31 jul. 2015

Goldman Sachs y Grecia

El banco de inversión Goldman Sachs ganó millones de dólares por ayudar a ocultar la verdadera magnitud de la deuda exterior griega-que elevó a casi el doble de su tamaño-. Del mismo modo, ciudades y Estados de los EE.UU. se vieron obligados a recortar los servicios esenciales, ya que estuvieron vinculados a operaciones similares. 
La crisis de la deuda griega pone de relieve una vez más el poder de persuasión y la depredación de Wall Street, una realidad que permanece invisible en la mayoría de los informes sobre la crisis en todo el mundo.
La crisis se agravó hace años por una operación de Goldman Sachs, ideada por el actual director ejecutivo del banco, Lloyd Blankfein. Junto con su equipo, Blankfein ayudó a Grecia ocultar el verdadero tamaño de su deuda y en el proceso se convirtió prácticamente en el doble de tamaño. Así como ocurrió con la crisis subprime y los préstamos abusivos, en Estados Unidos, que llevó a la crítica situación actual de muchas ciudades de Estados Unidos,  Wall Street tuvo un papel importante en la crisis griega, aunque poco reconocido.
En 2001 Grecia buscó la manera de enmascarar sus problemas financieros crecientes. El Tratado de Maastricht exigía que todos los miembros de la zona euro mostraran mejoras en las cuentas públicas, pero Grecia iba en la dirección opuesta. Así que Goldman Sachs llegó a su rescate, ofreciendo un préstamo secreto de 2,8 millones de euros, disfrazado como un swap de divisas -una operación complicada en la que la deuda de Grecia en moneda extranjera se convirtió en bonos de moneda local, utilizando un tipo de cambio ficticio-. 

Como resultado, alrededor del 2% de la deuda de Grecia mágicamente desapareció de sus cuentas nacionales. Christoforos Sardelis, entonces jefe de la Agencia de Gestión de la Deuda Pública de Grecia, más tarde describió el acuerdo sobre el negocio en Bloomberg como “una historia muy atractiva entre dos pecadores”. Para los servicios, Goldman recibió la suma colosal de 600 millones de euros (793 millones de dólares), de acuerdo con Spyros Papanicolaou, quien reemplazó a Sardelis en 2005. Esto representó casi el 12% de los ingresos de la unidad gigantesca de comercio y del principal de Inversión de Goldman en 2001. que, por cierto, rompió récord de ventas ese año.
Así, el acuerdo se agrió. Después de los ataques del 11 de septiembre, los rendimientos de los bonos cayeron, lo que resultó en una gran pérdida para Grecia debido a la fórmula utilizada por Goldman para calcular el pago de la deuda del país para el canje. En 2005 Grecia tenía de deuda casi el doble de la que incluía el acuerdo, por lo que el monto de la deuda no declarada pasó de 2.8 mil millones a 5.1 mil millones de euros. En 2005, se reestructuró el acuerdo y la deuda fija quedó en 5,1 millones. Tal vez no por casualidad, Mario Draghi, ahora presidente del Banco Central Europeo y un actor clave en el actual drama griego, era entonces el director de la división internacional de Goldman.
Grecia no fue el único pecado. En 2008, las normas contables de la Unión Europea permitían a los miembros girar sus deudas a través de las denominadas tasas de no mercado de intercambio de divisas, estimulados por Goldman y otros bancos de Wall Street. A finales de 1990, JPMorgan permitió  a Italia ocultar su moneda de intercambio de deuda a un tipo de cambio favorable, lo que socavó a Italia para hacer los pagos futuros que no aparecían en las cuentas nacionales como obligaciones futuras.
Pero fue Grecia la que quedó en peor situación, y Goldman fue el mayor facilitador. Sin lugar a dudas el país sufre por tantos años de corrupción y de evasión fiscal de sus élites. Pero Goldman no era un espectador inocente: incrementó su beneficio por el comercio mayorista  con Grecia, al igual que gran parte del mercado mundial. Otros bancos de Wall Street siguieron su ejemplo. Cuando la burbuja estalló,  la especulación dejó a la economía mundial al borde del desastre.
Incluso con la economía mundial recuperándose de los excesos de Wall Street, Goldman ofreció a Grecia otro dispositivo. A principios de noviembre de 2009, tres meses antes de la crisis de deuda del país, un equipo de Goldman propone un instrumento financiero que prolongaría la deuda del sistema de salud en Grecia durante muchos años. Esta vez, sin embargo, Grecia no aceptó.
Como sabemos, Wall Street fue rescatado por los contribuyentes estadounidenses. En los años siguientes, los bancos volvieron a ser rentables y pagaron sus préstamos de rescate. Las acciones bancarias se dispararon. En noviembre de 2008 una acción de Goldman se valía  $ 53; hoy en día el valor es de más de $ 200. Los ejecutivos de Goldman y otros bancos de Wall Street habían recibido enormes bonificaciones. Sólo el año pasado, Blankfein, ahora director ejecutivo de Goldman, ganó US $ 24 mil millones. Mientras tanto, el pueblo de Grecia lucha por comprar medicinas y alimentos. Hay situaciones similares en los EE.UU. a partir de los préstamos abusivos realizados por Goldman, otros grandes bancos y empresas financieras que eran aliados en los años previos al estallido de la burbuja. Hoy en día, mientras que los banqueros disfrutan de sus vacaciones en los Hamptons, millones de estadounidenses siguen sufriendo las consecuencias de la crisis financiera, habiendo perdido sus empleos, ahorros e incluso sus hogares.
Del mismo modo las ciudades y los estados se han visto obligados a recortar los servicios esenciales porque están atrapados en operaciones similares, negociadas por los mismos bancos de Wall Street. Muchas de estas operaciones implican swaps como los realizados entre Goldman y el gobierno griego. Del mismo modo que lo hicieron con el gobierno griego, Goldman y otros bancos aseguraron a los municipios que la mejor tasa de tipo de cambio sería obtener préstamos más baratos que negociar con cuotas fijas tradicionales -mientras que por otro lado, minimizaban los riesgos empresariales-. Cuando las tasas de interés swaps se derrumbaron y terminó costando mucho más, Goldman y otros bancos se negaron a negociar con los municipios, que tuvieron que pagar fuertes multas para poder liquidar los contratos.
Hace tres años, el Departamento de Agua de Detroit tuvo que pagar a Goldman y otros bancos multas por un total de 547 millones de dólares para poner fin a los swaps de tasas de interés desfavorable. Hoy en día, el 40% de las facturas de agua de Detroit todavía se destinan al pago de la multa. Residentes de Detroit cuya agua fue cortada porque no podían pagar no tienen idea de que los responsables de la situación son los Goldman y otros grandes bancos. Del mismo modo el sistema educativo en Chicago -cuyo presupuesto ya ha sido recortado hasta los huesos- debe pagar más de $ 200 millones en multas por el cierre de operaciones de Wall Street que obligó a las escuelas de Chicago a pagar 36 millones de dólares swaps de tipos de interés al año.
Una operación que implicaba swaps de tasas de interés que Goldman había negociado con Oakland, California, hace más de diez años terminó costando a la ciudad alrededor de $ 4 millones al año, pero el banco se negó a dar por terminado el acuerdo si Oakland no pagaba $16 millones  -lo que condujo a los legisladores locales a aprobar una resolución para boicotear a Goldman-. Cuando en una reunión de accionistas  a Blankfein se le preguntó sobre el caso explicó que romper un contrato válido iba en contra de los intereses de los accionistas.
Goldman Sachs y otros bancos gigantes de Wall Street están extremadamente calificados para vender  operaciones complejas, exagerando sus beneficios y minimizando los costos y riesgos. Eso es lo grande las mordidas de las tasas. Cuando un cliente tiene problemas -este cliente es un inversor americano, una ciudad de Estados Unidos o Grecia – Goldman esquiva y se esconde detrás de las formalidades legales y los intereses de los accionistas.
Los prestatarios que tienen problemas rara vez quedan sin culpa, por supuesto: por el gasto excesivo en el que fueron ingenuos o estúpidos como para ser embarcados en la  canoa de Goldman. Grecia había puesto en marcha sus propios problemas, los que ya tenían muchos propietarios y municipios estadounidenses.
Pero en todos los casos, Goldman Sachs sabía muy bien lo que estaba haciendo.  Sabían de los riesgos y los costos de las operaciones propuestas que  ellos hicieron aceptar seductoramente como reales. “Es una cuestión de moralidad”, dijo el socio en la reunión de Goldman en la que se discutió la situación de Oakland. Ver: G. S. & friends

28 jul. 2015

Minsky o el secreto de las crisis financieras

El economista estadounidense Hyman Minsky, quien falleció en 1996, creció durante los años de la Gran Depresión, un evento que moldeó su forma de pensar y lo impulsó a indagar sobre sus causas, y reflexionar sobre cómo se podría evitar que se repitiera. La vida de Minsky transcurrió a los márgenes de la economía, pero sus ideas ganaron popularidad repentinamente con la crisis financiera de 2007/8. Para muchos, su obra ofrecía una de las explicaciones más plausibles de por qué había ocurrido. La demanda de sus libros, agotados desde hace años, se disparó de golpe. Copias de sus textos cambiaron de manos por cientos de dólares, un valor bastante aceptable para libros interminables con títulos como "Estabilizando una economía inestable". Importantes personajes de la banca, entre los que figuran Janet Yellen, presidenta de la Reserva Federal de Estados Unidos y Mervyn King, exjefe del Banco de Inglaterra, lo citan a menudo. Y el premio Nobel de Economía Paul Krugman bautizó una charla de alto perfil sobre la crisis financiera como "La noche que releyeron a Minsky". ¿Qué tienen sus ideas que volvieron a capturar la imaginación de los economistas actuales? A continuación, les presentamos cinco de sus ideas.

La estabilidad es desestabilizante

La principal idea de Minsky es tan simple que para explicarla hacen falta sólo cuatro palabras: la estabilidad es desestabilizante. La mayoría de los macroeconomistas trabajan con lo que llaman "modelos de equilibrio". La idea es que una economía de mercado moderna es, fundamentalmente, estable. Eso no quiere decir que nada nunca cambie, sino que crece de forma estable. Para que se produzca una crisis económica o un boom repentino tiene que ocurrir una suerte de shock externo, ya sea un aumento en los precios del petróleo, una guerra o la invención de internet. Minsky no estaba de acuerdo con este postulado. Él creía que el sistema mismo puede provocar sacudones por su propia dinámica interna. Él pensaba que, durante períodos de estabilidad económica, los bancos, las firmas y otros agentes económicos se volvían complacientes. Estos asumen que los buenos tiempos están allí para quedarse y comienzan a asumir mayores riesgos para aumentar sus beneficios. Por esta razón, las semillas de la próxima crisis se plantan en las épocas de bonanza.

Tres etapas de la deuda

Minsky tiene una teoría -"la hipótesis de la inestabilidad financiera"- que sostiene que los préstamos atraviesan tres etapas diferentes. Las llamó cobertura, especulativa, y Ponzi, en referencia al estafador italiano Carlo PonziEn la primera etapa, poco después de una crisis, los bancos y los prestatarios son cautelosos. Los préstamos son por montos modestos y el prestatario puede devolver el préstamo inicial y los intereses. Con el aumento de la confianza, los bancos comienzan a ofrecer préstamos de los que el solicitante sólo puede pagar los intereses. Por lo general, el prestatario ofrece un bien como garantía cuyo valor está en ascenso. Finalmente, cuando la crisis anterior es ya un recuerdo del pasado, llegamos al estadio final. En este punto, los bancos hacen préstamos a firmas o personas que no pueden pagar ni el dinero inicial ni los intereses. Todo esto se hace con la creencia que los precios de los bienes aumentarán. La forma más fácil de entender esta situación es compararla con una hipoteca típica. Una operación de cobertura es equivalente a una hipoteca común, en la que uno paga intereses y capital, una operación especulativa es como una hipoteca en la que uno sólo paga los intereses y una operación Ponzi es algo aún más allá. Es como pedir una hipoteca, no hacer ningún pago por varios años y cruzar los dedos para que el valor de la casa suba lo suficiente como para que su venta cubra los pagos del préstamo inicial y los pagos que no se hicieron. Este modelo es una descripción bastante acertada de la clase de préstamos que condujo a la crisis financiera.

Momentos Minsky

El "momento Minsky" es un término acuñado por economistas que describe el momento en el que el castillo de naipes se desploma. Las operaciones Ponzi se basan en el aumento del valor de los bienes y cuando este empieza eventualmente a caer, los prestatarios y los bancos se dan cuenta de que hay deudas en el sistema que nunca podrán recuperarse. La gente se apresura a vender bienes lo cual provoca una caída aún mayor en los precios. Es como cuando el personaje de una caricatura se cae por un precipicio. Sigue corriendo por un rato creyendo que están sobre una superficie sólida. Pero, de repente, se da cuenta de que algo pasa -el momento Minsky-, mira hacia abajo y no ve más que vacío. De inmediato se desploma hacia el suelo. Esa fue la crisis de 2008.

Temas financieros

Hasta hace relativamente poco, la mayoría de los macroeconomistas no estaban muy interesados en los detalles más sutiles de los sistemas bancarios y financieros. Los veían como un intermediario que transfería el dinero de los que ahorraban a los que pedían prestado. Algo así como la mayoría de la gente que no está interesada en los detalles de los caños y demás estructuras mientras les funcione la ducha. Mientras haya agua caliente y el agua no falte, no hay necesidad de entender la minucia de su funcionamiento. Para Minsky, los bancos no eran simplemente caños sino más bien algo así como un motor. Es decir, no solo intermediarios para mover el dinero a través de un sistema sino instituciones interesadas en generar ganancias con un incentivo para prestar. Esta es la parte del mecanismo que hace que las economías sean inestables.

Mejor las palabras que las matemáticas y los modelos

Desde la II Guerra Mundial, la teoría económica se ha vuelto más matemática, basándose en modelos formales que explican cómo funciona. Para hacer un modelo hace falta hacer ciertas presuposiciones complejas, y los críticos argumentan que a medida que los modelos y las matemáticas se hacen más complejos, las conjeturas sobre las que se sustentan, se divorcian cada vez más de la realidad. Los modelos terminan volviéndose un fin en sí mismos.
Si bien se formó en matemáticas, Minsky prefería lo que los economistas llaman una aproximación narrativa. Se inclinaba por expresar sus ideas con palabras. Muchos de los grandes, desde Adam Smith a John Maynard Keynes o Friedrich Hayek, trabajaban así. Mientras que las matemáticas son más precisas, las palabras le permiten a uno expresar ideas complejas que son difíciles de modelar. Nos referimos a ideas como la incertidumbre, la irracionalidad y la exuberancia. Los seguidores de Minsky dicen que esto contribuyó a crear una visión de la economía mucho más realista que otras teorías económicas. Texto: Duncan Weldon. Ver: La crisis...

26 jul. 2015

Fraudes

¿De dónde procede la expresión “fraude inocente”? Fue introducida por el economista John Kenneth Galbraith (“La economía del fraude inocente”) para referirse a determinadas premisas incorrectas en materia económica, que políticos, economistas de la ortodoxia y medios de comunicación raramente ponen en cuestión. Banquero, inversor, hombre de negocios y uno de los principales defensores de la Teoría Monetaria Moderna, Warren Mosler señaló en 2010 algunos de estos “errores letales” en el libro “Los siete fraudes inocentes capitales de la política económica”, publicado en 2014 por ATTAC.
En un tono sencillo, directo y asequible para el gran público, Mosler explica que el dinero moderno es un mero apunte contable en una hoja de cálculo, un recurso financiero que se crea de la nada y que los estados –siempre que dispongan de soberanía monetaria- pueden crear en el volumen que consideren. En consecuencia, según esta tesis, un gobierno nunca se quedará sin dinero y siempre tendrá capacidad para pagar sus deudas. Lo realmente decisivo son los recursos reales y la capacidad productiva (hoy en general muy infrautilizada).
Los siete fraudes constituyen “falsificaciones de dimensiones históricas que juegan un papel fundamental a favor de las clases dominantes”, subraya el economista Alejandro Nadal en el prólogo del libro. Una de las falsificaciones más importantes, añade Nadal, consiste en que las fuerzas competitivas en el mercado libre llevan al equilibrio de los precios. “Es parte del esfuerzo por destruir el pensamiento macroeconómico y reducirlo todo a la microeconomía”. Dicho de otro modo, se trata de situar en el frontispicio de la teoría económica la idea de Thatcher: “La sociedad no existe, sólo hay individuos”.
El enunciado de los siete “fraudes inocentes” se deriva de la experiencia profesional de Mosler en Wall Street y el mundo financiero. El primer “fraude” expresa que un gobierno necesite endeudarse o recaudar más impuestos para contar con capacidad de gasto. La economía ortodoxa dice que esto es así, como en cualquier familia. El autor niega esta tesis: “no hay un límite numérico a la cantidad de dinero que el gobierno puede gastar cada vez que quiera; el gobierno nunca será insolvente y jamás quebrará”. Sin embargo, reconoce que un gasto excesivo puede provocar un aumento de los precios. En este punto reside la importancia de la fiscalidad para Warren Mosler: regular la economía, equilibrarla y evitar tanto un sobrecalentamiento (elevada demanda e inflación), como una atonía en el sistema económico.
La segunda “falacia” consiste en afirmar que los déficits públicos representan una carga onerosa (en términos de endeudamiento) para las generaciones venideras. El autor de “Los siete fraudes” afirma, por el contrario, que el tamaño del déficit “no supone ningún problema para las finanzas”. En coherencia con su interpretación de la teoría monetaria, el gasto del gobierno no es más que un número en una cuenta de la Reserva Federal. Así pues, en el futuro, “nuestros hijos podrán ir a trabajar, producir y consumir los bienes y servicios que generen, sin importar cuántos bonos del tesoro están pendientes de pago”, destaca.
Economistas, políticos y medios de comunicación defienden que los déficits presupuestarios reducen los ahorros de la población. “Este tercer fraude capital está muy vivo en las más altas esferas”, afirma el autor del libro, quien sostiene precisamente lo contrario, que el déficit fiscal incrementa el ahorro. Así lo explica: cuando el estado gasta 100 millones de dólares procedentes de la venta de bonos del Tesoro, los ahorros de los receptores de ese gasto ven incrementar sus cuentas en la misma cantidad. Y al contrario, el superávit presupuestario no puede convivir, a juicio de Mosler, con un aumento del ahorro privado. ¿Cuál es entonces el sentido del déficit público? Garantizar la producción y el empleo cuando el poder adquisitivo no sea suficiente. “Lo que importa en la vida real es la producción y el empleo; el tamaño del déficit es una estadística de contabilidad”, insiste el autor.
“La seguridad social está en quiebra” (el expresidente Bush realizó cuatro veces esta afirmación en un solo día). El argumento de este cuarto “fraude” se ha escuchado en el estado español hasta el hartazgo: dentro de tres décadas las personas jubiladas superarán en mucho a la de trabajadores, lo que vaciará las arcas de la seguridad social. El pensamiento oficial concluye de este pronóstico que deben recortarse los gastos o aumentar los impuestos. Pero “si realmente quieren que los ancianos tengan más ingresos –contesta Mosler-, es una simple cuestión de incrementar las prestaciones”. La verdadera pregunta tendría que apuntar a los “problemas reales” y (de nuevo) a la economía productiva: comida, vivienda, ropa, electricidad, gasolina, servicios médicos que se les asignarán a las personas mayores.
“El desequilibrio del déficit comercial es insostenible, destruye puestos de trabajo y reduce la producción”. Es el quinto “error letal”. Afirma Warren Mosler que la producción e importaciones de un país es su verdadera riqueza. Más aun, defiende que el déficit comercial aumenta el nivel de vida real de la población. Ante afirmaciones como que Estados Unidos “está perdiendo puestos de trabajo a causa de China” o “Al igual que un marinero borracho, Estados Unidos está endeudándose en el extranjero para financiar sus hábitos de gasto”, el autor responde que es el capital extranjero el que depende del crédito interno a ciudadanos estadounidenses. Finalmente la compañía exportadora tiene un depósito en dólares en un banco, lo que también es ahorro. “¿Dónde está el capital extranjero? ¡No hay ninguno!”. Además, queda siempre la opción de apoyar la producción interna y el empleo mediante instrumentos de política fiscal.
El sexto “fraude” es de capital importancia porque conduce directamente a la actual crisis financiera. “Necesitamos ahorro para disponer de fondos para realizar inversiones”, expresa la falacia. Lo que realmente ocurre es una desviación de recursos de la economía real al sector financiero, con lo que la inversión real se desvincula del bien público. Pese a lo que afirma el discurso oficial, “del mismo modo que los préstamos crean depósitos en el sistema bancario, es la inversión la que genera ahorros”. El razonamiento es sencillo: si un ciudadano gasta menos de lo que ingresa –es decir, ahorra-, otro debe gastar lo que el primero no gastó, más sus propios ingresos; de lo contrario no se venderá la producción, se generarán stocks, caerán las ventas y el empleo.
El último “fraude inocente” considera negativo algo que, según Warren Mosler, tiene efectos benéficos para la economía. “Lo malo de los elevados déficit actuales es que significan mayores impuestos el día de mañana”. El sentido de los impuestos, reitera el autor en diferentes pasajes del libro, no es aumentar la recaudación sino rebajar el poder adquisitivo ante los riesgos inflacionarios. Tiene sentido esta medida, además, si la tasa de desempleo es muy baja. “Nos los subirán (los impuestos) en el momento en que los estantes se estén vaciando, debido a que nuestro exceso de poder adquisitivo está causando una inflación no deseada”, resume Mosler.
En el prefacio James K. Galbraith pondera la sencillez expositiva del autor y su “lucidez transparente”. Según Galbraith, “muchos economistas valoran la complejidad por sí misma; un vistazo a cualquier revista moderna de economía lo confirma; ¡Un argumento verdaderamente incomprensible puede conferir un gran prestigio!”. La segunda parte del libro (“La era de los descubrimientos”) consiste en un recorrido por la peripecia vital del autor, desde los orígenes en una familia pequeñoburguesa de Manchester, hasta su incursión en el campo financiero. El texto concluye con una tercera parte de 16 páginas (“interés público”), donde el autor defiende medidas como una suspensión de impuestos sobre las nóminas, un Servicio de empleo nacional, la cobertura sanitaria universal o medidas de alquiler social ante las ejecuciones hipotecarias. Texto: E. Llopis. Ver: Neoliberalismo y desigualdad.

13 jul. 2015

El TTIP

¿Qué es el TTIP?
El TTIP es el Acuerdo o Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión. Un tratado de libre comercio, en definitiva, que no se conoce por sus siglas en español (ATCI) sino por el acrónimo inglés TTIP. La prensa francesa a veces también lo llama TAFTA. Pero el término TTIP se ha impuesto con contundencia. 

¿Quién lo negocia?
Del lado europeo la Comisión Europea en exclusiva, a través del equipo negociador de la comisaria de Comercio Internacional, la liberal sueca Cecilia Malmström. Del lado estadounidense, la Oficina del Representante de Comercio de los Estados Unidos, una suerte de Ministerio de Comercio.
¿Desde cuándo se negocia?
En 1990, con la caída del Muro de Berlín todavía reciente, Estados Unidos y la entonces CEE firmaron la Primera Resolución Trasatlántica. El capítulo del comercio internacional entre las dos regiones occidentales se aparcó silenciosamente pero nunca se abandonó (como atestigua la Nueva Agenda Transatlántica, a mediados de los noventa). Desde 2006 el Parlamento Europeo insta a la Comisión a través de diversas resoluciones a negociar un mercado transatlántico. En julio de 2013 empezó en el más absoluto de los silencios la primera ronda negociadora. Hoy ya van nueve. 
¿Cómo se negocia?
Con mucho secretismo, aunque cada vez menos fruto de la presión política, social y mediática: aún no hay acceso a los documentos ya cerrados (es decir, lo que se habría pactado ya, aunque desde la Comisión se niega que haya ningún acuerdo específico) y los 751 eurodiputados pueden entrar por turnos, con muchas prohibiciones y bajo estrictas medidas de seguridad.
La simpleza de los textos que aparecen en la web habilitada por la Comisión impiden hacerse una idea de lo que se está discutiendo entre la UE y EEUU. Eso sí, hasta enero pasado a la famosa Reading Room (la sala con documentos confidenciales) solo podían acceder los eurodiputados de la comisión parlamentaria de Comercio Internacional (conocida por las siglas INTA). Además, se pretende obligar a Malmström a comparecer ante sus señorías antes y después de cada ronda negociadora. La Defensora del Pueblo Europea ha exigido en varias ocasiones abrir todavía más la transparencia del proceso.
¿Qué es lo que iba a votar el Parlamento Europeo?
Una opinión no vinculante plasmada en un informe cuyo ponente iba a ser el socialdemócrata germano Bernd Lange: la Eurocámara no posee ni la iniciativa legislativa ni el mandato negociador, pero desde el Tratado de Lisboa tiene plenas facultades para tumbar directivas y tratados en última instancia. La Comisión ha subrayado que tendrá en cuenta la opinión del Parlamento, aunque la votación del informe se aplazó el 9 de junio porque la división en el partido socialista europeo amenazaba con tumbar el trabajo de Lange. Por otra parte, a Malmström no le queda otra que seguir las líneas rojas marcadas por el hemiciclo de Estrasburgo, ya que éste tendrá en sus manos el voto final.
¿Traerá beneficios el tratado?
Muchos o ninguno, dependiendo a quién le preguntemos. Para la Comisión Europea son incalculables: tan es así que en un estudio de 2013, cuando el debate apenas despertaba ruido, se hablaba de la creación de “varios millones” de puestos de trabajo que para España ahora se han quedado en 140.000.  Otras estimaciones de la Comisión asumen un crecimiento del PIB global a ambos lados del Atlántico de al menos el 0,5% añadido. Los pros no terminan ahí: los beneficios comerciales para la UE alcanzarían los 119.000 millones de euros anuales que se traducirían en 545 euros más al año para cada hogar europeo.
Los críticos rechazan de plano esa visión idílica. Firmado hace 21 años (1994), el acuerdo de libre comercio NAFTA entre EEUU, Canadá y México provocó, combinado con otros factores, una merma de 700.000 empleos solo en Estados Unidos según las organizaciones sindicales de ese país. “Los precedentes demuestran que cuando, por la vía de los tratados de libre comercio, se aumenta descontroladamente el PIB de países con pobres defensas contra la desigualdad, los ricos sencillamente se hacen más ricos. Ya nadie cree en la Trickle-Down-Theory [teoría del “goteo de riqueza”] que supuestamente traen estos acuerdos”, subraya el analista Owen Tudor, cercano al laborismo británico.
¿Acabar con las barreras comerciales?
Los grandes defensores del TTIP se aferran a la reducción de escollos comerciales como vía sanalotodo para apuntalar el tratado. No hay discurso de Malmström o de cualquier partidario en el que no se enumeren casos típicos sectoriales que en la actualidad se topan con obstáculos al exportar a EEUU: los abrigos para hombres añaden una tasa extra del 16%, las blusas de mujer asumen aranceles del 45% y así podríamos citar centenares de casos hasta acabar en el sector de las latas de conserva de Murcia (página 12), que abona un 15% más por vender en EEUU.
Pero la supresión de impedimentos técnicos para comercializar más fácilmente tiene un reverso, al que alude la propia Comisión Europea solo con la boca pequeña: terminar con las barreras significa armonizar toda la legislación concerniente al Estado del bienestar en las dos áreas geográficas: la inspección, los controles de calidad y las normativas sanitarias, la certificación de productos, el etiquetado, las prácticas medioambientales, los derechos socio-laborales, la sanidad… El verdadero TTIP descansa en esta homogeneización y no tanto en las facilidades que se darán a las compañías irlandesas de mantenimiento de software o al sector textil valenciano para colocar sus productos en Connecticut o en Portland.
¿Y cómo se plasmará dicha homogeneización normativa?
Otro punto sobre el que solo se puede divagar debido a la escasa información recibida: la Comisión y EEUU parecen haber acordado la instauración de un sistema de “Cooperación Regulatoria” reforzada cuyo funcionamiento es un enigma y del que apenas si se sabe que contará con una suerte de consejo troncal que trabajará con bisturí en los distintos sectores. ¿Y quién se sentará en él? No se sabe muy bien, pero las rondas negociadoras apuntan a un magma en el que se congregarán instituciones, lobistas, accionistas o miembros de la “sociedad civil”, con lo que pueda significar lo segundo. La organización europea de consumidores (BEUC) ya ha alertado de una “institucionalización surreal de los lobbies”.
¿Van a cambiar mis hábitos alimenticios?
Si las negociaciones no van desencaminadas, es una opción nada descartable. En el capítulo sobre seguridad alimentaria y transgénicos (conocidos por sus siglas en inglés GMO), las conversaciones apuntan a que se dará libre albedrío a los 28 estados-miembros para legislar sobre organismos genéticamente modificados; en materia de protección alimentaria las espadas siguen alzadas y la UE ha dicho que mantendrá las restricciones a las hormonas, los procesos de engordamiento del ganado y la ractopamina.
Bruselas aplica el principio “farm-to-fork” (que quiere decir que la inspección va de la granja al plato) y Washington solo al final del proceso. Por eso causa tanto pavor en Europa el caso del pollo clorado: en la producción industrial de pollos en EEUU es habitual sumergir a los pollos en cloro (lejía) durante el proceso de producción, algo que sin embargo está prohibido en la muy restrictiva UE. De ahí que los productores cárnicos europeos se hayan alarmado ante la posible invasión de pollos clorados.
Hay quien no piensa igual. “Las importaciones de pollo clorado o carme hormonada no van a tener lugar”, rechaza Marietje Schaake, del grupo liberal Alde en la Eurocámara. “Un acuerdo de comercio no decidirá si los organismos genéticamente modificados pueden entrar en el mercado europeo o cómo pueden entrar en el mercado, al igual que los servicios públicos como la sanidad, la educación o suministro de agua no tienen cabida en este acuerdo y tienen que ser excluidos”.
Las organizaciones de agricultores y ganaderos se mantienen ambiguas en torno al TTIP, pero amenazan con un casus belli de aceptarse el consumo de alimentos hormonados. Los eurodiputados que apoyan el informe Lange sostienen que el texto establece un “magnífico” control sanitario y fitosanitario.
¿Y las denominaciones de origen?
El  temor de las marcas geográficas y especializaciones regionales (denominaciones de origen vinícolas, jamón de Parma, champágne francés) no es infundado ya que EEUU no reconoce las variedades geográficas. La Comisión ha tranquilizado a los productores asegurando que la protección geográfica será una línea roja y que sus productos se seguirán vendiendo en California con la etiqueta correspondiente, pero ¿quién asegura que no habrá una versión empeorada del Ribera de Duero del vinagre de Jerez made in Arkansas? De momento, nadie.
¿Qué más cuestiones abarca el TTIP?
La cuestión de la armonización de reglas tiene tantas variantes que es imposible desgranar todos los elementos potencialmente negociables (van nueve rondas, y probablemente solo estemos por el principio) del TTIP.  En febrero se propició que la Comisión cambiara su posición sobre los productos cosméticos, después de filtrarse que la UE aceptaría más de un millar de sustancias prohibidas por Bruselas siempre que mediara un etiquetado indicando el potencial peligro. La estandarización alcanza la seguridad de los vehículos, los productos farmacéuticos, la maquinaria médica, etc.
Hay fervorosos partidarios, como el sector del acero que hace poco celebró el  EU Steel Day entre vivas al TTIP. Lo cuenta un directivo de un think-tank bruselense: “Cuando el presidente del lobby acerero proclamó ante el auditorio que esperaba que el tratado se aprobara lo antes posible la sala estalló en aplausos. De hecho, había un cartel gigantesco en inglés que decía: “No prestes atención a todo el ruido que sale de Bruselas. El TTIP va a aprobarse y da igual lo que piensen algunos”.
¿Y los servicios públicos?
Si la Comisión respeta la opinión del Parlamento Europeo, los servicios públicos (salud, educación, agua, transporte) quedan en el informe Lange bajo decisión de las respectivas autoridades locales, regionales o nacionales. Así ha sucedido con infraestructuras como el ferrocarril (un campo en el que no hay ninguna política europea común minimamente seria, más allá de la señalización y otros reglamentos de seguridad).
¿Y qué es el ISDS?
El ISDS (el sistema que intercede entre un país y una multinacional en caso de litigio) implica que un tribunal, público o privado, mediará de producirse un conflicto en el que muy probablemente esté envuelta la gestión de la “cosa pública”.
Malmström ya ha dicho que la Comisión apuesta por incluir este mecanismo en la negociación, aunque ha ido dejando caer su inclinación por los tribunales privados. En la actualidad hay aproximadamente 1.600 tribunales de este tipo en todo el mundo, la mayoría firmados entre países ricos y países pobres o en vías de desarrollo para garantizar seguridad jurídica a las empresas.
“Las reformas planteadas sobre los ISDS van en la buena dirección, porque hay un rechazo a los mecanismos hasta ahora conocidos”, explica el holandés Harm Schepel, uno de los mayores expertos en Derecho Económico Internacional. “Mi duda es si la Comisión va ahora a renegociar los 1.200 acuerdos bilaterales que la UE en su conjunto o los estados-miembros tienen firmados con terceros. La realidad es que el ISDS no aporta ningún beneficio económico y siempre supone un trato desigual en función de si se trata de unas compañías u otras”.
¿EEUU es la gran interesada en el TTIP?
Para nada. Estados Unidos tiene bastante que perder. En materia alimentaria a veces garantiza más restricciones en según qué productos. Perdería la Buy American Act, la ley federal proteccionista promulgada en los años 30 del siglo pasado que prioriza la compra de los productos estadounidenses (destaca el caso del azúcar y otros productos agrícolas). Se resalta la preocupación de las compañías energéticas por el incremento brutal de las exportaciones de gas de esquisto a la UE, el cual provocaría un aumento de los precios en EEUU. Tercero, y más importante todavía; la reforma financiera de Obama es mucho más ambiciosa que cuantas se han promulgado en la UE a lo largo de los últimos años, a pesar de decenas de inútiles cumbres convocadas. “Yo quiero un tratado con EEUU en el que copiemos de pe a pa la reforma financiera norteamericana”, ha exclamado el ecologista francés Yannick Jadot, muy activo contra el TTIP.
¿Verá el TTIP la luz dentro de poco?
No, con toda seguridad. Las probabilidades de que se termine negociando en esta legislatura que vence en 2019 son incluso muy bajas, por lo que las conjeturas y las hipótesis a veces son el único arma a favor y en contra del TTIP. Eso quiere decir que, dentro de cuatro años, la mayoría política en Bruselas puede variar hacia posiciones abiertamente contrarias al tratado.
Sin embargo, supuestamente hay una gran mayoría a favor del tratado –populares (PPE), liberales (Alde), conservadores (ECR) y socialistas (S&D) aunque con matices y un importante cisma– lo que no ha evitado que el Parlamento Europeo fuese incapaz de votar el informe de opinión sobre el TTIP: ante el riesgo de perder la votación, los partidarios prefirieron posponerlo. Texto: Pablo García. Ver: Lobbistas españoles

12 jul. 2015

El negocio del agua (Parte II de II)

Citigroup: “El mercado del agua pronto eclipsará al petróleo, la agricultura y los metales Preciosos”. El principal economista de Citigroup, Willem Buitler dijo en 2011 que el mercado del agua pronto será más importante que el mercado del petróleo: “El agua como activo, en mi opinión, se convertirá en el más importante entre los productos básicos, empequeñeciendo al petróleo, al cobre, a las materias primas agrícolas y a los metales preciosos”. En concreto, una oportunidad lucrativa en el agua reside en la fracturación hidráulica (fracking), ya que genera una demanda masiva de agua. Cada pozo de petróleo basado en el fracking, requiere de 11 a 18 millones de litros de agua, y el 80% de esta agua no puede ser reutilizada porque es entre 3 y 10 veces más salada que el agua de mar. Citigroup recomienda a los propietarios de derechos de agua que vendan su agua a empresas de fracking en lugar de a los agricultores ya que el agua de la fractura hidráulica se puede vender a un precio 60 veces superior. Además, el sector de tratamiento de las aguas de lastre, actualmente valorado en 1.350 millones de dólares al año, se estima que alcanzará entre los 30 y los 50 mil millones de dólares en breve. Citigroup ha invertido agresivamente en la compra de infraestructuras de suministro de agua por todo el mundo. El análisis de sus inversiones en servicios de agua del Reino Unido, por poner un ejemplo, muestran como nunca hay un solo banco o fondo de capital privado invirtiendo en cada negocio o infraestructura, sino que siempre se asocian con muchos otros. Por ejemplo, Citigroup entró en el inmenso mercado de las infraestructuras del agua de la India mediante la asociación con el Blackstone Group y dos compañías de financiamiento privado de la India. 

UBS: “la escasez de agua es la crisis definitoria del siglo XXI”. En 2006, UBS Investment Research, una división de la sede en Suiza del UBS AG, el mayor banco de Europa por activos, tituló un informe de investigación de 40 páginas como “La escasez de agua: ¿La crisis definitoria del siglo XXI ?” En 2007, UBS, junto con JP Morgan y el Fondo Challenger de Australia, compraron Southern Water en el Reino Unido por 4.200 millones de libras esterlinas.
Credit Suisse: “El agua es la megatendencia primordial de nuestro tiempo”. Credit Suisse publicó un informe en 2008 el que aconsejaba a los inversores: “Una forma de tomar ventaja de esta tendencia es invertir en empresas orientadas a la generación de agua, conservación, tratamiento infraestructura y desalinización”. La tendencia a la que nos encaminamos según Credit Suisse, es el agotamiento de las reservas de agua dulce atribuible a la contaminación, la desaparición de los glaciares (la principal fuente de reservas de agua dulce ), y el crecimiento de la población, lo que provocarán que el agua se convierta en un recurso escaso. Según Credit Suisse dos tercios de la población mundial es probable que vivan bajo condiciones de estrés hídrico para el año 2025. En vista al enorme negocio futuro, Credit Suisse se ha asociado con gigantes industriales de las infraestructuras como General Electric Infraestructure, con Cleantech Group y con Consensus Business Group. Durante su conferencia asiática de inversión, Credit Suisse afirmó que: “El agua es primordial para los que saben acerca de los productos estratégicos globales. Como en el caso del petróleo, la oferta es finita pero sin embargo, la demanda está creciendo a pasos agigantados. Pero a diferencia del petróleo, con el agua, no existe otra alternativa”
JPMorgan Chase: Construcción de infraestructuras del agua, Servicios Públicos e Infraestructura Pública a escala mundial. Uno de los bancos más grandes del mundo, JPMorgan Chase ha perseguido agresivamente apoderarse de las infraestructuras de agua por todo el planeta. Este imperio bancario es controlado por la familia Rockefeller; el patriarca de la familia, David Rockefeller, es miembro del Grupo Bilderberg, del Consejo de Relaciones Exteriores y de la Comisión Trilateral. JPMorgan ve el financiamiento de la infraestructura del agua como un fenómeno global y sus analistas estiman que la inversión en infraestructuras en los mercados emergentes será de aproximadamente 21,7 billones de dólares durante la próxima década. Jp Morgan ha centrado grandes esfuerzos en la India, uniéndose a Citigroup, Blackstone Group, 3i Group (la segunda mayor firma de capital privado de Europa), y el Banco ICICI ( el segundo banco más grande de la India). La división Global Equity Research de JPMorgan también publicó un informe de 60 páginas llamado “reloj de agua: una guía para la evaluación de riesgos corporativos en un mundo sediento” el 1 de abril de 2008.
Allianz Group: “El agua está infravalorada”. Fundada en 1890, Allianz Group de Alemania es uno de los principales proveedores mundiales de servicios de seguros, banca y gestión de activos en cerca de 70 países. En abril de 2008, Allianz SE puso en marcha el Fondo de Agua Allianz RCM Global que invierte en títulos de renta variable de empresas relacionadas con el agua en todo el mundo, haciendo hincapié en la revalorización del capital a largo plazo. Dresdner de Allianz SE Bank AG dijo a sus inversionistas que: “Las inversiones en agua ofrecen grandes oportunidades: el aumento de los precios del petróleo no nos permiten centrar nuestra visión en una escasez aún más grave: la del agua. La economía mundial del agua se enfrenta a una multimillonaria necesidad de inversión de capital y modernización. Esto ofrece una oportunidad rentable para los inversores a largo plazo”. Según Allianz: “el verdadero valor del agua no está siendo reconocido….El agua tiende a infravalorarse en todo el mundo….Tal vez esa sea una de las razones por las que hay tantos lugares con falta de suministro debido a la falta de inversión. Con eso en mente, tiene sentido invertir en empresas que se dedican a mejorar la calidad y la infraestructura de agua”
Deutsche Bank: Dos mil millones de euros de inversión en infraestructuras en Europa: Agua, climatización, infraestructuras e inversiones agroindustriales. Deutsche Bank es uno de los principales actores en el sector del agua en todo el mundo. Los asesores de Deutsche Bank han identificado el agua como parte de las estrategias de inversión en el clima.
Además del agua, los otros dos recursos identificados como esenciales fueron la agroindustria (plaguicidas, semillas transgénicas, fertilizantes minerales, maquinaria agrícola) y energías renovables (energía solar, eólica, hidrotermal, biomasa, hidroelectricidad).
Otros megabancos que se fijan en el agua como inversión esencial:
Merrill Bank of America.  Merrill Lynch (antes de ser comprada por Bank of America): emitió un informe de investigación de 24 páginas titulado “La escasez de agua; un problema mayor”
Morgan Stanley: en otro estudio recomienda tres áreas de oportunidades de inversión en agua: los servicios de agua, operadores mundiales y empresas de tecnología (como los que fabrican las membranas y productos químicos utilizados en el tratamiento del agua para la industria del agua).
Barclays PLC: administra un fondo cotizado que cotiza en las Bolsas de Valores de Londres y que es promocionado como “una exposición amplia de acciones de las empresas de agua más grandes del mundo, incluyendo los servicios de agua y las existencias de equipos de agua” de las empresas de agua de todo el mundo.
Además, existen numerosos fondos de inversión y de cobertura centrados en el enorme negocio del agua, como Calvert Global Water Fund, Allianz RCM Global Water Fund, PFW Water Fund, Kinetics Water Infrastructure Advantaged Fund, Master Water Equity Fund, Water Partners Fund, y un larguísimo etc… A ellos debemos añadir también fondos soberanos que están invirtiendo en el control del agua por todo el mundo.
El agua es y seguirá siendo indispensable para nuestra vida y es por esa razón que las élites económicas que controlan el mundo centran y centrarán aun más en el futuro, sus esfuerzos en el control de este elemento indispensable. Hace centenares de miles de años, el agua fluía libremente por valles y llanuras y todos los animales podían disfrutar libremente de ella, pues no era propiedad de nadie. Ahora, gracias al desarrollo de la civilización y a la ignorancia, inacción e indignidad de la población, el agua ya es propiedad de unos pocos y pronto deberemos suplicar por ella, como si fuéramos esclavos. Este es el precio que debemos pagar por no haber actuado contundentemente cuando debíamos hacerlo. Sigamos mirando sumisamente y pacíficamente la tele mientras un grupo de psicópatas ladrones se apoderan del planeta entero y nos convierten en esclavos. Texto: J.-S. Yang. Ver: PARTE 1 Recomendado: ¿Por qué pagamos cara el agua?

11 jul. 2015

El negocio del agua (Parte I de II)

Una tendencia preocupante en el sector del agua se está acelerando en todo el mundo. Los elitistas multimillonarios y los grandes bancos de Wall Street están comprando agua por todo el mundo a un ritmo sin precedentes. Grandes conglomerados bancarios como Goldman Sachs, JP Morgan Chase, Citigroup, UBS, Deutsche Bank, Credit Suisse, Macquarie Bank, Barclays Bank, Blackstone Group, Allianz y HSBC, entre otros, están consolidando su control sobre el agua de todo el planeta. Magnates ricos como T. Boone Pickens, el ex presidente George W. Bush y su familia, Li Ka-shing de Hong Kong, Manuel V. Pangilinan y otros multimillonarios filipinos, así como muchos otros, están comprando miles de hectáreas de tierra con acuíferos, lagos, derechos sobre el agua, servicios sanitarios y acciones en empresas de tecnología e ingeniería del agua de todo el mundo.
Al mismo tiempo que los grandes bancos están comprando agua por todo el mundo, los gobiernos se están moviendo rápidamente para limitar la capacidad de los ciudadanos para ser autosuficientes en el suministro de agua.
Un buen ejemplo de ello fue el caso de Gary Harrington en Oregon, EEUU, en el que el Estado criminalizó la recolección de agua de lluvia en tres estanques situados en su terreno privado, al condenarle con nueve cargos y lo condenó a 30 días de cárcel. Sin embargo, el multimillonario T. Boone Pickens es propietario de los derechos de agua del acuífero de Ogallala, que le permite drenar aproximadamente 245.000 millones de litros de agua al año, sin que nadie le condene por ello.
Es un ejemplo del extraño nuevo orden mundial en el que los multimillonarios y los bancos elitistas pueden poseer acuíferos y lagos, pero los ciudadanos comunes ni siquiera pueden recoger agua de lluvia o nieve en sus propios patios y terrenos privados. Muchos medios de comunicación han tratado el tema, centrándose en empresas individuales y super-inversores que buscan controlar el agua mediante la compra de derechos de agua y los servicios de suministro.

Pero, paradójicamente, la historia oculta es mucho más complicada. La historia real del sector mundial del agua es un enrevesado lío que implica a empresas de inversión de Wall Street, bancos y otras empresas globales de capital privado de élite que trascienden las fronteras nacionales para asociarse entre sí, con bancos y fondos de cobertura, con empresas de tecnología y gigantes de los seguros, con fondos regionales de pensiones del sector público, y con fondos soberanos. Todos ellos se están focalizando en el sector del agua, no solo para comprar derechos de agua y tecnologías de tratamiento de agua, sino también para privatizar los servicios públicos de suministro de agua y las infraestructuras respectivas.
Un documento de análisis de renta variable de JP Morgan de 2012, establece claramente que “Wall Street parece muy consciente de las oportunidades de inversión en infraestructura de abastecimiento de agua, tratamiento de aguas residuales, y tecnologías de gestión de la demanda”.
De hecho, Wall Street se prepara para sacar provecho de la apropiación mundial del agua en las próximas décadas.
Cuando hablamos de “agua”, hacemos referencia a los derechos del agua (es decir, el derecho de aprovechar las aguas subterráneas, los acuíferos y los ríos), la tierra que contiene extensiones de agua (es decir, lagos, lagunas y manantiales naturales en la superficie o en las aguas subterráneas), proyectos de desalinización, de purificación de agua y tecnologías de tratamiento, tecnologías de riego y perforación de pozos, empresas de servicios públicos de saneamiento del agua, mantenimiento y contrucción de la infraestructura de suministro de agua (de tuberías y distribución a todas las escalas de las plantas de tratamiento a nivel residencial, comercial, industrial y usos municipales), servicios de ingeniería del agua (por ejemplo, los que participan en el diseño y construcción de instalaciones relacionadas con el agua), y el sector de agua al por menor (como los que participan en la producción y las ventas de agua embotellada, máquinas expendedoras de agua, servicios de suscripción y entrega de agua embotellada, camiones de suministro de agua y tanques de agua).

LOS BANCOS VEN EL AGUA COMO UNA MERCANCÍA ESTRATÉGICA

Desde 2008, los gigantes bancarios están captando cada vez una mayor cuota de mercado en el sector del agua e identifican el agua como un bien fundamental, mucho más crucial e importante que el petróleo.
Goldman Sachs: “El agua será el próximo Petróleo”. Como hemos dicho antes, en 2008, Goldman Sachs calificó al agua como “el petróleo del próximo siglo”. En una conferencia sobre los máximos cinco riesgos del siglo XXI, una “escasez de agua calamitosa” fue calificada como la amenaza más grave para la humanidad que la escasez de alimentos y de energía. Desde 2006, Goldman Sachs se ha convertido en uno de los mayores gestores de fondos de inversión en infraestructura y ha acumulado un capital de 10000 millones de dólares en infraestructura, incluyendo el suministro de agua. En 2012, Goldman Sachs compró Veolia Water, que suministra agua a 3,5 millones de personas en el sureste de Inglaterra. En 2003, Goldman Sachs se había asociado ya con uno de las firmas de capital privado más grandes del mundo Blackstone Group y Apollo Management para adquirir Ondeo Nalco, una empresa líder en el suministro de productos químicos y servicios de tratamiento y procesamiento de agua, con más de 10.000 empleados y operaciones en 130 países, por 4.200 millones de dólares. Asimismo, en 2008, Goldman Sachs realizó un esfuerzo inversor para adquirir China Water and Drinks, inc., que suministra agua purificada a los proveedores de marcas reconocidas como Coca-Cola y a la empresa de bebidas de Taiwán Uni-President. China Water and Drinks es también un importante productor y distribuidor de agua embotellada en China. China tiene uno de los peores problemas de agua de Asia y una gran clase media emergente, de manera que su sector del agua embotellada es el de más rápido crecimiento en el mundo y está generando enormes ganancias. Además, China padece una aguda escasez de agua y una grave contaminación que provocará que el país tenga una gran demanda de agua limpia en los próximos años, generando con ello una gran posibilidad de negocio a largo plazo. Ver:   PARTE II

5 jul. 2015

Personalismos y medios de comunicación

Hace unos seis años, en una conversación con una destacada dirigente política, esta me decía que en España no triunfaría ninguna opción política de carácter personalista. Cierto que hasta esas fechas las candidaturas basadas únicamente en un líder carismático habían fracasado, pero pocos meses después, en las autonómicas valencianas, una coalición que partía prácticamente de cero y encabezada por Mónica Oltra, obtenía unos espectaculares resultados. Algo parecido acaba de ocurrir con Pablo Iglesias.

En ambos políticos se observan elementos comunes. Han pertenecido a las filas de IU, crearon pequeñas organizaciones a su medida, son jóvenes con buena oratoria y presencia física, cuentan con eficaces comunity manager, pero, sobre todo, están siendo promocionados por las televisiones privadas. Cierto que en su ascendencia han concurrido otros factores pero en este breve texto nos centraremos en la irrupción de los tertulianos en la política.
Los defensores de este forma de hacer política, argumentan que gran parte del éxito de los políticos mediáticos está basado en las redes sociales. Pascual Serrano en su libro “La comunicación jibarizada”, demuestra que hasta un 80 % de la información que se maneja en las redes proviene de los grandes medios de comunicación. Sin un apoyo de la artillería mediática no hay nada que hacer electoralmente por mucha presencia que tengas en las redes sociales. Ejemplo de ello ha sido el batacazo del Partido X de parecida factura y programa de Podemos.
Para conseguir ser una estrella del prime time se requiere, previamente, entregar gran parte de las armas ideológicas de la izquierda. En primer lugar, hay que afirmar que su opción política no es ni de izquierdas ni de derechas, algo que según ellos es propio de los tiempos anteriores a la caída del muro de Berlín.
Consecuentemente, tampoco se reconoce la existencia de clases sociales. No hay ricos ni pobres, ni trabajadores ni burgueses, si acaso se puede utilizar términos difusos como “los de arriba y los de abajo”, el 99%, ciudadanía, precariado o gente. Ser clase trabajadora es reconocerse como clase baja, lo que parece que es un insulto inadmisible en un país donde convive la situación absurda de que nos creemos clase media con los índices más altos de paro, pobreza y precariedad laboral.
Por supuesto, si quieres que te sigan llamando a tertulias no puedes decir ni una palabra sobre la oligarquía que controla los medios de comunicación, oligarquía que es la misma que controla el sistema financiero y se ha enriquecido inmensamente aprovechando la actual crisis sistémica del capitalismo.
El imperialismo, también es propio de tiempos pasados. Como mucho afirman que hay varios imperios, equiparando Rusia y China a Estados Unidos. Respecto a las criminales intervenciones de la OTAN, cabe defenderlas bajo el argumento-trampa de que “algo habrá que hacer” o ser un ni-ni, expresado bajo la frase “ni la Otan ni Gadafi”. Frase hecha que es muy utilizada hasta que la OTAN gana y a partir de ese momento toda la preocupación por los pueblos de Libia desaparece totalmente de su discurso. Queda prohibido hablar bien de Cuba o Venezuela.
Pero lo que mejor y más vende de un político mediático son las primarias. El programa pasa a un segundo plano, y la participación en la formación queda, de hecho, reducida a votar a tu candidato cada cuatro años. Y es que en el proceso de las primarias es donde se produce la simbiosis entre el político y el oligarca de los medios.
Las primarias, este proceso de selección importado desde el país de la Coca-Cola, se desarrolla en los medios, no puede ser de otra forma. Si se llama a votar a una ciudadanía que no participa en una organización sólo pueden elegir por lo que ve en las televisiones. De forma que el candidato que mejor relación tenga con los medios será el que conseguirá la victoria con toda probabilidad. Así de esta forma, los candidatos los elegirán, al menos indirectamente, Silvio Berlusconi y José Manuel Lara, propietarios de todas las televisiones y casi todas las radios y periódicos de este país, con excepción de los medios públicos (en manos del gobierno del PP).
El modelo de democracia representativa consistente en votar cada cuatro años, tan criticado por toda la izquierda -incluidos los políticos mediáticos-, se introduce en las formaciones de izquierda. De esta forma se desincentiva la militancia y el trabajo constante.
No sólo se abandonan las organizaciones sociales, sino que la política cada vez mas se parece al mundo del deporte o del corazón. Cada vez se habla más sobre políticos y cada vez menos sobre políticas. Se critica a candidatos porque ser viejo, por ser hombre o mujer, por ser homosexual o heterosexual, por no tener estudios, no hablar inglés o no tener presencia física atractiva. Pero ya nadie presta atención a lo que ha votado en las instituciones u órganos de participación de su organización en los últimos cuatro años.
Independientemente de la sensibilidad política de cada uno, lo que debemos luchar es contra la ola de esnobismo que nos inunda. El mejor candidato no es el más dócil a la oligarquía sino el más obediente a la organización que lo ha mandatado.
La grandeza de los políticos mediáticos también es su debilidad. Igual que los medios te ascienden, te pueden hacer caer con más rapidez. Julio Anguita, el político con más carisma de la democracia española, fue objeto de una salvaje campaña mediática que llegó a convencer a algunos que ahora reivindican su figura y cuyos ecos (la pinza) pervive hasta este momento. Mala cosa es que tu proyecto político dependa de La Ser, La Sexta o Cuatro.
La ideología hegemónica, ahora llamada mainstream, también dicta que todo lo nuevo es bueno y hay que deshacerse de todo lo “viejo”. Esto es un ejemplo de cómo algo absolutamente erróneo, falso y propio de la publicidad y de la sociedad de consumo, se ha logrado imponer incluso entre aquellos que se creen libres pensadores. La ley de la gravedad de Newton es anterior al marxismo y nadie la pone en cuestión por su antigüedad. El marxismo sigue vigente simplemente por que también sigue vigente el sistema que lo originó: el capitalismo. Cuando se supere el capitalismo, también se superará el marxismo. Aunque los tertulianos no lo mencionen, las clases sociales siguen existiendo, hay trabajadores y quienes viven del trabajo de los demás. Los hijos de los trabajadores seguirán trabajando y los hijos de los burgueses heredarán el banco o las sicav de sus padres. Y por supuesto, en esta crisis se han cumplido a rajatabla las predicciones de Marx, una concentración del capital y un empobrecimiento de las clases trabajadoras. El problema es que no hay marxismo en la televisión, para eso hay que hacer el esfuerzo de leer, pensar y comprender. Las tertulias televisivas son el escenario para reyertas de bajo nivel, copiadas del formato de Tómbola y sin lugar a tertulias pausadas y serenas que sí que hay en en otras televisiones minoritarias como el programa Mesa Redonda de la televisión Cubana o el mismo Fort Apache dirigido por Pablo Iglesias en la televisión iraní HispanTV.
En consecuencia, las televisiones alzarán a quienes sus propietarios dicten. Ningún medio privado va a poner en cuestión el sistema del cual ellos se benefician. Pudiera ser que se tenga un plan oculto consistente en que, tras estar atrincherados este discurso, se alcance el poder y se realicen políticas socialistas. Entonces sólo quedará felicitarlos y apoyarlos, sin embargo, lo más probable es que se acabe fagocitado por el régimen y sus medios.
La primera fase de la rebeldía es desconfiar de lo que los capitalistas te venden como bueno para ti y los de tu clase social. La segunda y avanzada fase es militar, no sólo en Internet, sino en tu barrio y en tu centro de trabajo. En las distancias cortas no hay engaño ni manipulación posible. Texto: C. Martínez R. Ver: ¿Casta o clase?

Capitalismo contra movimientos sociales

La reestructuración de la economía mundial ha adoptado cinco estrategias básicas para dar respuesta al ciclo de luchas sociales que entre los años sesenta y los setenta transformaron la organización de la reproducción y las relaciones de clase. 

Primero: se ha producido una expansión del mercado de trabajo. La globalización ha producido un salto histórico en el tamaño del mundo proletario, tanto mediante un proceso global de «cercamiento» que ha provocado la separación de millones de personas de sus tierras, sus trabajos y sus «derechos consuetudinarios», como mediante el aumento del empleo de las mujeres. No es sorprendente que la globalización se nos aparezca como un proceso de acumulación primitiva, que ha asumido formas variadas. En el Norte, la globalización ha asumido la forma de la deslocalización y la desconcentración industrial, así como de la flexibilización, la precarización laboral y el método Toyota o JIT [Just In Time, «justo a tiempo»].(1) En los antiguos países socialistas, se ha producido la desestatalización de la industria, la descolectivización de la agricultura y la privatización de la riqueza social. En el Sur, hemos sido testigos de la «maquilización» de la producción, la liberalización de las importaciones y las privatizaciones de las tierras. El objetivo, de todas maneras, era el mismo en todas partes. Mediante la destrucción de las economías de subsistencia y la separación de los productores de los medios de subsistencia, al provocar la dependencia de ingresos monetarios a millones de personas, incluso a aquellas imposibilitadas para adquirir un trabajo asalariado, la clase capitalista ha relanzado el proceso de acumulación y recortado los costes de la producción laboral. Dos mil millones de personas han sido arrojados al mercado laboral demostrando la falacia de las teorías que defienden que el capitalismo ya no necesita cantidades masivas de trabajo vivo, porque presumiblemente descansa en la creciente automatización del trabajo.
Segundo, la desterritorialización del capital y la financiarización de las actividades económicas, posibilitadas por la «revolución informática», han creado las condiciones económicas por las que la acumulación primitiva se ha convertido en un proceso permanente, mediante el movimiento casi instantáneo del capital a lo largo del planeta, al haber derribado una y otra vez las barreras levantadas contra el capital por la resistencia de los trabajadores a la explotación.
Tercero, hemos sido testigos de la desinversión sistemática que el Estado ha llevado a cabo en la reproducción de la fuerza de trabajo, implementada mediante los programas de ajuste estructural y el desmantelamiento del «Estado de bienestar». Como se ha mencionado anteriormente, las luchas llevadas a cabo durante los años sesenta han enseñado a la clase capitalista que la inversión en la reproducción de la fuerza de trabajo no se traduce necesariamente en una mayor productividad laboral. Como resultado de esto, surgen ciertas políticas y una ideología que resignifica a los trabajadores como microemprendedores, supuestamente responsables de la inversión en ellos mismos y únicos beneficiarios de las actividades reproductivas en ellos materializadas. En consecuencia se ha producido un cambio en los ejes temporales existentes entre reproducción y acumulación. Los trabajadores se ven obligados a hacerse cargo de los costes de su reproducción en la medida en que se han reducido los subsidios en sanidad, educación, pensiones y transporte público, además de sufrir un aumento de los impuestos, con lo que cada articulación de la reproducción de la fuerza de trabajo ha devenido un momento de acumulación inmediata.
Cuarto, la apropiación empresarial y la destrucción de bosques, océanos, aguas, bancos de peces, arrecifes de coral y de especies animales y vegetales han alcanzado un pico histórico. País tras país, de África a las islas del Pacífico, inmensas áreas agrícolas y aguas costeras ―el hogar y los medios de subsistencia de extensas poblaciones― han sido privatizadas y hechas accesibles para la agroindustria, la extracción mineral o la pesca industrial. La globalización ha revelado, sin lugar a dudas, el coste real de la producción capitalista y de la tecnología lo que hace imposible hablar, tal y como Marx hizo en los Grundrisse, de «la gran influencia civilizadora del capital» que surge de su «apropiación universal tanto de la naturaleza como de la relación social misma» donde «la naturaleza se convierte puramente en objeto para el hombre, en cosa puramente útil; cesa de reconocérsele como poder para sí; incluso el reconocimiento teórico de sus leyes autónomas aparece solo como una artimaña para someterla a las necesidades humanas, sea como objeto del consumo, sea como medio de la producción». (2). En el año 2011, tras el derrame de petróleo de BP y el desastre de Fukushima ―entre otros desastres producidos por los negocios corporativos―, cuando los océanos agonizan, atrapados entre islas de basura, y el espacio se ha convertido en un vertedero además de en un depósito armamentístico, estas palabras no pueden sonar más que como ominosas reverberaciones. Este desarrollo ha afectado, en diferentes grados, a todas las poblaciones del planeta. Aun así, como mejor se define el Nuevo Orden Mundial es como un proceso de recolonización. Lejos de comprimir el planeta en una red de circuitos interdependientes, lo ha reconstruido como un sistema de estructura piramidal, al aumentar las desigualdades y la polarización social y económica, y al profundizar las jerarquías que históricamente han caracterizado la división sexual e internacional del trabajo, y que se habían visto socavadas gracias a las luchas anticoloniales y feministas. El centro estratégico de la acumulación primitiva lo ha conformado el mundo colonial, mundo de plantaciones y esclavismo, históricamente el corazón del sistema capitalista. Lo llamo «centro estratégico» porque su reestructuración ha proporcionado los cimientos y las condiciones necesarias para la reorganización global del mercado de trabajo. Ha sido aquí, de hecho, donde hemos sido testigos de los primeros y más radicales procesos de expropiación y pauperización y de la desinversión más ingente del Estado en la fuerza de trabajo. Estos procesos están perfectamente documentados. Desde principios de los años ochenta, como consecuencia de los ajustes estructurales, el desempleo en la mayor parte de los países del «Tercer Mundo» ha crecido tanto que la USAID (3) [Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional] podía reclutar trabajadores ofreciendo tan solo «comida por trabajo». Los salarios han caído de tal manera que se ha comprobado que las trabajadoras de las maquilas tienen que comprar la leche por vasos o los huevos y tomates por unidad. Poblaciones enteras se han visto desmonetarizadas, al mismo tiempo que se les ha arrebatado las tierras para concedérselas a proyectos gubernamentales o a inversores extranjeros. Actualmente, medio continente africano se encuentra bajo emergencia alimentaria (4). En África Oriental, del Níger a Nigeria y hasta Ghana, el suministro de electricidad ha desaparecido, las redes eléctricas nacionales han sido desarticuladas, obligando a aquellos que tienen dinero a comprar generadores individuales cuyo zumbido llena las noches, dificultando el sueño de la gente. La sanidad estatal y los presupuestos de educación, los subsidios a los agricultores, las ayudas para las necesidades básicas, todas ellas han sido desmanteladas, reducidas drásticamente y suprimidas. En consecuencia, la esperanza de vida está descendiendo y han reaparecido fenómenos que se suponía que el capitalismo había borrado de la faz de la tierra hace mucho tiempo: hambrunas, hambre, epidemias recurrentes, incluso la caza de brujas.(5) En aquellos lugares en los que los «planes de austeridad» y la apropiación de tierras no pudieron concluir su tarea, la ha rematado la guerra, abriendo nuevos campos para la extracción de crudo y la recolección de diamantes o coltán. Y en lo que respecta a la población objetivo de esta desposesión, se han convertido en los sujetos de una nueva diáspora, que arroja a millones de personas del campo a las ciudades, que cada vez más se asemejan a campamentos. Mike Davis ha utilizado la frase «planeta de ciudades miseria» en referencia a esta situación, pero una descripción más correcta y vívida hablaría de un planeta de guetos y un régimen de apartheid global. Si además tenemos en cuenta que, mediante la deuda y el ajuste estructural, los países del «Tercer Mundo» se han visto obligados a desviar la producción alimentaria del mercado doméstico al mercado de exportación, convertir tierras arables y cultivables para el consumo humano en terrenos de extracción mineral, deforestar tierras, y convertirse en vertederos de todo tipo de desechos así como en campo de depredación para las corporaciones cazadoras de genes,(6) entonces, debemos concluir que, en los planes del capital internacional, existen zonas del planeta destinadas a una «reproducción cercana a cero». De hecho, la destrucción de la vida en todas sus formas es hoy tan importante como la fuerza productiva del biopoder en la estructuración de las relaciones capitalistas, destrucción dirigida a adquirir materias primas, «desacumular» trabajadores no deseados, debilitar la resistencia y disminuir los costes de la producción laboral. Hasta qué punto ha llegado el subdesarrollo de la reproducción de la fuerza de trabajo mundial se refleja en los millones de personas que frente a la necesidad de emigrar se arriesgan a dificultades indecibles y a la perspectiva de la muerte y el encarcelamiento. Ciertamente la migración no es tan solo una necesidad, sino también un éxodo hacia niveles más altos de resistencia, un camino hacia la reapropiación de la riqueza robada, como argumentan Yann Moulier Boutang, Dimitris Papadopoulos y otros autores (7). Esta es la razón por la que la migración ha adquirido un carácter tan autónomo que dificulta su utilización como mecanismo regulador de la reestructuración del mercado laboral. Pero no hay duda alguna de que si millones de personas abandonan su país hacia un destino incierto, a cientos de kilómetros de sus hogares, es porque no pueden reproducirse por sí mismas, al menos no bajo las condiciones necesarias. Esto se hace especialmente evidente cuando consideramos que la mitad de los migrantes son mujeres, muchas con hijos que deben dejar atrás. Desde un punto de vista histórico esta práctica es altamente inusual. Las mujeres son habitualmente las que se quedan, y no debido a falta de iniciativa o por impedimentos tradicionalistas, sino porque son aquellas a las que se ha hecho sentir más responsables de la reproducción de sus familias. Son las que deben garantizar que sus hijos tengan comida, a menudo quedándose ellas mismas sin comer, y las que se cercioran de que los ancianos y los enfermos reciben cuidados. Por eso cuando cientos de miles de ellas abandonan sus hogares para enfrentarse a años de humillaciones y aislamiento, viviendo con la angustia de no ser capaces de proporcionarles a sus seres queridos los mismos cuidados que les dan a extraños en otras partes del mundo, sabemos que algo dramático está sucediendo en la organización del mundo reproductivo. Debemos rechazar, de todas maneras, la afirmación de que la indiferencia de la clase capitalista internacional frente a la pérdida de vidas que produce el capitalismo es una prueba de que el capital ya no necesita el trabajo vivo. Más cuando en realidad la destrucción a gran escala de la vida ha sido un componente estructural del capitalismo desde sus inicios, como necesaria contrapartida a la acumulación de la fuerza de trabajo, acumulación que inevitablemente supone un proceso violento. La recurrente «crisis reproductiva» de la que hemos sido testigos en África durante las últimas décadas se encuentra enraizada en esta dialéctica de acumulación y destrucción de trabajo. También la expansión del trabajo no contractual y otros fenómenos que deberían ser considerados como abominaciones en un «mundo moderno» ―como las encarcelaciones masivas, el tráfico de sangre, órganos y otras partes del cuerpo humano― deben ser leídas dentro de este contexto. El capitalismo promueve una crisis reproductiva permanente. Si esto no ha sido más visible en nuestras vidas, por lo menos en muchas partes del Norte Global, es porque las catástrofes humanas que ha causado han sido en su mayor parte externalizadas, confinadas a las colonias y racionalizadas como un efecto de una cultura retrógrada o un apego a tradiciones erróneas y «tribales». Sobre todo durante la mayor parte de los años ochenta y noventa, los efectos de la reestructuración global apenas se notaron en el Norte, excepto dentro de las comunidades de color, o bien se presentaron como alternativas liberadoras frente a la regimentación de la rutina de 9 a 17, si no anticipaciones de una sociedad sin trabajadores. Pero observado desde el punto de vista de la totalidad de las relaciones capital-trabajo, este desarrollo demuestra el esfuerzo continuo del capital de dispersar a los trabajadores y de minar los esfuerzos organizativos de los obreros dentro de los lugares de trabajo. Combinadas, estas tendencias han abolido los contratos sociales, desregulado las relaciones laborales, reintroducido modelos laborales no contractuales destruyendo no solo los resquicios de comunismo que las luchas obreras habían logrado sino amenazando también la creación de los nuevos comunes. También en el Norte, los ingresos reales y las tasas de empleo han caído, el acceso a la tierra y a los espacios urbanos ha disminuido, y el empobrecimiento e incluso el hambre se han extendido. Treinta y siete millones de personas en Estados Unidos pasan hambre, mientras que el 50 % de la población norteamericana, según un estudio de 2011 pertenece al segmento de población de «bajos ingresos». Añadamos a esto que la introducción de la tecnología, supuestamente diseñada para ahorrar tiempo, lejos de reducir la duración de la jornada laboral la ha extendido hasta el punto de que en algunos países como Japón se han vuelto a ver personas muriendo por exceso de trabajo, mientras que el tiempo de ocio y la jubilación se han convertido en un lujo. El pluriempleo es, hoy en día, una actividad necesaria para muchos trabajadores en Estados Unidos, mientras que personas de sesenta a setenta años, viendo que les han retirado las pensiones, están regresando al mercado de trabajo. Aún más significativo es el hecho de que estemos siendo testigos del desarrollo de una fuerza de trabajo vagabunda, itinerante, compelida al nomadismo, siempre en movimiento, en camiones, tráileres, autobuses, buscando trabajo allá donde aparezca una oportunidad, un destino que antes se reservaba en Estados Unidos solo a los temporeros que recogían las cosechas de los cultivos industriales, cruzando el país como pájaros migratorios. Junto con el empobrecimiento, el desempleo, las horas extras, el número de personas sin hogar y la deuda, se ha producido un incremento de la criminalización de la clase trabajadora, mediante una política de encarcelamiento masivo de la clase obrera que recuerda al Gran Encierro del siglo XVII, (8) y la formación de un proletariado ex-lege, constituido por inmigrantes indocumentados, estudiantes que no pueden pagar sus créditos, productores o vendedores de mercancías ilícitas, trabajadoras del sexo. Es una multitud de proletarios, que existen y trabajan en las sombras, que nos recuerda que la producción de poblaciones sin derechos ―esclavos, sirvientes sin contrato, peones, convictos, sans papiers― permanece como una necesidad estructural de la acumulación capitalista. Especialmente crudo ha sido el ataque producido sobre la juventud, particularmente sobre la de la clase trabajadora negra, potenciales herederos del Black Power, a los que nada les ha sido concedido, ni siquiera la posibilidad de un empleo seguro o del acceso a la educación. Sin embargo también para muchos jóvenes de clase media su futuro está en duda. La educación se consigue a un alto precio, provoca endeudamiento y la probable imposibilidad de devolución de los créditos estudiantiles. La competición por el empleo es dura, y las relaciones sociales son cada vez más estériles ya que la inestabilidad impide la construcción comunitaria. No sorprende pues que, entre las consecuencias sociales de la reestructuración de la reproducción, haya habido un incremento del número de suicidios juveniles, así como un repunte de la violencia contra las mujeres y los niños, incluyendo el infanticidio. Es imposible, entonces, compartir el optimismo de aquellos que, como Negri y Hardt, han argumentado en los últimos años que las nuevas formas de producción creadas por la reestructuración global de la economía ya proveen la posibilidad de formas más autónomas y más cooperativas de trabajo. Aun así, el asalto a nuestra reproducción no ha pasado incontestada. La resistencia ha adoptado diferentes formas y muchas de ellas se han mantenido en la sombra hasta que se han convertido en fenómenos de masas. La financiarización de todos y cada uno de los aspectos de la vida cotidiana mediante el uso de las tarjetas de crédito, préstamos, endeudamiento, especialmente en Estados Unidos, debe plantearse desde este punto de vista como una respuesta al declive de los salarios y a un rechazo a la austeridad impuesta por ello, más que simplemente un producto de la manipulación financiera. En todo el mundo, está creciendo un movimiento de movimientos, desde los años noventa; este ha desafiado todas y cada una de las facetas de la globalización ―mediante manifestaciones masivas, ocupaciones de tierras, construcción de economías solidarias y de otros métodos de desarrollo de los comunes. Más importante todavía, la reciente expansión de levantamientos masivos prolongados y movimientos en la estela «Occupy», que a lo largo del último año han barrido gran parte del mundo, desde Túnez y Egipto, pasando por la mayor parte de Oriente Medio, hasta España y Estados Unidos, ha abierto una brecha que permite entrever que la idea de una gran transformación social parece posible de nuevo. Tras años de aparente aceptación de la situación actual, en los que nada parecía capaz de parar los efectos destructores de un orden capitalista en declive, la Primavera Árabe y la expansión de acampadas a lo largo de Estados Unidos, uniéndose a los muchos asentamientos ya formados por la creciente población de sin techo, muestra que los de abajo se están movilizando de nuevo, y que una nueva generación se dirige a las plazas decidida a reclamar su futuro, eligiendo formas de rebelión que pueden potencialmente tender puentes entre las principales brechas sociales. Texto: Silvia Federici. Ver:  5 Crisis financieras que cambiaron el mundo
NOTAS:
1- Sistema de organización fabril que reduce al mínimo los costes de gestión y almacenamiento al producir únicamente la cantidad exacta de mercancías demandadas en un momento preciso.
2- Karl Marx, Grundrisse, citado por David McLellan en Karl Marx: Selected Writings, Oxford, Oxford University Press, 1977, pp. 363-364 [ed. cast.: Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse), Siglo XXI, México, 2007].
3- La USAID es la agencia estadounidense encargada de distribuir la mayor parte de la ayuda exterior de carácter no-militar. En principio independiente, ha sido objeto de duras críticas y acusada de colaboración con la CIA o de ayudar en diversos escenarios a la desestabilización de gobiernos no alineados con las políticas de EEUU.
4- Sam Moyo y Paris Yeros (eds.), Reclaiming the Land: The Resurgence of Rural Movement in Africa, Asia and Latin America, Londres, Zed Books, 2005, p. 1.
5- Silvia Federici, «Witch-Hunting. Globalization and Feminist Solidarity in Africa Today», Journal of International Women’s Studies, Special Issue: Women’s Gender Activism in Africa, octubre de 2008.
6- Los cazadores de genes son los modernos piratas de la genética, que recolectan el acervo genético de los pueblos indígenas para descubrir variaciones particulares, negocio de gran potencial para las transnacionales farmacéuticas.
7- Yann Moulier Boutang, De l’esclavage au salariat. Èconomie historique du salariat bride, París, Presse Universitaire de France, 1998 [ed. cast.: De la esclavitud al trabajo asalariado: economía histórica del trabajo asalariado, Madrid, Akal, 2006]; Dimitris Papadopoulos, Niam Shephenson y Vassilis Tsianos, Escape Routes Control and Subversion in the 21th Century, Londres, Pluto Press, 2008.
8- Desde finales del siglo XVI y a lo largo del XVII se extendieron por Europa los llamados hospitales generales o casas de trabajo [workhouses], donde eran confinadas forzosamente todas aquellas personas que no eran consideradas productivas (vagabundos, mendigos y pobres en general). Por un lado, el trabajo obligatorio que desempeñaban fue aprovechado en este capitalismo emergente.