14 dic. 2015

La II restauración

La II Restauración borbónica, este posfranquismo que venimos sufriendo desde hace casi cuarenta años bajo la jefatura del monarca heredero del dictador, lleva un tiempo dando señales de debilidad. El último episodio han sido unas elecciones europeas cuyos resultados han despertado en el ánimo de los pesebristas del sistema el fantasma de las municipales de 1931.
La estafa del consenso, acordada hace cuatro décadas entre los herederos directos del franquismo y los dos partidos «opositores» que aspiraban a su parte del pastel, PCE y PSOE, avisa de que su ciclo está terminando. Sin embargo, la cosa no acaba de caerse. ¿Cuáles son las razones?


POR QUÉ SE TAMBALEA

De entrada, porque el parlamentarismo posfranquista nació deforme. Hijo de los que habían prosperado bajo la dictadura, la «transición» se forjó mediante un pacto entre partidos, sin intervención del pueblo y colocando al frente del cotarro al monarca designado por el tirano. Se estableció así una dinastía de dudosa legitimidad. Dudosa, por varias razones. Una, que la nefasta monarquía borbónica fue abolida por decisión popular en 1931; otra, que en cualquier caso Juan Carlos Borbón no era el legítimo heredero de la llamada «dinastía histórica».
Por otro lado tenemos el desgaste inevitable que produce no sólo el paso del tiempo, sino el aburrimiento de un país dirigido sistemáticamente por los más incompetentes de cada casa. Y ello a través de una alternancia tal de los dos partidos turnistas, PP y PSOE, que han devenido indistinguibles y la población habla ya sin tapujos del «PPSOE».
Además está la putrefacción de un sistema basado, para empezar, en un procedimiento electoral poco representativo (mediante una ley electoral tramposa), pero hay más. Dejando aparte los gobiernos, tanto socialdemócratas como conservadores, que se pringaron de sangre con secuestros, torturas y crímenes de Estado, además del apoyo a guerras ilegales e impopulares, la corrupción generalizada de la clase dominante ha impregnado todo de una mezcla de hartazgo y desaliento que hace ver la política como un problema, en lugar de una solución. Una deriva peligrosa, pues el populismo está al acecho, y no deja de ser significativo el ascenso electoral de partidos protofascistas como Vox o UPyD, entre otros.
Añadamos el desmantelamiento del sistema de derechos y libertades, lo cual forma parte de una más amplia crisis de valores que genera una sensación general de estafa, de que la clase dominante, llegados a cierto punto, ha perdido definitivamente la vergüenza y ya no necesita ni siquiera guardar las formas. Lo quieren todo.
Lo dicho hasta ahora se concentra en el ingrediente fundamental de la situación que vivimos: la II Restauración, la monarquía parlamentaria de los Borbones, carece de legitimidad. Y gran parte de la población lo percibe así. La mayor parte de los españoles que viven hoy no ha elegido este sistema porque no ha tenido la oportunidad de hacerlo. En otras naciones «de nuestro entorno» (como le gusta decir a nuestros políticos y tertulianos pedantuchos) el sistema se regenera cada cierto tiempo, por ejemplo mediante enmiendas constitucionales, cosa corriente en los Estados Unidos. En España, no obstante, la Constitución de 1978 ha devenido texto sagrado e inamovible. Y de remate, la clase dominante, la casta cortijera que gobierna el país desde 1492, y que describo en mi libro El mal español. Historia crítica de la derecha española, siente pánico a las consultas plebiscitarias. Tiene razones.

POR QUÉ NO SE CAE

Los sistemas políticos y las sociedades contienen una enorme carga de inercia. Por eso es difícil propiciar un cambio, incluso pequeño. La historia demuestra que las sociedades tienden a estancarse, a veces durante siglos o milenios. La sociedad moderna dispone de las herramientas para impulsar cambios, pero no se usan con toda su potencia por pereza, por miedo, un poco por todo.
El miedo es la clave: el aparato represivo y de control social de los Estados parlamentarios actuales es fortísimo y no para de crecer. Incluso en época de recortes siempre habrá dinero para contratar más pretorianos. No ha habido momento en la historia en el que la población esté tan controlada como hoy en día. La policía, armada hasta los dientes y brutal, es sólo el primer escalón de un aparato represivo que se complementa con el ejército, siempre preparado (sobre todo en países con un largo historial al respecto, como España) para descargar su artillería sobre la población. En España esta capacidad del ejército está incluso reconocida en la constitución de 1978, que faculta al ejército para intervenir en determinadas situaciones.
Pero no hace falta llegar a tanto (aunque se llegará si los poderosos lo consideran necesario, que para matar españoles nunca les han temblado las manos). El miedo ciudadano, fomentado con ahínco desde arriba, estimula el suficiente grado de autocontrol como para que los medios violentos del Estado sean, en general, innecesarios. Como ya indiqué en otro libro mío (La globalización del miedo), se nos sirve el miedo como plato cotidiano, por todos los medios y bajo cualquier excusa: miedo al paro, a no poder pagar la hipoteca, a suspender un examen, a que haga frío en invierno y calor en verano, a que nos multen por cualquier cosa…). Es un miedo inducido sin tregua día a día, de la cuna a la tumba, en la escuela, en el lugar de trabajo, en la calle… La amenaza como mensaje mediático y forma de vida que paraliza a la mayoría, por muy harta que esté la gente del estado de las cosas. Lo más curioso es que los que mandan también tienen miedo. De hecho son ellos los que tienen más miedo, y esto es muy preocupante, porque el poderoso asustado, que teme perder sus privilegios, se vuelve doblemente peligroso.
Más: el éxito del sistema educativo público-privado, adocenante, troquelador y embrutecedor, ha contribuido a crear una notable masa inculta que no reflexiona, que vive fascinada por la arrogancia del poder, que no discute y que, llegado el momento, sigue votando a los partidos turnistas. Pero los que no forman parte de esta masa también actúan con gran pasividad. «Que me quede como estoy» es un sentimiento muy imbuido en el pueblo español desde que el oficial de infantería y tirano de opereta F. Franco consiguió su objetivo de crear una «España de propietarios, que no de proletarios», y echó a la plebe unas migajas. Ahora, cuando los poderosos nos arrebatan incluso esas minucias, el virus del apoliticismo está demasiado metido en nuestra sangre y nos paraliza como pueblo y como sociedad. No queda mucho en España del espíritu de aquellos que dieron la vida en el pasado para que hoy vivamos mejor (pese a todo).
El panorama es desolador y, sin embargo, la fragilidad del tinglado turnista ha de ser enorme —y «ellos» lo saben— si con el resultado de unas elecciones europeas que, a fin de cuentas, ha vuelto a ganar el PPSOE, se echan a temblar hasta el punto de forzar la abdicación de Juan Carlos I el Campechano. Sería muy deseable que su sucesor a título de rey, Felipe VI, nieto político de F. Franco, fuera en verdad «el Breve», pero eso no va a ocurrir sólo porque los ciudadanos más conscientes lo deseemos. Por otra parte, la mera proclamación de una República, si tal cosa ocurriera, no debe confundirse con la solución mágica de todos los problemas. La verdadera democracia requiere esfuerzo y compromiso. Sin duda sobra el absurdo de un rey (y parece mentira que en el año 2014 todavía haya cabezas con corona), pero la República per se no es nada. La democracia implica una revolución permanente, y esto conlleva trabajo.
De momento, el primer aviso ante lo que se avecina es que, cuando el tenderete se tambalea, deberíamos tener cuidado de que no nos caigan los escombros encima a los de siempre.Texto: José Manuel Lechado. Ver: Referendum

7 dic. 2015

La campaña que viene (Parte II de II)

Aterrizando en la vida misma 
Cuando los EE.UU. se sumieron en la gran depresión de 1929 y el país se vino abajo alcanzando desempleo y desahucios, el gobierno federal prohibió que los noticiarios, que se proyectaban en cines, hicieran ninguna mención de la realidad que se vivía.

Los noticiarios de la época, los telediarios de hoy en día, reflejaban asuntos anecdóticos, el hombre más alto, el más bajo, el más gordo, el más flaco, el bebe que fumaba puros, pero las cargas policiales, los desalojos de viviendas, las colas para recibir un plato de sopa, se ocultaron al americano medio. Fue el cine con la película Las Uvas de la Ira que expuso la realidad que se vivía con miles de familias asentadas en descampados con barracas construidas con cualquier cosa que les pudiera cobijar bajo un techo y comían de mala manera. Por suerte, es de nuevo la industria del séptimo arte que en teoría desarrolla la ficción, la que aterriza en la vida de millones de personas en la España de las maravillas de Alicia. De ésta España, la misma que el gobierno saca pecho, hay miseria y precariedad extremas.
 El techo y la comida es el último eslabón para los desamparados del sistema en esta conmovedora película; (en este enlace puedes ver el trailer) “Techo y Comida”: https://www.youtube.com/watch?v=rM-b1Fc6j6s 
No te la pierdas, es el fiel reflejo de la vida y milagros de aquellas personas que se han visto atrapadas en un sistema sin piedad para los más débiles a los que deja abandonados a su mala suerte, mientras las grandes empresas y las grandes fortunas esquivan a Hacienda con la complicidad del gobierno que se apresura a socorrer a aquellos que no hace puñetera falta que se les dedique ni un solo euro de los fondos públicos. El personaje de Rocío, una madre soltera sin trabajo al que acudir (fantásticamente interpretada por Natalia de Molina), y con un chaval a sus espaldas las pasan canutas. Es una instantánea, una foto fija, mejor dicho una radiografía de lo que pasa adentro de las casas cuando la precariedad es lo único que queda. El director, Juan Miguel del Castillo ha sabido dar con la clave del techo y la comida. Para acompañar a esta campaña electoral que se debatirá del sexo de los ángeles, el jurado de la 60ª Semana Internacional de Cine de Valladolid ha concedido el primer premio de la sección Tiempo de Historia al documental “La granja del Paso” de la directora Silvia Munt. El documental da vida a los sin voz, aquellos que la maquinaria judicial los trincha sin entrar en administrar justicia por desconocimiento del funcionamiento del sistema financiero que los jueces deberían de conocer al dedillo. El problema de los desahucios. Los protagonistas son miembros de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca de Sabadell (Barcelona). El documental aborda su funcionamiento, y la evolución y transformación de las personas que forman parte de la Plataforma. Con este largometraje, Silvia Munt informa a la sociedad sobre el problema que suponen los desahucios cuando se llevan contabilizados, desde que empezó la crisis en 2007, nada más ni nada menos que 600.000. Detrás de estos números hay personas, familias que se han tenido que ir a vivir debajo de un puente; es decir: el documental pone el dedo en la herida, que como se presume pasará sin que apenas se nombre en la fantástica democracia que disfrutamos. No te lo pierdas, tanto Techo y Comida como el documental de Silvia Munt reflejan la realidad de la vida misma, mientras los grandes medios de comunicación nos mostraran con orgullo y satisfacción la parodia dicha por Groucho Marx: “partiendo de la más absoluta pobreza he alcanzado la más altas cuotas de miseria” y mientras tanto, altas dosis del hombre más alto, el más gordo, el …. ¡Viva el capitalismo de pacotilla! ¡Vivan los paraísos bancarios! Ver: Parte I

6 dic. 2015

La campaña que viene (Parte I de II)

Empieza una nueva campaña electoral en el País de Alicia y las maravillas, una democracia virtual en la que se hablará de todo menos de lo que interesa. Sacarnos de encima a los señores del dinero: ni se discute. Unos pocos multimillonarios han ido tejiendo una red de circulación de capitales que debilitó la soberanía de los países. El asunto les llevo su tiempo pero ayudados por el milagro de la tecnología alcanzaron el zenit.
Los que en un principio, en los años de la posguerra, fueron paraísos fiscales, en poco tiempo, con la llegada de los ordenadores, los satélites y el desarrollo de los mercados financieros, se transformaron en paraísos bancarios. La liberación de los mercados transformó los paraísos fiscales en paso obligado de los capitales, cualquiera que sea su origen. Pero centrémonos en el punto de vista del ciudadano sujeto a la renta del trabajo: No tiene escapatoria, está atrapado en una fiscalidad que lo tiene pillado, asido a una declaración que se mira con lupa. Bajo este prisma, el ciudadano de la calle, puede pensar que las rentas del capital están sujetas a un control todavía más agobiante por la cuantía del volumen que mueven. Santa inocencia: no es así. Pero, y este si es uno de los peros malditos, a los bancos, las multinacionales, las grandes empresas y a los grandes potentados se les pone la alfombra roja para que alegremente y sin molestias puedan evacuar sus obligaciones fiscales fuera del territorio nacional mientras el país se endeuda y se recortan prestaciones sociales. La millonada entregada a los bancos fue en concepto de préstamo y ocho años después, cuando declaran sabrosos beneficios, nadie del gobierno de turno le reclama que empiece a devolver el dinero. No obstante, todo se salda con más deuda y más recortes sociales. Años atrás, a esta practica evasiva, respecto a la fiscalidad, de bancos y multinacionales se fue añadiendo toda una caterva de empresas y próceres que decantó la balanza a un solo lado. No le quedó otro remedio, a la clase política, que impulsar la fiscalidad hacia los impuestos indirectos, aquellos que pagan lo mismo los ricos como los pobres. El consumismo lo aguantaba todo hasta que llegó un día que el paro apareció como un sarampión. La recaudación, por parte del Estado, de los impuestos del trabajo cayó en picado y encima, durante un tiempo, se tenían que aportar fondos para cubrir el desempleo. Al incrementarse el paro descendió el consumo, a menor consumo menos puestos de trabajo. La espiral descendiente solo tenía una doctrina: reducir el gasto público en los presupuestos nacionales. A pesar de los inconvenientes que supuso para los políticos las protestas y manifestaciones los paraísos fiscales continuaron como si la madre de todas las crisis no fuera con ellos. Todo se soportó para no contrariar a los señores del dinero. En 2008, cuando la banca mundial echo mano a las arcas públicas, el presidente Nicolas Sarkozy puso el grito en el cielo: “Es necesario refundar el capitalismo”. La noticia dio la vuelta al mundo. Los mandatarios y gobiernos de occidente, sin mostrar signos de aprobación explicita sintonizaron de la misma actuación teatral. De inmediato, aconsejados por sus asesores, en urgentes apariciones públicas juraron en arameo que había que tomar medidas. Se esforzaban en manifestar que habían actuado en estricta legalidad de sus funciones, prueba de ello consistía en la uniformidad de las decisiones tomadas en todas las cancillerías europeas y por el Gobierno de los Estados Unidos. Días después ni una sola palabra sobre la existencia de los paraísos fiscales que estaban diseñados para la ocultación de capitales que sin control ni tasa alguna habían acumulado el suficiente dinero para estrangular la economía. No hemos llegado al gran batacazo del capitalismo por casualidad, algo ha fallado y estrepitosamente. Centenares de preguntas quedan por resolver, empecemos por la primera: ¿Para qué necesitaba el sistema capitalista los paraísos fiscales? Quizás, una de las respuestas la podemos encontrar en los banqueros luxemburgueses que a través de la una 'Asociación de Bancos' descaradamente se pronunciaron: “El atractivo de la plaza luxemburguesa seguirá siendo importante mientras los medios que dispone la justicia sean tan débiles”. La justicia es competencia de los Estados, y no hubo gobierno en el mundo mundial que le echara mano. Pero hay más ¿Quién permitió que todo este desbarajuste continuara?: la opacidad era la palabra clave. Las Islas Caimán pertenecen a la Corona Británica. Su gobernador, así como su ministro de Justicia, es nombrado desde Londres; El Reino Unido tenía por tanto la facultad de poner fin al laissez-faire en su colonia, pero no hicieron nada al respecto. Así mismo, desde el punto de vista financiero, el archipiélago es una dependencia norteamericana; la mayoría de los bancos offshore de las Islas Caimán están dirigidos, de hecho, desde Wall Street. Washington podía también poner fin a los trapicheos offshore. Pero nadie movió un dedo. No estallamos porque todavía no somos conscientes de lo que esta pasando, se perciben síntomas, pero intuimos, más bien queremos creer, que ya hemos tocado fondo y la cosa no va a ir a más. Sólo con el conocimiento real de la situación se puede responder a la amenaza que anda agazapada y toda una caterva de intereses muestran el disimulo de que nada grave puede ocurrir: la situación está controlada. ¿Entonces, como es que casi uno de cada cuatro personas, que van por la calle en edad de trabajar, están en paro? Esto ya no es desconocimiento de la situación, esta ahí a la vista de todo el mundo, así y todo la gente parece como paralizada por la picada del mosquito del sueño. De cuatro millones de parados, se decía que nunca llegaríamos a cinco y los pasamos en cohete. Es insoportable, es del todo necesario mirar sobre la tapia, ese muro impenetrable de la información donde se cuecen las habas. España, de facto, está intervenida, desde luego no al estilo de Grecia, Portugal o Irlanda que como ficha de dominó no tienen fuerza de provocar la caída de la siguiente ficha. España y su endeudamiento se lleva por delante el sistema euro y todo bicho financiero a millas de distancia. ¿Qué hacer? A disimular toca. El país entero, cuando conozca la verdad de lo que ha ocurrido, se llevará las manos a la cabeza y exigirá no solo responsabilidades políticas si no responsabilidades penales. Puede parecer una exageración, pero puedo asegurar que miles y miles de millones han pasado de la deuda privada de los bancos a la deuda pública a cargo del populacho. En esta campaña para las Elecciones Generales del 20 de diciembre las mentiras se redoblan, los del PP tratan de evitar el “consejo de guerra” por lo que han hecho a las espaldas de los ciudadanos, el PSOE ya quedó retratado cuando se apresuró a cambiar la sagrada Constitución para que primero se pague la deuda que se asista al populacho, y lo que viene de nuevo se ve a una legua: que Ciudadanos esta patrocinado por el IBEX-35 quedan a la vista de las promesas electorales; los de Podemos, esto es lo que hay. No obstante, el cabreo va por barrios y mientras unos lo vemos venir otros, la gran mayoría, los tienen distraídos con la propaganda mediática de que todo va bien y todavía podrá ir mejor. Mientras la irresponsabilidad de los políticos, y su comilona hasta atiborrarse en el restaurante de la glotonería, nos han llevado a esta grave crisis que afectará, en un antes y después, a un batacazo que pasará a los anales de la historia. Lo peor no es que nos traten como imbéciles y nos engañen como tontos del culo, lo peor, e igual tienen razón, es que todavía una buena parte de la población confía en que los mismos que nos han llevado al pozo, y nos dejan tirados, van a ser los mismos que se sacrifiquen por sacarnos de él. ¿Es razonable confiar en esa panda de corruptos? Te puedes morir si esperas que el Estado te eche una mano. Por suerte la industria del cine ha pasado de producir películas comprometidas como Los lunes al Sol con el desempleo de por medio a aterrizar con películas y documentales que muestran la cruda realidad de la vida para aquellos que la suerte les ha dejado de sonreír. Ver: PARTE II


Hollywood & el 'Pentágono'. (Parte II de II)

Tanto Hollywood como el Pentágono salen mutuamente beneficiados de esta relación. Mientras Hollywood produce películas taquilleras y sus directores y productores medran profesionalmente el Pentágono, por su parte, dirige la oferta cultural en el ámbito del entretenimiento de cara a mejorar su imagen pública, aumentar el número de reclutas y mantener alta la moral de su personal. En cualquier caso el Pentágono, como una institución del gobierno federal, desarrolla una labor para la que constitucionalmente no está facultado, de manera que otorga su apoyo y ayuda, generalmente con un coste económico irrisorio cuando no inexistente, a aquellas producciones cinematográficas que le resultan favorables mientras se lo deniega a aquellas otras que no se adaptan a sus intereses ni a su estrategia publicitaria. Este tipo de práctica constituye una vulneración de la Primera Enmienda a la constitución de los EEUU, de forma que se da una discriminación hacia aquellas películas que ofrecen un punto de vista que no es del gusto del Pentágono.
Día de estreno de la Guerra de las Galaxias
El Pentágono se vale de sus enormes recursos materiales, económicos, humanos, tecnológicos y financieros para apoyar aquellas producciones cinematográficas que son de su gusto en función del punto de vista que ofrezcan. Al mismo tiempo los productores de Hollywood tienen acceso a dichos recursos siempre y cuando se plieguen a las exigencias del Pentágono. Para esta tarea el ejército no sólo se ocupa de revisar los guiones y llevar a cabo las negociaciones previas para la adecuación de la producción cinematográfica a las exigencias del Pentágono, sino que también dispone de los mecanismos precisos para asegurarse de que la película se ajusta a los requerimientos establecidos por esta institución. Con este propósito el Pentágono envía a los rodajes a un consejero técnico que ejerce de guardián de sus intereses, quien se ocupa de que los productores cumplan con las condiciones establecidas por el ejército en las negociaciones en materia de producción, y especialmente en lo tocante al guión. Una vez finalizado el rodaje y el montaje la película debe proyectarse ante la plana mayor del Pentágono antes de que sea vista por el público. En la práctica los EEUU no se diferencia en nada sustancial a lo que se hace en Corea del Norte donde la población está sometida a la propaganda gubernamental a través de los principales medios de comunicación. En el caso de EEUU el Pentágono se ocupa de dirigir la oferta de la industria cinematográfica con el apoyo de aquellas producciones que le resultan ideológicamente favorables, y que por ello ofrecen una imagen positiva del ejército y de sus valores. De esta forma impone su propia censura y revisionismo histórico, como trató de hacer con la película Trece Días, o como de hecho logró hacer con Windtalkers y con La tormenta perfecta. En el caso de Trece Días, que versa sobre la crisis de misiles en Cuba, se intentó suavizar la imagen de los mandos militares de la época de Kennedy que eran presentados como unos “halcones” belicistas. Sin embargo, los productores no cedieron e hicieron la película sin la ayuda del Pentágono. En el caso de Windtalkers se produjo una maniobra de revisionismo histórico en la que se modificaron diferentes escenas y se manipularon acontecimientos históricos, como es el hecho de que en la guerra del Pacífico, durante la Segunda Guerra Mundial, se utilizaran cifradores de mensajes navajos que tenían asignados en cada caso un escolta que tenía órdenes expresas de ejecutarlos en caso de que hubiera riesgo de que cayeran en manos enemigas para, así, impedir que el código fuera descifrado por los japoneses. Esto no le gustó al ejército y exigió que cambiara este aspecto desapareciendo de la versión final del guión, aunque hay que decir que no fue lo único que se modificó pues juntamente con ello se hicieron otros cambios con los que se ocultó la brutalidad del ejército americano en el campo de batalla. En cambio en La tormenta perfecta la Fuerza Aérea, en una operación de rescate, suplantó a la Guardia Costera, todo ello para mejorar la imagen del ejército de cara al público para lo cual no se dudó en tergiversar descaradamente hechos históricos. Los casos de películas o series en las que la mano del ejército intervino para modificar el guión y cambiar diferentes aspectos de la producción son interminables. Nos encontramos con Forrest Gump, pero también con la serie de televisión JAG que fue sometida a un profundo saneamiento, o también la serie Supercarrier a la que finalmente se le retiró la ayuda militar debido a las crecientes quejas y demandas de la marina para revisar el guión, lo que dicho sea de paso puso fin a la serie. Otras producciones como Fields of Fire nunca llegaron a realizarse porque el Pentágono, que era el único que podía proveer de los medios necesarios para su rodaje, se negó a colaborar. Tampoco son pocos los intentos del propio Pentágono de impedir la producción de películas que no le satisfacían, como ocurrió con ¡Ataque! del director Robert Aldrich. En general el Pentágono despliega una política llena de censura sobre las películas en las que interviene el ejército, todo ello para crear una imagen favorable a las fuerzas armadas y en la medida de lo posible hacer que dichas producciones se asemejen más a un anuncio publicitario para conseguir reclutas que a una obra artística propiamente dicha. En este sentido el Pentágono supedita la producción cinematográfica a los requerimientos propagandísticos de una institución que trata por infinidad de medios de conseguir nuevos reclutas, y al mismo tiempo mantener elevada la moral de sus integrantes. El Pentágono ejerce sin lugar a dudas una influencia enorme sobre la producción cinematográfica, pero no es la única institución que lo hace ya que nos encontramos con otras agencias gubernamentales, como la propia CIA, que también se encargan de financiar y respaldar de diferentes maneras proyectos cinematográficos y televisivos que ofrecen una imagen favorable de la institución y de sus actividades. Tal es así que desde 2001 dispone de su propio asesor oficial para la industria del cine. A pesar de esto, y tal como venimos afirmando, el Pentágono dispone de unos recursos que no posee ninguna otra agencia gubernamental lo que le provee de una influencia decisiva sobre muchas de las producciones cinematográficas. Asimismo, y debido a estos enormes recursos con los que cuenta, Hollywood siempre manifiesta una actitud colaboradora con el ejército, ya que no puede prescindir de su equipamiento para muchos de sus rodajes, lo que le lleva a aceptar muchas de las modificaciones que el Pentágono introduce en los guiones. Aunque la estrategia propagandística del Pentágono está dirigida al público americano no hay que perder de vista que de un modo indirecto el impacto es mucho mayor, y en modo alguno se circunscribe a la sociedad estadounidense. El carácter internacional de las producciones de Hollywood ha hecho que otras sociedades sean consumidoras de la ideología que destilan las películas en las que ha participado el Pentágono, y que de esta forma se consolide un imaginario colectivo en el que es implantada la ideología nacionalista e imperialista que suele acompañar a este tipo de obras. En cierta medida un logro indirecto de la acción del Pentágono en el terreno cinematográfico no sólo es mejorar su imagen hacia adentro, hacia la sociedad estadounidense, sino también hacia fuera, lo que de alguna manera sirve para justificar la política exterior de los EEUU y con ello su imperialismo. Así es como el Pentágono también consigue generar una imagen positiva entre los miembros de otras sociedades, y a desarrollar cierta simpatía y admiración que en muchas ocasiones conlleva la identificación con la política expansionista de esta potencia imperial. La colaboración entre Hollywood y el Pentágono es poco y mal conocida, aunque dicha colaboración puede deducirse fácilmente de no pocas producciones en las que interviene la institución militar, tal y como suele quedar reflejado en los créditos finales que generalmente nadie se molesta en leer. Sin embargo, esta relación no deja de estar al margen del escrutinio público en tanto en cuanto es llevada a cabo a través de canales secretos o confidenciales, de forma que la actividad de los militares en el terreno cinematográfico queda fuera de los focos de la opinión pública. Por esta razón resulta importante destacar la existencia de esta relación y los términos en los que es llevada a cabo para comprender la intencionalidad que se esconde detrás de las producciones en las que participa el Pentágono, y con ello tomar conciencia del colaboracionismo que se da entre los estudios de Hollywood que no dudan en sacrificar la creatividad artística a los dictados propagandísticos y militaristas del Pentágono. EEUU, que históricamente han sido conocidos en el mundo occidental como el país de la libertad y la democracia, no se diferencia en nada importante de un régimen totalitario, y prueba de ello es el intervencionismo gubernamental, en este caso por medio del Pentágono, a la hora de dirigir la producción cultural. Esta es la misma práctica que se da en regímenes totalitarios como Cuba o Corea del Norte que, a diferencia de EEUU, no disponen del mismo prestigio y poder internacional que la potencia americana lo que a ojos de la opinión pública les hace aparecer como villanos. Sin embargo, la realidad no se divide en blanco y negro como tampoco entre héroes y villanos, de forma que EEUU lejos de ser un país en el que se respeta la libertad de expresión tal y como queda recogido en su Primera Enmienda es un lugar en el que el gobierno favorece abiertamente aquellas opiniones que le resultan más favorables, no diferenciándose de esta manera de la práctica desarrollada por las restantes tiranías totalitarias. Texto: Esteban Vidal. Ver: ''Parte I''. 


Hollywood & el 'Pentágono'. (Parte I de II)

El ejército constituye una institución que por regla general es esquivada en los análisis sobre política y sociedad, todo ello pese a su manifiesta y cardinal importancia en las estructuras de poder estatal y en su influencia sobre la sociedad. Por esta razón conviene recordar una vez más que el papel del ejército es decisivo en tanto en cuanto constituye la columna vertebral del Estado, y por lo tanto su principal sostén en la medida en que garantiza su monopolio de la violencia sobre el territorio de su jurisdicción. Gracias a esto el Estado puede imponer sus leyes y su propio orden que es mantenido por medio de la coerción que le provee el ejército. Digamos que el ejército es lo que define la naturaleza violenta del Estado, el principal resorte de poder que hace que el orden establecido sea mantenido con éxito.
Evidentemente la gran importancia de esta institución y de sus componentes, como son los mandos militares, no ha pasado desapercibida para algunos pocos investigadores que han puesto de relieve el papel dominante que desempeñan tanto en el seno del Estado como sobre la sociedad.
Indudablemente el crecimiento del Estado y el desarrollo de su estructura organizativa central se debe fundamentalmente a la guerra y a su preparación, y por tanto al papel central que han desempeñado los ejércitos tanto para el mantenimiento del orden interno como para la competición exterior con otras potencias. Estructuralmente el ejército ocupa una posición estratégica en el entramado de poder del Estado, pero precisamente debido al desarrollo de la organización central del Estado se ha visto parcialmente limitado por la aparición de diferentes departamentos ministeriales, y con ello su peso político en el seno del Estado se ha relativizado. En cualquier caso nada de esto ha implicado que ejerza una enorme influencia sobre el conjunto del Estado, y que esa misma influencia se proyecte sobre una multitud de ámbitos que no se circunscriben exclusivamente al terreno militar.
En los EEUU el régimen constitucional y parlamentario que establecieron los padres fundadores a finales del s. XVIII, con sus pesos y contrapesos institucionales, y con otras medidas constitucionales dirigidas a mantener una neta división de poderes que hiciera imposible la emergencia de un poder que concentrara y controlara a todos los demás, no ha hecho imposible que finalmente el ejército, encarnado por el Pentágono y el Departamento de Defensa, haya alcanzado un tamaño descomunal y un peso político decisivo no sólo en las estructuras estatales sino también sobre el conjunto de la sociedad estadounidense. Esto es en gran parte el resultado del proceso histórico que han seguido muchos otros países en el que la guerra ha sido el principal elemento impulsor del desarrollo y crecimiento del ejército, y con ello también de la organización burocrática. En lo que ataña a los EEUU, la Segunda Guerra Mundial fue un momento decisivo en la historia de este país al haber supuesto su definitiva industrialización y rearme que permitió el surgimiento de un inmenso complejo militar-industrial, con una vasta burocracia, que se adueñó del gobierno de la nación. Indudablemente el escenario de la guerra fría contribuyó de manera sustancial a mantener una sociedad y una economía hechas por y para la guerra, lo que se unió a la permanente amenaza, ideológica y militar, que constituía la Unión Soviética como segundo polo de poder en el sistema internacional. De lo que no cabe duda es de que este cúmulo de circunstancias sirvieron para que el Pentágono, como un nuevo y pujante poder dentro de la administración federal, concentrase una inmensa parcela de poder con la que ha dirigido tanto la política exterior como interior de los EEUU.
En tanto en cuanto el ejército de los EEUU ha visto incrementado su poder, con unos abultados presupuestos y una poderosa burocracia a su servicio, también ha desarrollado su intervención sobre ámbitos que tradicionalmente no han sido considerados como competencia de las fuerzas armadas. Nos encontramos con que el desarrollo modernizador de los Estados y de los ejércitos ha creado un nuevo contexto político, social y cultural en el que la influencia militar, y consecuentemente también del militarismo, se ha hecho sentir sobre multitud de ámbitos como ocurre con el sistema educativo. En lo que a esto respecta no es nada desconocido la gran cantidad de recursos que el Pentágono dedica al I+D+i, y que constituye una inmensa fuente de ingresos para multitud de universidades que desarrollan diferentes programas de investigación. También hay que decir que esto no es exclusivo de los EEUU, y que en otros países los ejércitos también hacen sentir su influencia sobre el sistema educativo con el propósito de mejorar su imagen y captar nuevos reclutas. En lo que a esto último se refiere son reseñables los programas que el ejército español mantiene con diferentes centros educativos, y que se concretan en charlas divulgativas de oficiales en dichos centros, visitas a instalaciones militares, estancias en unidades militares, etc.
Lo que tal vez sea menos conocido es el hecho de que existe una estrecha colaboración entre la industria cinematográfica USA, radicada en Hollywood, y el Pentágono. Tradicionalmente suele tenerse una idea bastante sesgada de Hollywood como si se tratase de un hervidero de liberales e izquierdistas. No cabe duda de que el estilo de vida de muchas de las estrellas de cine puede llevar a engaño y dar la impresión de que Hollywood no es precisamente un entorno favorable para los militares y sus ideas. Pero a nada que se profundice un poco en las producciones de Hollywood cualquiera puede darse cuenta enseguida de que existe una más que patente relación entre la industria cinematográfica y el complejo militar-industrial. Esto no deja de ser el reflejo de una fructífera relación entre Hollywood y el Pentágono que ha granjeado a ambas partes importantes y suculentos beneficios.
La relación entre Hollywood y los militares data de muy antiguo, y se remonta hasta los mismos inicios de la industria del cine con la participación del Departamento de Guerra en la producción de la película Wings en 1927 que, dicho sea de paso, fue la primera en ganar un premio Óscar. Pero si la relación entre Hollywood y el Pentágono ha pasado desapercibida ello se debe sobre todo a que ha sido llevada con suma discreción, y en muchos casos en el más riguroso secretismo. Sin embargo, el Pentágono se ha valido de la existencia de una pujante industria cinematográfica en suelo americano para mejorar su imagen pública, propagar el militarismo y el nacionalismo, y de este modo también captar nuevos reclutas. Para esta labor el propio Pentágono tiene su oficina de enlace con la industria cinematográfica, con delegaciones en Los Ángeles. Es preciso hablar en plural porque cada rama del ejército tiene su propia oficina de relaciones públicas que se ocupa de colaborar con las productoras de cine, con lo que se trata de un universo burocrático bastante más amplio de lo que inicialmente pudiera pensarse.
En la medida en que los diferentes productores y directores de cine han necesitado material y personal militar para rodar sus películas han acudido al Pentágono para pedir ayuda, y de esta manera conseguir el material, apoyo logístico, asesoramiento, etc., necesarios con los que desarrollar las grandes y multimillonarias superproducciones cinematográficas, tan cargadas de realismo, que tan bien se cotizan en el mercado mundial de la industria del entretenimiento. Pero la ayuda que el Pentágono presta a los estudios de cine no es gratuita ya que está sujeta a unas condiciones para que puedan contar con la colaboración del ejército. Así, la cooperación militar en películas comerciales únicamente puede autorizarse en tres supuestos concretos: cuando dicha cooperación resulta alentadora para la moral de los miembros del servicio implicado, cuando se presente información sobre el servicio militar al público general, y cuando dicha cooperación potencia el reclutamiento de las fuerzas armadas. Estas condiciones son las que permiten al Pentágono intervenir en el proceso de producción cinematográfico en el que la obra artística queda sujeta a sus requerimientos de imagen e intereses.
En tanto en cuanto los estudios cinematográficos requieren de la colaboración del Pentágono para llevar a cabo muchas de sus producciones en las que intervienen los militares, o es precisa la presencia de armamento y recursos militares, se ven obligados a solicitar la ayuda de esta institución para ahorrarse importantes cantidades de dinero en sus presupuestos. Evidentemente el Pentágono pone sus condiciones para prestar su ayuda y generalmente los estudios se pliegan a sus dictados. De esta manera los guiones son ajustados a los criterios que el Pentágono maneja para este tipo de producciones, todo ello con el objetivo de mejorar su imagen pública para por un lado mantener alta la moral de sus integrantes, y así conservar a su propio personal, y por otro para difundir valores castrenses vinculados al nacionalismo y al patriotismo con el objetivo de ganar nuevos reclutas para las fuerzas armadas. En el proceso de producción el Pentágono supervisa y controla la elaboración del guión, y censura aquellas partes que considera perjudiciales para su imagen pública al mismo tiempo que hace sugerencias para la introducción de elementos que revaloricen públicamente a las fuerzas armadas, y que con ello mejoren su imagen para captar reclutas y ganarse la simpatía del público.
No son pocas las producciones cinematográficas que han sido sometidas a un proceso de saneamiento en el que han sido censurados personajes, líneas de diálogo, escenas, etc., que contravenían los intereses del ejército, todo ello bajo la amenaza de negar a las productoras su colaboración en los proyectos comprometidos. Debido a que el Pentágono aporta subvenciones a las películas comerciales con las que decide colaborar, pero también facilita el acceso a instalaciones militares o proporcione tanques, aviones, barcos o submarinos, pero también el apoyo logístico en todo tipo de cuestiones como el despliegue de equipos militares, el desarrollo de efectos especiales que también sirven para el entrenamiento de las tropas, etc., tiene una poderosa capacidad de influir sobre los estudios cinematográficos a la hora de producir una película o una serie.
Todo lo anterior explica que los servicios secretos militares hayan desarrollado estrechas y muy fructíferas relaciones profesionales con diversos directores de cine, tal y como ocurrió con 'Boinas Verdes' de John Wayne en 1968 en la que todo el material militar fue sufragado por el ejército. Cabe decir en lo que respecta a esta película que fue en toda regla un anuncio propagandístico de la administración de Johnson para apoyar, y en definitiva justificar, la guerra de Vietnam, al mismo tiempo que para conseguir nuevos reclutas. En general la aspiración del Pentágono en relación a la industria cinematográfica es orientar las producciones de tal forma que desempeñen una labor propagandística, y sean en última instancia anuncios publicitarios de las fuerzas armadas para el reclutamiento. Esto explica que 'Top Gun', dirigida por Tony Scott, fuera producida y aprobada por el ejército, de tal manera que aumentó hasta un 400% el número de jóvenes que se alistaron a la aviación naval, lo que despertó el entusiasmo del ejército hasta el punto de organizar eventos de reclutamiento en las salas de cine. La propia película dejó su huella en la industria del cine militarista en tanto en cuanto producciones posteriores introdujeron en sus historias misiones militares con personajes y códigos de Top Gun. Texto: E. Vidal. Pronto PARTE 2. 

3 dic. 2015

Los creadores de monstruos

En 1818 Mary Shelley publicó su novela “Frankenstein o el Moderno Prometeo”. En ella el Dr. Víctor Frankestein creaba una criatura con restos de cadáveres a la que daba vida con electricidad. Su creación le produjo tal horror que se alejó de ella, quien desapareció de su vida hasta que murió misteriosamente su hermano. La criatura volvió a su creador y le contó que había sido rechazada por su aspecto monstruoso, y exigió a Víctor Frankenstein que le creara una compañera para mitigar su inmensa soledad (no ovidemos que se trata de una novela romántica). Víctor Frankestein lo intentó pero no se atrevió a concretarlo, y la criatura en represalia asesinó a su familia y amigos. Víctor Frankestein siguió a su criatura al Polo Norte, intentando asesinarla, murió antes de lograrlo y allí es que la criatura se autodestruye ante la muerte de su creador. La novela intentó ser una reflexión sobre la condición humana y sobre los peligros de la triunfante ciencia. Cuando Hollywood tomo el tema en 1931, ya allí el monstruo tuvo un aspecto terriblemente amenazador (interpretado magistralmente por Boris Karloff) y nació siendo asesino, generando desde el principio una lucha a muerte con su creador.
 En la modernidad, algunos se han convertido por voluntad propia en creadores de monstruos. El Departamento de Estado y las Agencias de Inteligencia de los Estados Unidos, luego de la Segunda Guerra Mundial, sembraron alrededor del mundo diversos monstruos destinados a defender sus intereses geopolíticos. Algunos de esos monstruos (Los Somoza, los Batistas, los Trujillos) fueron útiles a sus creadores hasta que fueron desplazados del poder, aunque las acciones de algunos de ellos les acarrearon a aquellos finalmente grandes dolores de cabeza, tales como la Revolución Cubana o la Revolución Sandinista. Pero a partir de cierto momento, los monstruos que creaban fueron convirtiéndose en “Frankesteins” que dejaban de ser útiles a su creador y hasta se volvían contra él. El general panameño Antonio Noriega fue reclutado desde temprana edad por la CIA, quien lo promovió y estimuló a tomar el poder en ese país después de la misteriosa muerte (su aeronave explotó en vuelo) del general Omar Torrijos, quien había llevado un gobierno volcado hacia su pueblo e intentaba independizar su país de la presencia estadounidense. Desde 1983 Noriega condujo los destinos de Panamá, desde allí comenzó siendo útil a las políticas del Departamento de Estado pero luego intentó desarrollar una agenda propia, desafió el poder de sus creadores y su aventura finalizó con una invasión de los EEUU a Panamá en 1989 que provocó miles de muertos civiles, sirvió para probar en el terreno nuevas armas, capturó a Noriega y recuperó la total influencia del Norte sobre el istmo. Noriega fue llevado a los Estados Unidos, condenado por una corte norteamericana y preso durante 19 años en una prisión de ese país, hasta que en 2008 fue extraditado a Francia que lo condenó por narcotráfico.
 Desde los años 70 Saddam Husein se constituyó en un líder indiscutible en su país Irak. Los Estados Unidos lo apoyaron y le proporcionaron armas y material estratégico para llevar adelante una guerra contra su vecino Irán, que venía obstaculizando las políticas de EEUU en la región desde la caída del Sha y la llegada al poder los Ayatolás. El saldo de esta guerra fratricida fue de cientos de miles de muertos, aunque no produjo ninguna alteración en las fronteras y no hubo vencedor aparente, aunque sí creó graves problemas económicos a Irán. Una vez finalizada la guerra Saddam Husein comenzó a aplicar una política más independiente de las grandes transnacionales petroleras e invadió a su vecino Kuwait cuando este país conjuntamente con los Emiratos Árabes Unidos hicieron una política de producción del petróleo destinada a acabar con la OPEP (viejo objetivo de los EEUU). Con el pretexto de defender a Kuwait, en 1991 George Bush padre ordenó el ataque militar a Irak, junto a una “coalición” de países aliados, destruyó la aviación iraquí y gran parte de su ejército, le obligó a retirarse de Kuwait, mantuvo una zona de exclusión aérea durante años y estableció un embargo que afectó duramente a ese país, aunque Saddam continuó al frente del gobierno. En 1993 Bill Clinton ordenó un ataque con proyectiles a la central de inteligencia irakí, con el pretexto de que había hecho un plan para asesinar al en ese entonces expresidente Bush padre. En el año 2003, George W Bush (hijo) ordenó la invasión a Irak (secundado por varios países adláteres) con el pretexto de que Saddam tenía armas de destrucción masiva que eran peligrosas para Occidente (armas que nunca existieron como se probara posteriormente) Irak fue invadido, devastado, robado su patrimonio histórico, desmembradas sus instituciones y Saddam fue perseguido y condenado a morir en la horca por un gobierno y una justicia irakíes impuestos por EEUU. 
Cuando en 1978 la Unión Soviética invadió Afganistán, un joven saudita perteneciente a una de las más importantes familias de esa monarquía de formación whabita integrista, Osama Bin Laden, fue entrenado por la CIA en técnicas de guerrilla, de terrorismo y de financiación de movimientos clandestinos, para que formara una red de resistencia al ejército soviético. Luego que los soviéticos se retiraran de Afganistán Osama volvió a Arabia Saudita, y cuando Estados Unidos atacó por primera vez a Irak comenzó a resistir su intervención en la región, hasta declararlo abiertamente el enemigo principal del Islam. Organizó en 1989 Al Qaeda para resistir al nuevo enemigo y realizó atentados contra intereses estadounidenses en diferentes países. A partir de allí se convirtió en el enemigo público número uno buscado por la inteligencia de EEUU, sobre todo después que el gobierno de George W Bush le acusara de ser el responsable del episodio de las torres gemelas el 11 de septiembre (que hoy parece haberse demostrado fue un “trabajo interno”). Bin Laden fue durante varios años un fantasma del cual a veces aparecía algún video (que generalmente mostraba a un curioso personaje bastante diferente de la imagen de monstruo omnipotente difundida por Occidente). Varias veces y de fuentes serias (como la entonces primer ministro de Pakistán Benazir Bhutto en 2007) fue anunciada su muerte, pero entonces luego volvía a aparecer algún dudoso video o alguna grabación de voz (que la inteligencia de EEUU siempre afirmaba eran verdaderos) que lo 'mantenía vivo'. Finalmente en mayo de 2011 el gobierno norteamericano de Barak Obama anuncia que una operación militar en Pakistán 'asesinó' a Bin Laden y a su familia. Las “pruebas” de esta operación suministradas por la Casa Blanca fueron siempre muy dudosas, ya que ni siquiera existió un cadáver que mostrar (fue “sepultado en el mar” por las tropas estadounidenses). Luego de casi dos décadas, el “monstruo de Frankestein” pareció dejar de ser una amenaza a sus creadores. En los últimos años parece haber habido alguna variación en la política de creación de monstruos, en lugar de un monstruo individualizado se crean numerosos monstruos más anónimos. Así se hizo en Libia, donde bajo la dirección de los EEUU se financió, entrenó y armó a toda facción que estuviera dispuesta a alzarse contra Moahammed Kadaffi. Luego de arrasar a Libia con 78.000 bombardeos en dos meses realizados por los aliados de EEUU de la OTAN, derrotados por las facciones armadas los restos del ejército libio, capturado y asesinado Kadaffi y provocada la destrucción del Estado que éste había mantenido en una geografía política tribal, solo queda en esa región un archipiélago de facciones armadas que mantienen su poder regional y sus agendas propias. Tan propias que hace poco ha trascendido que la muerte de diplomáticos norteamericanos en Libia no fue responsabilidad de terroristas como se afirmaba, sino del capricho de una de esas facciones. Los pichones de monstruos también son Frankenstein. La historia se repite en Siria. Promover, financiar, armar y entrenar a todo aquel que esté dispuesto a combatir al gobierno sirio de Bashar al Assad ha provocado, luego de los progresivos triunfos militares de las fuerzas armadas oficiales, que las armas y el poder de la “resistencia” hayan quedado en manos de las facciones fundamentalistas islámicas yihadistas (alrededor de Al Qaeda) que siguen siendo un declarado enemigo de los EEUU. Finalmente, hoy le toca el turno a Ucrania. Dentro de la estrategia geopolítica mundial de Estados Unidos de aislar a la cada vez más poderosa Rusia de Putin, y por supuesto a la casi indetenible China, Ucrania constituye una pieza fundamental del dominó del poder. Bajo la conducción europea (que cada vez más está dispuesta a ser quien hace el trabajo sucio a los intereses de EEUU) se han promovido los movimientos de oposición al gobierno electo de Yanukovich y progresivamente el apoyo se ha desplazado desde la oposición puramente política a los grupos más radicales. El abierto apoyo al “Pravy Sektor” que agrupa a la extrema derecha (fascista) incluye a partidarios de “Svoboda” (Libertad), “Patriotas de Ucrania, Asamblea Nacional Ucraniana–Autodefensa Nacional Ucraniana (UNA-UNOS) y “Trizub”, todas organizaciones que comparten una ideología común que es vehementemente antirrusa, antiinmigrantes y antijudía. En un intento de arrancar a Ucrania de la esfera de influencia rusa, la alianza EE.UU.-UE-OTAN se ha unido, y no es la primera vez, con los fascistas. Es previsible que se repita el “efecto Frankenstein” aquí también. Que los patrocinados por el Departamento de Estado, la derecha norteamericana y las agencias de inteligencia lleven adelante una agenda propia que no solo se separe sino que pueda llegar a ser directamente contrapuesta los intereses estadounidenses. En definitiva, la política de crear monstruos para defender los intereses de EEUU no sólo se ha vuelto totalmente inefectiva, sino que ha llegado a generar factores que amenazan la propia “seguridad nacional” del imperio. Lo curioso es que quienes manejan estas políticas parecen haberse vuelto oligofrénicos. Su única respuesta frente al cada vez más sistemático fracaso parece ser la tradicional huída hacia adelante: más de lo mismo. Es posible  que este sea otro síntoma más de la progresiva desintegración del poder imperial de EEUU en el mundo, de su indetenible crisis interna. Así lo creemos muchos de quienes hace tiempo nos oponemos a sus designios coloniales. Texto: Miguel Guaglianone. Ver: El Terrorista

El persistente nacional catolicismo

Estamos viendo hoy en España una avalancha de políticas públicas de clara orientación ultraliberal que están dañando el bienestar y calidad de vida de la ciudadanía. Estas políticas incluyen recortes del gasto público social que están empobreciendo e incluso desmontando el ya escasamente financiado Estado del Bienestar español, uno de los que tiene el gasto público social por habitante más bajo de la Unión Europea de los Quince (UE-15), el grupo de países de la UE de semejante nivel de desarrollo al de España. Estos recortes van acompañados de reducciones sin precedentes de derechos laborales, sociales e incluso políticos, afectando muy negativamente a la calidad del sistema democrático (ya en sí, uno de los menos desarrollados en la UE-15). Hoy se están revertiendo las conquistas sociales que se habían conseguido durante el periodo democrático postdictatorial, siendo el caso más llamativo el de la eliminación de los derechos de la mujer de controlar su propio cuerpo, una de las conquistas más significativas alcanzadas por el movimiento feminista en España. Nunca antes, durante el periodo democrático, se había visto un ataque tan frontal al bienestar de la población y, muy en particular, de las clases populares, y, sin embargo, el partido político responsable de llevar a cabo tales políticas ganaría las elecciones legislativas hoy según muchas encuestas, en caso de que estas se convocaran. Ni que decir tiene que ha sufrido un descenso en su apoyo electoral, pero lo sorprendente es que continuaría ganándolas, un caso único en la Unión Europea, donde la gran mayoría de partidos gobernantes que han impuesto estas políticas de austeridad y reducción  de derechos laborales y sociales han sufrido enormes descalabros y perdido las elecciones. Es, pues, paradójico que el partido gobernante español, que ha sido el partido que ha aplicado políticas más duras y políticas sociales más reaccionarias (no hay otra manera de definirlas), todavía cuente con el considerable apoyo popular que tiene. ¿Por qué?

La continuidad del nacionalcatolicismo

Para responder a esta pregunta hay que remontarse a un debate que ha tenido lugar sobre la naturaleza del sistema dictatorial que existió en España desde 1939 hasta 1978, y de la Transición de aquel sistema dictatorial al actual democrático. Este debate sobre la naturaleza de aquel régimen dictatorial ha sido entre politólogos, habiendo sido considerado por muchos de ellos (siendo el más prominente el Profesor de Ciencias Políticas de Yale, EEUU, el Sr. Juan Linz) como un sistema autoritario pero no totalitario, entendiéndose por esto último un sistema claramente ideológico que intentaba configurar todas las dimensiones del ser humano. Según la interpretación del Profesor Linz y sus seguidores, el régimen dictatorial no era totalitario. Era meramente autoritario, es decir, su objetivo era primordialmente reproducir, siguiendo medidas autoritarias, incluso coercitivas, el orden social existente, sin desear configurar la ideología y manera de ser de la sociedad. Frente a esta interpretación había los autores –incluyéndome a mí- que señalábamos que el régimen era mucho más que autoritario: era totalitario, es decir, que intentaba abarcar y configurar todas las dimensiones del ser humano, a través de una ideología totalizante que normativizaba la gran mayoría de las actividades humanas, desde el sexo hasta el lenguaje que la ciudadanía utilizaba, y ello lo hacía a través de la promoción de una ideología que entraba en todos los entresijos del orden social.
Dicha ideología incluía un nacionalismo extremo, dominante, y que era percibido como asfixiante para cualquier otra visión de España distinta de la que tuviera el orden dominante. Este nacionalismo iba acompañado de un catolicismo enormemente fundamentalista y conservador, y sumamente intervencionista en todas las esferas de la actividad humana. Este nacionalcatolicismo invadía todas las dimensiones de la sociedad. Frente a esta interpretación de la dictadura como régimen totalitario, el Profesor Linz y otros autores, sostenedores de la tesis de que el régimen era meramente un régimen autoritario, contestaban que, si bien era cierto que el nacionalcatolicismo podría haber imbuido aquel régimen muy al principio de su existencia, esta característica desapareció, convirtiéndose en un régimen meramente autoritario.

El nacionalcatolicismo durante el periodo democrático

Pues bien, la realidad muestra que no solo el nacionalcatolicismo configuró aquel régimen, sino que esta ideología ha permanecido durante el periodo postdictatorial como la ideología dominante en los mayores medios y fórums del establishment español conservador. Ni que decir tiene que la cultura política y mediática en el país ha cambiado mucho y los elementos progresistas de la cultura, apoyados por las fuerzas progresistas del país, han conseguido cambios notables. Pero la estructura ideológica dominante, reproducida en el establishment político-mediático-económico y cultural español, es una evolución del nacionalcatolicismo, que adquiere mayor prominencia en la cultura de las derechas españolas, las cuales, en el abanico político del espectro europeo, equivalen a las ultraderechas. No hay diferencias notables en la cultura política entre las ultraderechas españolas y las europeas y estadounidenses (como el Tea Party, por ejemplo). Las derechas del establishment español conservador son herederas de las derechas gobernantes durante la dictadura.
Y su comportamiento –desde sus tics autoritarios, su falta de sensibilidad democrática, su tolerancia cuando no participación en la corrupción (rampante durante la dictadura), su nacionalismo españolista, su catolicismo reaccionario– es continuista con el de las derechas del régimen dictatorial. Naturalmente que hay algunas peculiaridades que las distinguen. Hoy, por ejemplo, las ultraderechas en Europa están, en general, en contra de la Unión Europea y del euro, mientras que el Partido Popular está a favor, siendo uno de sus mayores promotores. Ello se debe a que la articulación de la ultraderecha española con la gran patronal (tanto financiera como industrial) es más intensa en España que en los otros países. Pero en la mayoría de las políticas económicas y sociales, las semejanzas son más intensas que las diferencias. Definir a este partido, como hacen la mayoría de medios en España, como de centroderecha es una manera incorrecta de definir su orientación política (si consideramos el panorama europeo como el punto de referencia). Lo que llama la atención es que este nacionalismo españolista es el único en España que no se considera nacionalista. Niega la plurinacionalidad de España –una de sus características-, presentándose con distintas variedades, desde la extrema –muy común en la Iglesia Católica y el Ejército- a la más moderada –que aparece en gran número de medios de comunicación y persuasión con sede en la capital del reino, Madrid. La mayor parte de este nacionalismo va acompañado de la versión católica profundamente conservadora, aunque existe también en nacionalismo españolista no católico, como es el C’s y UPyD, que no tiene nada que envidiar al nacionalismo extremo. C’s y UPyD representan también el nacionalismo extremo (de sensibilidad económica liberal), y son los aliados naturales del PP.
En realidad, algunos de sus portavoces en Catalunya proceden de la extrema derecha. Este nacionalcatolicismo o su rama meramente nacionalista tiene todavía una enorme capacidad de movilización, pues paradójicamente las fuerzas políticas que se identifican con él se presentan como las más “patrióticas” (y digo paradójicamente porque han sido responsables de las políticas públicas que han dañado más a las clases populares de este país). Este “patriotismo” que define a todos los que tienen otra visión de España como antiespañoles es hegemónico en grandes sectores del territorio central del país. La población, incluidas las clases populares, es fácilmente movilizada a nivel electoral, pues sus sistemas de influencia continúan inalterados. Son incluso las mismas capas sociales, herederas del régimen anterior, las que continúan dominando el Partido Popular, clases muy provincianas, de escasísima cultura democrática (o cultura en general) y de limitadísima experiencia internacional.

El enorme error de las izquierdas

Las izquierdas españolas se adaptaron a este sistema, y no cuestionaron la hegemonía que este pensamiento tenía y todavía tiene en la cultura del establishment español. Ni que decir tiene que tuvieron lugar avances considerables. Pero las izquierdas no presentaron una visión plurinacional y laica, alternativa a la dominante. Se me dirá, con razón, que mucho se consiguió en el periodo de gobiernos socialistas en el avance de los derechos sociales, políticos, y laborales. Pero en el terreno cultural –un terreno clave para configurar la subjetividad popular- el cambio fue muy limitado, en parte debido al enorme control que las fuerzas conservadoras tenían y continúan teniendo de los medios de información y persuasión. Las autoridades responsables de la política cultural de los gobiernos socialistas, incluido el ministro Jorge Semprún, no tuvieron como objetivo cambiar radicalmente la cultura hegemónica del país. Ha contribuido a ello que España sea uno de los países con unos medios más derechizados y con menos diversidad ideológica de la UE-15. Y ahí está el meollo de la cuestión. Es sorprendente la falta de atención de las izquierdas hacia este punto, situación que podrían haber resuelto si hubiera habido conciencia del problema y voluntad política de resolverla. El caso de la inviabilidad económica del diario Público es un ejemplo de ello. En contra de lo que constantemente se lee, Público dejó de publicarse en papel porque no tuvo apoyo entre las instituciones progresistas del país. Si los movimientos sociales como los sindicatos y los partidos progresistas lo hubieran apoyado, hoy este diario (el único que existía de izquierdas en el país) continuaría dando una visión de izquierdas en España. Como consecuencia, hoy existe en España un dominio casi absoluto de los medios por parte de una ideología nacionalcatólica ultraconservadora que, tanto en su versión original como en su deriva exclusivamente nacionalista, domina el sistema reproductor de valores, y que, respondiendo a los intereses económicos que la promocionan, es neoliberal en sus políticas económicas. No es de extrañar que el gobierno central español esté utilizando su nacionalismo (negando que sea nacionalismo) para atacar a los “nacionalismos periféricos”, a los que define como la anti España, ocultando así el enorme ataque frontal al Estado social que está realizando, y está siendo exitoso en este empeño. Texto: Vicenç Navarro. Ver: LAICIDAD Y PENSAMIENTO

2 dic. 2015

¿Y si descendiéramos de las polillas?

Corremos, corremos siguiendo cada luz, cada señal que creemos ver. Seguimos un instinto que nos dice que esta vez es la buena, que por ésta sí vale la pena el esfuerzo, que será la definitiva, la que nos acercará a nuestro objetivo final de un mundo donde  nadie tenga la oportunidad de situarse por encima de nadie para dirigir su vida.
Parecemos como esos insectos voladores, esas polillas que cuando llega el verano ven cómo aparecen de repente cantidad de puntos de luz que les atraen irremediablemente para acabar cruelmente achicharradas para regocijo del personal congregado. Exactamente esa es la sensación que tengo muchas veces. Así me sucede cada vez que nos encienden las luces en forma de trozo de tela, agitando un sentimiento nacionalista (me da igual de qué nacionalismo hablemos) que nos va a llevar a una sociedad mejor porque, al parecer, la solución a todos nuestros males radica en situar unas fronteras aquí o allá y en reafirmarnos como ciudadanos de tal o cual país. También me sucede cada vez que se acerca una convocatoria electoral y a la gran mayoría le entra el recurrente anhelo de tomar el poder a través de las urnas y montar no sé qué revolución desde el gobierno, para a renglón seguido empezar a quejarse de toda esa gente que no ha votado (o no ha votado su opción) y ha imposibilitado el verdadero cambio. Ahora me vuelve a suceder, el poder nos ha encendido la luz de la monarquía y hemos alzado el vuelo como desesperados en pos de la república salvadora. Al igual que con los otros temas, comprendo que haya gente que haya hecho de esto la lucha de su vida y, de una forma sincera, crea que esto es algo por lo que vale la pena luchar. Pero creo que deberíamos hacer un esfuerzo por reflexionar acerca de lo que hay de verdadero cambio a día de hoy en el hecho de sustituir el modelo de Estado. En mi opinión, a parte de dejar de alimentar a una extensa familia de parásitos y dejar de ser de manera formal (que no verdadera porque lo seguiremos siendo) súbditos, nada más nos traería la tan ansiada república. Estoy seguro que con esto nos volveremos freír al calor de la luz que el poder nos enciende. Estos son sólo algunos ejemplos, se podría hablar de muchos más. Todas estas luces que nos encienden son muy potentes, tienen una capacidad de atracción muy elevada pero sobre todo tienen una característica esencial: todas están encauzadas y dirigidas dentro del ámbito institucional, todas forman parte de esa afirmación sistémica: que la democracia está en las urnas y en las instituciones que éstas se encargan de legitimar y mantener. Son luces escogidas y alentadas con la inestimable participación de los medios de desinformación para darles la apariencia de revolucionarias y antisistémicas; cuando lo cierto es que lo único que pretenden y consiguen es encauzar la atención y la energía de mucha gente que siente que esta vida no es la que quieren vivir. A pesar de todo esto, no podemos dejarnos cegar por tanto destello, existen verdaderos focos que merece la pena mirar y acercarse a ellos, así como defenderlos frente a las constantes agresiones que sufren. Una muestra de iniciativas que realmente son consideradas peligrosas por el sistema y, sólo hay que fijarse un poco en la respuesta por parte del Estado, son los centros sociales autogestionados. En los últimos tiempos se ha desatado una campaña de persecución y desalojo* de este tipo de iniciativas (en realidad siempre ha existido esta represión contra los centros sociales pero últimamente se ha incrementado de manera ostensible) que ya me gustaría que tuviera la misma respuesta por parte de la gente que cuando nos encienden una luz de las que hablaba anteriormente. Este tipo de planteamientos sí que preocupan y mucho al poder. Personas que deciden optar por la auto organización en lugar del seguimiento al líder, optar por la justicia en lugar de la legalidad, optar por el bien común en lugar del lucro individual. El poder trata de enmascarar todo esto con sus campañas difamatorias aludiendo a los tópicos de que todos son una banda de drogadictos, delincuentes, etc. Sin embargo la respuesta a cada desalojo por parte del entorno más próximo a los centros (es decir, por parte de las personas que están vinculadas y los consideran como parte de su vida social) nos hace ver lo lejos que se sitúa la realidad de los relatos de ficción con que nos bombardean los medios. Es necesario que las gentes que realmente sienten la necesidad de construir un mundo nuevo justo y sin explotación de ninguna clase empiecen a discernir entre tantas luces que alumbran porque son muy pocas las que no acabarán por quemarnos. Ver: Imaginación al poder


25 nov. 2015

Análisis de un 'eslogan'.

El lenguaje empresarial es un lenguaje por definición puramente comunicativo: los “lugares” donde se produce son los lugares en donde se “aplica” la ciencia; es decir, son los lugares del pragmatismo puro. Los técnicos hablan entre sí con una jerga especializada, aunque estricta y rígidamente comunicativa. El canon lingüístico vigente dentro de la fábrica tiende a expandirse posteriormente también fuera: está claro que los que producen quieren tener con los que consumen una relación comercial absolutamente clara. 

Hay un solo caso de expresividad –pero de expresividad aberrante– en el lenguaje puramente comunicativo de la industria: es el caso del eslogan. El eslogan tiene que ser expresivo para impresionar y convencer, aunque su expresividad es monstruosa porque inmediatamente se vuelve estereotipada, y se fija con una rigidez que es precisamente lo contrario de la expresividad, que cambia constantemente y que ofrece una interpretación infinita.
La falsa expresividad del eslogan es el vértice máximo del nuevo lenguaje técnico que sustituye al humanístico. Viene a ser el símbolo de la vida lingüística del futuro, es decir, de un mundo inexpresivo, sin particularismos ni diversidad de culturas, perfectamente homologado y aculturado. De un mundo que a nosotros, como últimos depositarios de una visión múltiple, magmática, religiosa y racional de la vida, nos parece como un mundo de muerte.
Pero ¿es posible prever un mundo tan negativo? ¿Es posible prever un futuro como “final de todo”? Algunos –como yo– tienden a hacerlo, por desesperación: el amor hacia el mundo que se ha vivido y experimentado impide poder pensar en otro que sea igual de real; que se puedan crear otros valores análogos a los que han hecho preciosa una existencia. Esta visión apocalíptica del futuro es justificable, aunque probablemente injusta.
Parece una locura, pero un reciente eslogan, que se ha vuelto fulminantemente célebre, el de los “Vaqueros Jesus”: “No tendrás vaqueros ajenos a mí”, se plantea como un hecho nuevo, una excepción en el canon fijo del eslogan, revelando una posibilidad expresiva imprevista, e indicando una evolución distinta de la que los convencionalismos –que inmediatamente aceptan los desesperados que quieren sentir el futuro como muerte– hacían demasiado razonablemente prever.
Véase la reacción del Osservatore romano a este eslogan: con su italianucho anticuado, espiritualista y un poco fatuo, el articulista del Osservatore entona un escuálido lamento, no precisamente bíblico, de víctima indefensa e inocente. En el mismo tono con que se han redactado, por ejemplo, las lamentaciones contra la avasalladora inmoralidad de la literatura o del cine. Pero, en todo caso, ese tono lacrimoso de persona bien, encubre la amenazadora voluntad del poder: mientras el articulista, haciéndose el cordero, se queja en su bien deletreado italiano, detrás suyo, el poder trabaja para suprimir, borrar, aplastar a los réprobos que causan tal sufrimiento. Los magistrados y los policías están alerta; el aparato estatal enseguida se pone diligentemente al servicio del alma. A las jeremiadas del Osservatore les siguen los procedimientos legales del poder: al literato o al cineasta blasfemo rápidamente se le hace callar.
En los casos de revueltas de tipo humanista –posibles en el ámbito del viejo capitalismo y de la primera revolución industrial– la Iglesia tenía la posibilidad de intervenir y reprimir, contradiciendo brutalmente una cierta voluntad formalmente democrática y liberal del poder estatal. El mecanismo era sencillo: una parte de ese poder –por ejemplo, la magistratura y la policía– adoptaba una función conservadora y reaccionaria y así ponía automáticámente sus instrumentos al servicio de la Iglesia. Hay, pues, un doble nexo de mala fe en esta relación entre Iglesia y Estado: por su lado la Iglesia acepta al Estado burgués –en lugar del monárquico o feudal– concediéndole su consenso y su apoyo, sin los que, hasta hoy, el poder estatal no habría podido subsistir: aunque para esto la Iglesia tenía que admitir y aprobar la exigencia liberal y la formalidad democrática: cosas que admitía y aprobaba sólo a condición de obtener del poder la tácita autorización para limitarlas y suprimirlas. Y se trataba de autorizaciones que, por otra parte, el poder burgués concedía de buen grado. Su pacto con la Iglesia, en cuanto instrumentum regni, en realidad no consistía más que en esto: ocultar su propio y sustancial antiliberalismo y su propia y sustancial antidemocracia confiando la función antiliberal y antidemocrática a la Iglesia, aceptada con mala fe como institución religiosa superior. La Iglesia ha hecho, pues, un pacto con el diablo, es decir, con el Estado burgués. No hay contradicción más escandalosa que la existente entre religión y burguesía, por ser esta última lo contrario a la religión. El poder monárquico o feudal en el fondo lo era menos. El fascismo, como momento regresivo del capitalismo, era menos diabólico, objetivamente, desde el punto de vista de la Iglesia, que el régimen democrático: el fascismo era una blasfemia, pero no minaba el seno de la Iglesia porque era una falsa nueva ideología. En los años treinta, el Concordato no fue un sacrilegio, pero hoy sí que lo es; así como el fascismo ni llegó a producir rasguños a la Iglesia, hoy el neocapitalismo la destruye. La aceptación del fascismo es un atroz episodio, pero la aceptación de la civilización burguesa capitalista es un hecho definitivo, cuyo cinismo no sólo es una mancha, la enésima de la historia de la Iglesia, sino un error histórico que probablemente la Iglesia pagará con su ocaso. Porque no ha intuido –en su ciega ansia de estabilización y de fijación eterna de su propia función institucional– que la burguesía representaba un nuevo espíritu que no es precisamente el fascista: un nuevo espíritu que empezaría primero por mostrarse competitivo con el religioso (salvando sólo al clericalismo), y luego acabaría por tomar su lugar al ofrecer a los hombres una visión total y única de la vida (y dejando de necesitar al clericalismo como instrumento de poder).
Es verdad, como decía, que las lamentaciones patéticas del articulista del Osservatore aún son atendidas inmediatamente –en los casos de oposición “clásica”– por la acción de la magistratura y de la policía. Pero se trata de supervivencias. El Vaticano aún encuentra hombres viejos fieles en el aparato del poder estatal, pero son eso, viejos. El futuro no pertenece ni a los viejos cardenales, ni a los viejos políticos, ni a los viejos magistrados, ni a los viejos policías. El futuro pertenece a la joven burguesía que ya no necesita detentar el poder con los instrumentos clásicos; que ya no sabe qué hacer de la Iglesia, la cual ha acabado perteneciendo al mundo humanístico del pasado, que constituye un impedimento a la nueva revolución industrial; el nuevo poder precisa que los consumidores tengan un espíritu totalmente pragmático y hedonista: un universo tecnológico y puramente terrenal es aquel donde puede desarrollarse según su propia naturaleza el ciclo de la producción y del consumo. Para la religión, y sobre todo para la Iglesia, ya no queda sitio. La lucha represiva que el nuevo capitalismo sostiene todavía por medio de la Iglesia es una lucha atrasada, destinada, en la lógica burguesa, a ser pronto vencida, con la consiguiente disolución “natural” de la Iglesia.
Parece una locura, repito, pero el caso de los vaqueros “Jesus” sirve de confirmación a todo esto. Los que han producido esos vaqueros y los han lanzado al mercado, utilizando para el consabido eslogan uno de los diez mandamientos, demuestran –probablemente con una cierta falta de sentido de culpabilidad, es decir, con la inconsciencia de quienes no se plantean ya ciertos problemas– estar ya más allá del umbral dentro del que se mueve nuestra forma de vida y nuestro horizonte mental.
En el cinismo de este eslogan hay una intensidad y una inocencia de un tipo absolutamente nuevo, aunque probablemente madurado a lo largo de estas últimas décadas (y durante un período más corto en Italia). Y nos dice –precisamente en su laconismo de fenómeno presentado de repente a nuestra conciencia, pero ya tan completo y definitivo– que los nuevos industriales y los nuevos técnicos son completamente laicos, pero de un laicismo que ya no se mide con la religión. Dicho laicismo es un “nuevo valor” nacido en la entropía burguesa, en la que la religión está pereciendo como autoridad y forma de poder, sobreviviendo aún como producto natural de enorme consumo y forma folclórica aún aprovechable.
Pero el interés de este eslogan no es sólo negativo, no representa tan sólo el nuevo modo en que la Iglesia queda brutalmente reducida a lo que realmente ya representa, tiene también un interés positivo, o sea la posibilidad imprevista de establecer ideología, y por tanto de hacer que el lenguaje del eslogan sea expresivo y de esta forma, presumiblemente, el de todo el mundo tecnológico. El espíritu blasfemo de este eslogan no es sólo apodíctico, no se limita a una pura observación que fija la expresividad en pura comunicabilidad. Es algo más que una invención libre de prejuicios (cuyo modelo anglosajón es “Jesucristo Superestar”); al contrario, se presta a una interpretación infinita: conserva en el eslogan los caracteres ideológicos y estéticos de la expresividad. A lo mejor quiere decir que incluso el futuro que a nosotros –religiosos y humanistas– se nos presenta como fijación y muerte, será historia bajo una forma nueva; que la exigencia de pura comunicabilidad de la producción será de algún modo refutada. Porque el eslogan de esos tejanos no se limita a comunicar la necesidad del consumo, sino que llega incluso a presentarse como la némesis –aunque inconsciente– que castiga a la Iglesia por su pacto con el demonio. El articulista del Osservatore esta vez sí que está indefenso e impotente; aunque los magistrados y la policía, actuando cristianamente, consigan arrancar de las paredes de la nación ese cartel y ese eslogan, se trata ya de un hecho irreversible aunque quizá haya llegado anticipado: su espíritu es el nuevo espíritu de la segunda revolución industrial y del consiguiente cambio de valores. Texto: Pier Paolo Pasolini publicado el 17 de mayo de 1973 en Italia. Ver: http://www.pierpaolopasolini.eu/madrid-saggi09.htm Nota: la traducción del artículo se ha tomado de la página web citada, excepto cuando en unas pocas ocasiones en que ha parecido mas adecuada la que figura en el libro Pasolini (2009) Escritos corsarios, Madrid: 'Ediciones del oriente y del mediterráneo'. 

VEAMOS ESTE ''ANUNCIO-FOTO-ESLOGAN'':

[¿Se puede sacar alguna conclusión interesante del análisis de este anuncio? Pasolini lo hizo en el artículo que acabamos de reproducir. Es una muestra de su capacidad para leer los símbolos, para interpretar el lenguaje no verbal, el lenguaje físico y del comportamiento, a los que daba una gran importancia: “creo que hay buenas razones para afirmar que la cultura de una nación (Italia en este caso) se expresa hoy sobre todo con el lenguaje del comportamiento, o lenguaje físico, mas cierta cantidad –completamente convencional y muy pobre– de lenguaje verbal”. (Escritos corsarios, Ediciones del oriente y del mediterráneo, 2009, p.59).
Jesus Jeans fue una marca italiana de vaqueros aparecida en 1971 y su campaña de promoción con el cartel y el eslogan "Non avrai altro jeans all’infuori di me" (No tendrás vaqueros ajenos a mí) es considerada uno de los hitos de la historia de la publicidad italiana. La marca es ahora propiedad de Basic Net, que ha tenido diversos problemas para mantener el nombre.
Pasolini afirma: “la religión está agotándose como autoridad y forma de poder, y sobrevive como un producto natural de enorme consumo y una forma folclórica aún aprovechable”. Escribir esto en 1973 no era fácil. Cuando se publicó en el Corriere della Sera con el título “El disparatado eslogan de los vaqueros Jesus”, se estaba bajo el tranquilo pontificado de Pablo VI, la Democracia Cristiana era el partido hegemónico y el propio Partido Comunista contribuía a retrasar el referéndum sobre el divorcio; éste se realizó finalmente el 12 de mayo de 1974 y su victoria fue celebrada en las calles de toda Italia. Cuando escribió el artículo Pasolini no estaba haciendo un análisis de coyuntura, sino señalando una tendencia a largo plazo. En los años 90 desapareció la Democracia Cristiana; el pontificado de Benedicto XVI terminó corroído por las acusaciones de corrupción y pederastia; y son evidentes las dificultades del papa Francisco para encontrar el lugar de la Iglesia en un mundo totalmente dominado por el nuevo poderburgués, que “necesita consumidores con un espíritu totalmente pragmático y hedonista”.
Cuando se escribió este artículo en España todavía Franco gobernaba y entraba bajo palio en las catedrales. Pero a su muerte los acontecimientos se precipitaron. Gobernaron la UCD y el PSOE. Lo más parecido a la democracia cristiana ha sido el PP, pero bajo sus gobiernos no ha podido reconstruirse la alianza entre el trono y el altar; actualmente el tándem Rajoy-Rouco Varela está en franca decadencia. En Catalunya, según el Centro de Estudios de Opinión, la Iglesia católica ocupa la cuarta posición empezando por la cola en la valoración de los ciudadanos (2,97 sobre 10), con fuertes diferencias según la intención de voto: los que votan al PP la puntúan mucho mejor (4,88) que los que los que votan Ciudadanos (3,01). El partido ascendente del nuevo poder burgués es Ciudadanos. El artículo de Pasolini nos ayuda todavía a entender por qué. Texto: Martí Caussa.] Ver también: 'Manipulación mediática en la ALDEA GLOBAL'.