONU que datan de décadas atrás y que implicaba un régimen ilegal de terror y a veces de extrema violencia. Da igual lo que pienses de Hezbolá, Hamás u otros beneficiarios del apoyo iraní, Irán apenas ocupa un lugar destacado en el apoyo al terrorismo mundial.

Impulsando la inestabilidad

Otra preocupación, expresada en la ONU por la embajadora de Estados Unidos Samantha Power es la "inestabilidad que Irán alimenta más allá de su programa nuclear". Declaró que los EE.UU. seguirán examinando este mal comportamiento. De esta manera, se hacía eco de la declaración que el secretario de Defensa Ashton Carter hizo cuando estuvo en la frontera norte de Israel, en la cual afirmaba que "los EEUU van a seguir ayudando a Israel a contrarrestar la influencia maligna que Irán ejerce" al apoyar a Hezbolá, y que se reservan el derecho a utilizar la fuerza militar contra Irán cuando lo consideren apropiado.
La forma en la que Irán "impulsa la inestabilidad" puede ser considerada especialmente dramática en Irak donde, entre otros delitos, Irán acudió en auxilio de los kurdos que se defendían de la invasión de los militantes del Estado Islámico, o construyó una planta eléctrica de 2.500 millones de dólares en la ciudad portuaria sureña de Basora para intentar que sus habitantes tuvieran el mismo nivel de energía eléctrica que antes de la invasión, en 2003. Sin embargo, lo que no comenta la embajadora Power es que gracias a aquella invasión, cientos de miles de personas murieron y se generaron millones de refugiados, se cometieron actos de tortura bárbaros (los iraquíes compararon la destrucción con la invasión de Mongolia del siglo XIII) abandonando Irak, el país más infeliz del mundo según las encuestas de WIN/Gallup. Mientras tanto, el conflicto sectario se encendió, dividiendo la región en pedazos y sentando las bases para la creación de la monstruosidad que es el EI. Y a todo esto le llaman "estabilización".
Pero a pesar de todo, son solo las acciones vergonzosas de Irán las "impulsan la inestabilidad". Este discurso en ocasiones llega a alcanzar niveles casi surrealistas, como cuando el comentarista liberal James Chance, ex editor de Foreign Affairs, explicó que los Estados Unidos trataban de "desestabilizar a un Gobierno marxista libremente elegido en Chile porque estaban decididos a buscar la estabilidad" bajo la dictadura de Pinochet.
Otros están indignados porque creen que Washington ni siquiera debería negociar con un régimen tan "despreciable" como Irán, con su horrible historial de derechos humanos, y en su lugar nos instan a perseguir "una alianza entre Israel y los Estados sunitas patrocinada por Estados Unidos". Eso escribe Leon Wieseltier, editor colaborador de la venerable revista liberal The Atlantic, que a duras penas puede ocultar su odio visceral hacia todas las cosas iraníes. Con semblante serio, este respetado intelectual liberal recomienda que Arabia Saudí, la cual hace que Irán parezca un paraíso, e Israel, con sus atroces delitos en Gaza y en otros lugares, deberían aliarse para enseñar a ese país lo que es el buen comportamiento. Quizá la recomendación no sea del todo descabellada si tenemos en cuenta el historial de derechos humanos de los regímenes que Estados Unidos ha impuesto y apoyado en todo el mundo.
Si bien el Gobierno iraní es sin duda una amenaza para su propio pueblo, lamentablemente no hay registros en este aspecto, al menos no descendiendo al nivel de los aliados preferidos de E.UU. Eso, no obstante, parece no preocupar a Washington, ni por supuesto, a Tel Aviv o Riad.
También podría ser útil recordar, seguro que los iraníes lo hacen, que desde 1953 no pasa un día sin que los EEUU hagan daño a los iraníes. Después de todo, en cuanto ellos derrocaron al odiado régimen de sha, impuesto por los Estados Unidos, en 1979 Washington declaró su apoyo al líder iraquí Saddam Hussein, que en 1980 lanzó un mortífero ataque en su país. El presidente Reagan fue tan lejos en ese apoyo que llegó a negar el principal delito de Saddam, su ataque de guerra química a la población kurda de Irak, de la que en su lugar culpó a Irán. Cuando Saddam fue juzgado por crímenes bajo los auspicios de Estados Unidos, ese crimen, y otros en los que los EEUU también eran cómplices, fue excluido de los cargos, que fueron restringidos a uno de sus delitos menores, el asesinato de 148 chiitas en 1982, que en realidad era una nota de pie de página de su macabro historial.
Saddam era un amigo de Washington tan valioso que incluso le concedieron un privilegio que antes solo había sido concedido a Israel. En 1987 se le permitió a sus fuerzas atacar con total impunidad a un buque de la marina estadounidense, el USS Stark, matando a 37 tripulantes. (Israel había actuado de manera similar en su ataque de 1967 sobre el USS Liberty). Irán prácticamente reconoció su derrota poco después, cuando los EEUU lanzaron la Operación Mantis Religiosa contra los buques iraníes y las plataformas petroleras en aguas territoriales iraníes. Esa operación culminó cuando el USS Vincennes, sin ninguna amenaza creíble, derribó un avión civil en el espacio aéreo iraní, que provocó la muerte de 290 personas, y la posterior concesión de la distinción Legión del Mérito al comandante del Vincennes por su "conducta excepcionalmente meritoria" y por mantener un "ambiente tranquilo y profesional" durante el periodo en el que el ataque contra el avión tuvo lugar. En referencia a este acontecimiento, el filósofo Thill Raghu, afirma que "¡solo podemos maravillarnos de semejante muestra de excepcionalismo americano!".
Después de que la guerra terminara, los EEUU continuaron apoyando a Saddam Hussein, el principal enemigo de Irán. El presidente George H. W. Bush incluso invitó a ingenieros nucleares iraquíes a los EEUU para recibir una formación avanzada en la producción de armas, una amenaza extremadamente grave para Irán. Las sanciones contra ese país se intensificaron, incluso contra las empresas extranjeras que tenían relaciones comerciales con ellos, y se iniciaron acciones para bloquear sus actividades en el sistema financiero internacional.
En los últimos años, la hostilidad se ha extendido hasta el sabotaje, el asesinato de científicos nucleares (presumiblemente por Israel), y la ciberguerra proclamada abiertamente con orgullo. El Pentágono considera la ciberguerra un acto de guerra, lo que justifica una respuesta militar, al igual que la OTAN, que en septiembre de 2014 afirmó que los ataques cibernéticos pueden desencadenar las obligaciones de defensa colectiva de las potencias de la OTAN, cuando somos el blanco y no los autores.

"El principal estado paria"

Es justo añadir que ha habido interrupciones de este patrón. El presidente George W. Bush, por ejemplo, ofreció varios regalos significativos a Irán, destruyendo a sus principales enemigos, Saddam Hussein y los talibanes. Él incluso puso a los enemigos iraquíes de Irán bajo su influencia después de la derrota de Estados Unidos, que fue tan grave que Washington tuvo que abandonar sus objetivos declarados oficialmente de establecer bases militares permanentes (" campos permanentes") y asegurar que las empresas estadounidenses tuvieran acceso privilegiado a los inmensos recursos de petróleo de Irak.
¿Tienen los líderes iraníes la intención de desarrollar armas nucleares hoy en día? Podemos decidir por nosotros mismos cómo de creíbles son sus negaciones, pero no cabe duda de que tenían tales intenciones en el pasado. A fin de cuentas, la máxima autoridad afirmó públicamente y comunicó a los periodistas extranjeros que Irán desarrollaría armas nucleares "definitivamente, y antes de lo que se pensaba". El padre del programa de energía nuclear de Irán y ex director de la Organización de Energía Atómica de Irán estaba seguro de que el plan de la directiva era "construir una bomba nuclear". La CIA también informó de que no tenía "ninguna duda" de que Irán desarrollaría armas nucleares si sus países vecinos lo hacían (como lo han hecho).
Todo esto, por supuesto, durante el Gobierno del sha, la "máxima autoridad" que acabamos de citar y en una época en la que los altos funcionarios estadounidenses (Dick Cheney, Donald Rumsfeld y Henry Kissinger, entre otros) le instaban a seguir con sus programas nucleares y presionaban a las universidades para que se adaptaran a estos esfuerzos. Bajo tales presiones, mi propia universidad, el MIT, llegó a un acuerdo con el Sha para admitir estudiantes iraníes en el programa de ingeniería nuclear a cambio de las becas que él ofrecía, con fuertes objeciones de los estudiantes pero con un comparable apoyo docente (en una reunión que sin ninguna duda recordaran bien los profesores más antiguos). Cuando más tarde le preguntaron a Kissinger por qué apoyaba esos programas del Sha pero se opuso a ellos más recientemente, él respondió honestamente que entonces Irán era un aliado.
Dejando de lado los absurdos, ¿cuál es la verdadera amenaza de Irán que inspira tanto miedo y furia? Un lugar natural al que acudir en busca de una respuesta es el servicio de inteligencia estadounidense. Recordemos su análisis que dice que Irán no representa ninguna amenaza militar, que sus doctrinas estratégicas son defensivas, y que sus programas nucleares (por lo que se puede determinar, no tienen como objeto de desarrollar bombas) son "una parte central de su estrategia de disuasión".
¿Quién, entonces, estaría preocupado por una disuasión iraní? La respuesta es simple: los Estados parias que arrasan en la región y no quieren tolerar ningún impedimento para su adicción de la agresión y la violencia. En este sentido, los Estados Unidos están a la cabeza, con Israel y Arabia Saudí haciendo todo lo posible para unirse al club con su invasión a Baréin (para apoyar la destrucción del movimiento de reforma que está cobrando importancia allí) y ahora su ataque homicida en Yemen, acelerando una creciente catástrofe humanitaria en ese país.
Para los Estados Unidos, la caracterización es familiar. Hace quince años, el destacado analista político Samuel Huntington, profesor de Ciencias de Gobierno en Harvard, advirtió en la revista Foreign Affairs que para la mayor parte del mundo los Estados Unidos se "estaban convirtiendo en la superpotencia paria...la mayor amenaza externa para sus sociedades". Poco después, sus palabras fueron repetidas por Robert Jervis, presidente de la Asociación Americana de Ciencias Políticas: "A los ojos de gran parte del mundo, el principal Estado paria es Estados Unidos". Como ya hemos visto, la opinión mundial apoya esta visión por un margen considerable.
Por otra parte, los estadounidenses están orgullosos de su actuación. Eso es lo que muestra la insistencia de la clase política de los EEUU, que se reserva el derecho a recurrir a la fuerza si determina unilateralmente que Irán está violando algún compromiso. Esta política es de hace ya un tiempo, especialmente para los demócratas liberales, y no se limita a Irán. La doctrina Clinton, por ejemplo, confirmó que los Estados Unidos tenían derecho a recurrir al "uso unilateral del poder militar" incluso para garantizar "el acceso sin restricciones a los mercados clave, fuentes de energía, y recursos estratégicos", por no hablar de la supuesta "seguridad" o por "cuestiones humanitarias". La adhesión a diversas versiones de esta doctrina ha sido confirmada en la práctica, como demuestra la realidad.
Estos son algunos de los asuntos críticos que deberían ser el foco de atención en el análisis del acuerdo nuclear de Viena, tanto si sigue vigente o si es saboteado por el Congreso, como puede que ocurra. Texto: Noam Chomsky. Ver: Parte I

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