23 oct. 2013

FMI, Banco Mundial y la 'deuda'.

Mientras en Washington se celebra la reunión anual conjunta del FMI y del Banco Mundial, deberíamos tener presente, de nuevo, el Milenio del desarrollo y sus promesas. 

La historia del desarrollo económico está llena de tentativas de corrección de los «errores» de sus políticas. El método preferido es agregar nuevos elementos a la agenda. En gran parte, esto ha consistido en ampliar las temáticas que se tienen en cuenta en las decisiones políticas, integrando algunas preocupaciones ambientales y sociales. El fracaso de este método salta a la vista, ya que de los ocho Objetivos del Milenio para el Desarrollo (OMD), solamente se alcanzaron dos y es poco probable que los otros seis lo sean en 2015. En otras palabras, los resultados de la actual agenda de desarrollo son escandalosamente escasos.Efectivamente, la solución no es agregar nuevos elementos a ese marco, sino comprobar si los elementos ya integrados funcionan, y si no fuera así, si éstos podrían eliminarse. Es el caso de la Deuda como herramienta de desarrollo político, económico y social.Desde el Plan Marshall, en Europa, los círculos políticos tienen la idea fija de que la inyección de capital y el aporte de nuevos recursos financieros constituyen unos factores fundamentales para el desarrollo. En el transcurso de los últimos 60 años, el Banco Mundial se basó en esta premisa haciendo que el endeudamiento de los países fuera la clave para su desarrollo. La experiencia demostró que esta estrategia conduce a un fracaso total. En muchísimos casos, las condiciones de vida de cientos de millones de personas en el mundo se deterioraron debido a estas políticas de endeudamiento impuestas por el Banco Mundial y el FMI, con la complicidad de sus propios gobiernos.En lugar de dotar a los países en desarrollo de nuevos recursos, el sistema deuda los obligó a priorizar el pago a los acreedores, en detrimento de los servicios sociales básicos. Según los datos del Banco Mundial, solamente en 2010, los países en desarrollo destinaron 184.000 millones de dólares al pago del servicio de la deuda, cerca de tres veces el monto anual que sería necesario para la realización de los OMD. Todavía es más angustiante saber que, entre 1985 y 2010, la transferencia neta de recursos, o sea la diferencia entre las sumas desembolsadas para el pago de la deuda y las recibidas mediante los préstamos, fue negativa y alcanzó los 530.000 millones de dólares.Es decir el equivalente a cinco planes Marshall. Durante este período, las instituciones financieras internacionales y los países acreedores utilizaron la deuda como instrumento para obligar a los países deudores a adoptar políticas que impiden las condiciones necesarias para una vida digna de sus poblaciones. Desde las privatizaciones y la reducción masiva de efectivos en los servicios públicos hasta el abandono de las barreras aduaneras que imposibilita la soberanía alimentaria, las políticas impuestas a estos países socavan cualquier posibilidad de que alcancen el desarrollo por medios endógenos.Por estas causas, si hay algo que se debe hacer es anular las deudas públicas de los países en desarrollo. Contrariamente a lo que dicen los escépticos, esta deuda sólo representa una cantidad ínfima: en 2010, el monto total de la deuda pública externa de estos países había alcanzado los 1,6 billones de dólares, o sea, menos del 5 % de los recursos dispuestos por el gobierno estadounidense para salvar los bancos.Si bien este monto pudo ser desbloqueado para mantener los bonus de los ejecutivos del sector financiero, parece que es demasiado pedir que se dedique una pequeña parte de esa cantidad para garantizar la mejora de las condiciones de vida de cientos de millones de personas de todo el planeta.Claramente, es una cuestión política y no económica, pero es un hecho que la deuda continúa siendo el principal obstáculo para el desarrollo. Por lo tanto, hay que eliminarlo, como desde hace 24 años lo está reclamando el CADTM. Daniel Munevar y Eric Toussaint. Ver: ''La Deuda''.


8 oct. 2013

La mayoría silenciosa

La mayoría silenciosa es un concepto acuñado por Richard Nixon para enfrentarse a los manifestantes pacíficos que luchaban por el fin de la guerra de Vietnam. Un concepto ampliamente usado en los últimos años del franquismo y los primeros de la transición para despreciar a los ciudadanos que salían a la calle protestando por el fin de la dictadura y pidiendo una apertura democrática y la amnistía de los presos políticos.La apelación a este concepto fue uno de los preceptos que formó parte del llamado franquismo sociológico.
La corriente de ciudadanos y políticos que habiendo vivido bien con el franquismo y estando de acuerdo con sus ideas, estaban abiertos a un cierto nivel de apertura para controlar que la transición no se saliera de los cauces tolerables. Alianza Popular, el partido que intentaba captar a estos votantes, fue el paradigma del denominado franquismo sociológico. El partido estaba formado por siete ministros franquistas: Manuel Fraga, Cruz Martínez Esteruelas, Federico Silva Muñoz, Laureano López Rodó, Enrique Thomas de Carranza, Gonzalo Fernández de la Mora y Licinio de la Fuente. Además, formaban parte de sus filas más de 180 procuradores de las cortes franquistas. Alianza Popular nunca eludió ese sentimiento de perpetuación de los valores franquistas en una sociedad más abierta. El discurso de Manuel Fraga en marzo de 1977, en el congreso de creación de Alianza Popular, era muy definitorio en este aspecto:“Alianza Popular ha sido reconocida como que lo que es, como una fuerza política que se niega a aceptar la voladura de la obra gigantesca de los últimos cuarenta años, que no se avergüenza de un periodo histórico en el cual el país ha dado un salto colosal hacia adelante convirtiéndose en la décima potencia industrial del mundo y multiplicando por diez la renta de los españoles”.La importancia del concepto de “mayoría silenciosa” en el franquismo sociológico la explicó José Ribas, fundador del diario Ajoblanco, en una entrevista en 2008.“Lo peor era una mayoría silenciosa, el franquismo sociológico muy extendido, con lo cual rebelarte era muy fuerte y difícil, porque el franquismo tenia muchos adeptos, esto no hay que obviarlo, porque es de donde partíamos. Sea por los planes de desarrollo, sea por el SEAT 600, había un inmenso franquismo sociológico que hacia aquello mas difícil, brutal. Porque la represión estaba en tu casa, en los lugares de trabajo, en todas partes. Si querías romper con esto, chocabas con la policía y con muchísimos elementos de la sociedad que estaba dormida en esa mayoría silenciosa y siniestra”.El concepto de la mayoría silenciosa es profundamente antidemocrático. Quien lo esgrime en un marco de marketing político asume que todo aquel que calla, que permanece silente y no molesta, lo hace por voluntad propia, de forma intencionada y por adherirse a los preceptos ideológicos del que sufre las protestas. En este caso el Partido Popular.La apelación a la mayoría silenciosa a la que se refiere el Partido Popular no es el único concepto añejo relativo al franquismo sociológico que el PP tiene en su “discurso histórico”. Discurso al que se refirió Alberto Ruiz Gallardón para defender su reforma del aborto que volverá a situar los derechos de la mujer en tiempos de Alianza Popular. El ministro de Hacienda, Montoro, recuperó hace pocas fechas el milagro económico español, aquel periodo de crecimiento económico que se dio en los años 60 y que forma parte de las lineas trascendentales del franquismo sociológico.La alusión a estos términos y conceptos tiene como objetivo despertar los aspectos emocionales que se encuentran inmersos en el perfil del votante tradicional que el PP tiene, los nostálgicos y aquellos que si bien, por su edad, no formaron parte de la concepción del franquismo sociológico, sí se han educado de acuerdo a estos valores. La idea arraigada de que aunque el franquismo tenía sus elementos oscuros censurables, éstos eran compensados por un desarrollo económico importante, una clase media cercana al poder que había progresado y un sentimiento de nación enraizado en los principios del catolicismo.Ese franquismo sociológico que en el PP nace de Alianza Popular, fue perfectamente explicado sin quererlo, por Alberto Ruiz Gallardón, en un programa de Intereconomía. En él, el entonces alcalde de Madrid, ensalzaba el desarrollismo franquista y apelaba a no ver el periodo del franquismo en blanco y negro para encontrar la verdad de lo que fue el régimen del dictador.Lo mismo hizo Esperanza Aguirre en un debate en la asamblea de Madrid. La Presidenta de la Comunidad de Madrid utilizó el discurso revisionista de la guerra civil equiparando a los golpistas con los defensores del régimen democrático. La elusión del debate de justicia y reparación, que desde la visión del franquismo sociológico es un debate revanchista que trata de reavivar a los dos españas, es uno de los preceptos fundamentales de este pensamiento latente en el PP desde su formación.Esa misma actitud de equiparación entre un régimen democrático y el golpe fascista y la dictadura es la que han tomado varios miembros del PP cuando salieron numerosos miembros de NNGG exhibiendo símbolos fascistas y franquistas.Rafael Hernando, portavoz del PP en el Congreso, al ser cuestionado por los miembros de su formación que habían aparecido haciendo apología del franquismo y el fascismo, salió del paso diciendo que no le gustaban esas banderas como tampoco la de la república, que era un periodo que provocó un millón de muertos.Las declaraciones del alcalde popular de Baralla, que dijo en un pleno que los fusilados por el franquismo lo merecían. Las del alcalde Senén Pousa, que posa orgulloso en su despacho del ayuntamiento con cuadros y parafernalia de Franco mientras se jacta de que nadie del PP jamás se lo ha recriminado, o la de la alcaldesa de Quijorna, que usa un colegio público para realizar un mercadillo con objetos nazis y franquistas, mientras la dirección del PP de Madrid sale a defenderle por el “error”, son unas cuantas muestras que ponen de manifesto la connivencia del Partido Popular con el franquismo. Una añoranza de la que nunca se han separado por completo, bien por convicción en algunos de sus miembros, o por cuestiones electoralistas en otros.Las condenas del franquismo por parte del Partido Popular siempre han sido motivo de polémica. En las filas del Partido Popular se esgrime la moción aprobada en una comisión del Congreso en noviembre de 2002 con motivo de los 25 años de democracia. Si bien es cierto que se aprobó por unanimidad, ésta no tiene una condena explícita al régimen de Francisco Franco. Sólo una condena en genérico a la violencia en la que cada uno pudiera interpretar lo que considera. La moción aprobada que a continuación se transcribe íntegra no condena el franquismo sino, cito textualmente, “los regímenes totalitarios contrarios a la libertad”. Para ser interpretado a gusto del lector.El Congreso de los Diputados, en este vigésimo quinto aniversario de las primeras elecciones libres de nuestra actual democracia, reitera que nadie puede sentirse legitimado, como ocurrió en el pasado, para utilizar la violencia con la finalidad de imponer sus convicciones políticas y establecer regímenes totalitarios contrarios a la libertad y a la dignidad de todos los ciudadanos, lo que merece la condena y repulsa de nuestra sociedad democrática.Segundo. El Congreso de los Diputados reitera que resulta conveniente para nuestra convivencia democrática mantener el espíritu de concordia y de reconciliación que presidió la elaboración de la Constitución de 1978 y que facilitó el tránsito pacífico de la dictadura a la democracia.Tercero. El Congreso de los Diputados reafirma, una vez más, el deber de nuestra sociedad democrática de proceder al reconocimiento moral de todos los hombres y mujeres que fueron víctimas de la Guerra Civil española, así como de cuantos padecieron más tarde la represión de la dictadura franquista. Instamos a que cualquier iniciativa promovida por las familias de los afectados que se lleve a cabo en tal sentido, sobre todo en el ámbito local, reciba el apoyo de las instituciones, evitando en todo caso que sirva para reavivar viejas heridas o remover el rescoldo de la confrontación civil.Cuarto. El Congreso de los Diputados insta al Gobierno para que desarrolle, de manera urgente, una política integral de reconocimiento y de acción protectora económica y social de los exiliados de la Guerra Civil, así como de los llamados niños de la guerra, que incluya la recuperación, en su caso, de la nacionalidad española y su extensión a sus descendientes directos, con conocimiento del derecho de voto.El mayor paso que esta moción tuvo es la denominación de dictadura al régimen franquista y el reconocimiento de la represión franquista. La enmienda que fue impulsada por el Partido Popular para limar los puntos más polémicos en su formación de la moción presentada en origen por Izquierda Unida, puede resultar suficiente para algunos, pero no incluye una condena explícita del franquismo.El hecho de que la condena no fue el punto final de la connivencia del Partido Popular con el franquismo fue su posterior actuación en la Ley de Memoria Histórica impulsada por el PSOE. El PP se opuso en la votación efectuada, que intentaba regular lo que se había aprobado en la enmienda de 2002. La reparación de las víctimas de la guerra civil y el franquismo.El grupo popular en el Parlamento Europeo también se negó a condenar el franquismoen una votación en la que fueron los únicos en hacerlo junto con la ultraderecha polaca. Mayor Oreja que fue el ponente en la Unión Europea de esa negativa aludió a la reconciliación y a las dos españas para negarse. Mayor Oreja ya había declarado en 2007 en una entrevista a la Voz de Galicia, ¿Por qué voy a tener que condenar yo el franquismo?.Son innumerables los casos en los que, desde las instituciones, los miembros del grupo popular han olvidado aquel insuficiente paso adelante que se dio en el año 2002. El pasado mes de junio, el PP de Madrid votó en contra de eliminar la simbología franquista de las calles de la comunidad de Madrid. En mayo, el PP, junto con UPyD, se negaron a votar a favor de nombrar el día 18 de julio, día de la condena del franquismo.El Partido Popular sigue sin poder separarse de su ideología heredera del franquismo sociológico, no por sus orígenes franquistas, sino por su renuncia a renegar de ellos.Antonio Maestre. Ver: ''Disolución social y...''

5 oct. 2013

El dinero: Creación y difusión (3 de 3)

El dinero bancario (las promesas de pago) sólo sirve para realizar transacciones entre cuentas bancarias ubicadas en el mismo banco. Por ejemplo: yo tengo una cuenta en el banco A y quiero hacerle una transferencia de 100 euros a Felipe. Si Felipe tiene una cuenta en el mismo banco entonces lo único que ocurre es que mi cuenta disminuye en 100 euros, y la de Felipe aumenta en 100 euros. Son simples anotaciones bancarias que no requieren ningún uso de dinero legal. Números que suben y bajan, nada más. La promesa de pago que yo tenía en mi poder ha pasado a manos de Felipe. El banco A simplemente ha pasado de deberme a mí 100 euros (de dinero legal) a debérselos a Felipe. No ha tenido que utilizar dinero legal porque nadie le ha pedido que cumpla su promesa de pago. La promesa de pago sigue viva, aunque en otras manos. Sin embargo, si la cuenta bancaria de Felipe no estuviese en mi banco sino en el banco B, la operación sería diferente. El banco B no quiere tener en su poder la promesa de pago del banco A, así que le obliga a cumplir su palabra y entregar dinero legal por valor de 100 euros. De esta forma, el banco A paga 100 euros de dinero legal al banco B. Mi cuenta se reduce en 100 euros y la de Felipe aumenta en 100 euros. El banco A ha perdido 100 euros de dinero legal, pero ya no me debe 100 euros a mí porque la promesa se ha extinguido. En cambio, el banco B ha visto aumentar su dinero legal en 100 euros, pero ahora automáticamente tiene reconocida una promesa de pago por valor de 100 euros a Felipe. Como decíamos, el dinero bancario (las promesas de pago) sólo sirve para realizar transacciones entre cuentas bancarias ubicadas en el mismo banco. Para todo lo demás, el banco tendrá que utilizar dinero legal. Es decir, cuando un cliente quiera retirar su dinero o cuando un cliente quiera hacerle una transferencia bancaria (o cuando quiera pagar en una tienda con tarjeta de crédito) a un sujeto que tiene una cuenta en otro banco, será necesario utilizar dinero legal. Con los ingresos y los gastos del sector público ocurre prácticamente lo mismo; la única diferencia es que el Estado tiene su cuenta bancaria directamente en el banco central. Cuando el banco A tiene que pagar impuestos por valor de 500 euros, lo que hace es utilizar dinero legal, porque el Estado no acepta el dinero bancario (las promesas de pago) del banco. Así las cosas, el dinero legal del banco A se verá reducido en 500 euros y la cuenta que mantiene el Estado en el banco central aumentará en 500 euros. Pero nada de promesas de pago, nada de dinero bancario; el Estado sólo acepta dinero legal. Lo contrario ocurre cuando el Estado gasta dinero en vez de ingresarlo. Si yo soy funcionario y tengo mi cuenta bancaria en el banco A, cuando el Estado me pague mi sueldo lo que hará será pagarle al banco A con dinero legal. La cuenta que tiene el Estado en el banco central se reducirá, y mi cuenta bancaria aumentará por la misma cantidad. El banco A recibirá dinero legal, y automáticamente me reconocerá a mí una promesa de pago por esa cantidad. Poco a poco vamos viendo que los bancos incrementan su dinero legal de varias formas, no sólo a través del dinero en efectivo que depositan los clientes como muchos piensan. El dinero legal de un banco puede aumentar también cuando otro banco efectúa una transacción bancaria a una de las cuentas de sus clientes, o cuando el gobierno les paga el sueldo a funcionarios que tienen su cuenta en ese banco, o cuando el banco pide dinero prestado al banco central, etc. A lo largo de cada día se producen muchas transferencias de dinero legal entre bancos. Lo que ocurre es que el banco central no da la orden de transferir el dinero legal con cada transacción, sino que espera hasta el final del día para hacerlo de una vez. Es una forma de lograr que las transferencias sean más eficientes. De esta forma, si el banco A a lo largo del día ha sido obligado a cumplir algunas de sus promesas de pago y entregar 50.000 euros de dinero legal al banco B, y en el mismo día el banco B ha sido obligado a extinguir algunas de sus promesas de pago y entregar 40.000 euros de dinero legal al banco A, entonces el banco central dará la orden de transferir 10.000 euros de dinero legal desde el banco A al banco B. Por este motivo las transferencias entre dos bancos tardan 24 horas, y por eso las transferencias dentro del mismo banco son instantáneas (porque se transfiere dinero bancario, no dinero legal). Por último (y ya aterrizamos en la aportación de algunos lectores en un artículo anterior) queda hacer una mención al proceso por el cual los bancos dan créditos a los agentes económicos. Cuando un banco otorga un crédito a un sujeto, lo que está haciendo es crear una promesa de pago; lo que está haciendo es crear dinero bancario. Si el banco me concede a mí un préstamo de 1.000 euros, mi cuenta bancaria aumentará en esa cantidad, y todo ese dinero será dinero bancario. Con esta acción, el banco se está comprometiendo a pagarme 1.000 euros de dinero legal cuando yo lo desee. Si yo quiero sacar esos 1.000 euros de mi cuenta para comprarme un portátil, el banco está en la obligación de entregarme 1.000 euros de dinero legal (en billetes y monedas). Pero si en vez de eso voy a la tienda y pago directamente con mi tarjeta de crédito, pueden ocurrir dos cosas. Si el vendedor del portátil tiene una cuenta en el banco que me ha dado el crédito, entonces la promesa de pago no se extinguirá. El dinero bancario simplemente pasará de mi cuenta a la cuenta del vendedor. La promesa de pago cambiará de manos. En cambio, si el vendedor del portátil tiene una cuenta en un banco diferente al que me ha dado el crédito, entonces la promesa de pago se extinguirá y mi banco pagará 1.000 euros de dinero legal al banco del vendedor. Es decir, a los bancos no les sale gratis crear dinero bancario (conceder créditos), porque los individuos que reciben el crédito en algún momento empezarán a consumir y es probable que el banco tenga que utilizar dinero legal. Crear dinero bancario es comprometerse a entregar dinero legal cuando sea necesario, y eso supone un coste importante para el banco. Por todo ello, los bancos no “crean dinero de la nada” como algunas personas piensan. Lo que crean de la nada es dinero bancario, pero no dinero legal que es al fin y al cabo dinero en sentido estricto (y el único capaz de crear dinero legal es el banco central). Ahora bien, es cierto que un banco puede crear dinero bancario sin necesidad de tener en ese mismo momento dinero legal que lo respalde, porque la legislación le concede dos días para conseguir la cantidad de dinero legal a la que obliga la ley (1% de todo el dinero, en la zona euro). Pero que primero creen dinero bancario y luego se preocupen de hacerse con el dinero legal necesario no quiere decir que los bancos puedan crear dinero sin coste alguno. Los bancos privados tienen un inmenso poder relacionado con el dinero y la deuda pero no es tan extraordinario como el que tiene un banco central. E. Grazón. Parte 1

4 oct. 2013

El dinero: Creación y difusión (2 de 3)

El dinero bancario no es dinero en sentido estricto (el banco central no le reconoce validez). El dinero bancario son simplemente promesas realizadas por el banco que crea ese dinero. Son promesas de pago, y por eso se pueden utilizar para realizar transferencias (comprar cosas, efectuar pagos, realizar inversiones…). Vamos a explicarlo con más detenimiento utilizando un ejemplo. Yo puedo escribir en un papel: “me comprometo a pagar 1.000 euros al poseedor de este papel” y ésta es la promesa que estoy materializando en un formato físico. Si yo quiero comprarle a Isabel un mueble que cuesta 1.000 euros, en vez de entregarle billetes o en vez de hacerle una transferencia bancaria, puedo entregarle mi promesa de pago (el papel). Esto sólo tendría sentido si Isabel se fiara de mi palabra y confiara en que en un futuro le pagaré esos 1.000 euros (pero esta vez con dinero legal, no con mi promesa). Si Isabel confía en mi palabra, yo habré comprado un mueble sin utilizar dinero legal respaldado por el banco central. El proceso podría continuar: Isabel podría comprarle a Simón un portátil entregándole la promesa de pago que yo hice (el papel). Si Simón confiara en mi palabra y aceptase el papel, se habría producido otra venta sin necesidad de utilizar dinero legal respaldado por el banco central. Esta sucesión de compras y ventas podría continuar indefinidamente, siempre que aquellos que utilizaran mi papel confiasen en mi palabra. Es importante destacar que mi papel sirve como medio de pago porque yo me he comprometido a pagar 1.000 euros a aquel que tenga en su propiedad el papel y venga a reclamarme el dinero. Pero puede ocurrir que nunca vengan a reclamarme el dinero. Puesto que todo el mundo confía en mí y todo el mundo acepta mi papel en las transacciones, no hay necesidad de que se molesten en venir a mí para que le cambie el papel por los 1.000 euros. A efectos prácticos, mi papel se ha convertido en un billete de 1.000 euros. Pero sólo porque confían en mi palabra. Si yo tuviese cierta dosis de picardía podría aprovecharme de esa confianza que depositan en mí y podría fabricar más promesas de pago en otros papelitos. De esta forma, podría comprar más cosas con mis nuevas promesas, y sin necesidad de tener suficiente dinero legal. Mientras la gente confíe en mi palabra, esos papelitos funcionarían exactamente como dinero legal, pero sin serlo. El problema aparecería cuando alguien dejara de confiar en mí y viniese a mi casa a cambiar su papelito por dinero. Si sólo viniese una persona y yo pudiese pagarle 1.000 euros (de dinero legal) no pasaría nada. Pero si la desconfianza se generalizase, muchos quisieran entregarme los papelitos a cambio de dinero, y yo no tuviese en mi poder suficiente dinero legal para satisfacer sus demandas, en ese momento se me habría acabado el chollo. Tendría que reconocer que no puedo pagar, la noticia se extendería y entonces ya nadie aceptaría mis papelitos como medio de pago. Una consecuencia derivada del fin de mi ganga es que todo aquel que tuviera en sus manos un papelito tendría que soportar una pérdida. Recordemos que obtuvieron el papelito entregando algo de su propiedad por valor de 1.000 euros, pensando que el papelito valía esa cantidad. Una vez mi chiringuito es desmontado, la validez del papelito se desvanece (ya no vale nada), y su propietario tiene que reconocer inmediatamente que ha perdido 1.000 euros. El lector habrá podido ya advertir la similitud de este ejemplo de los papelitos con el quehacer de los bancos privados. En efecto, aunque los bancos privados tienen dinero legal en su poder (como explicamos en el primer post), también crean promesas de pago –pero en vez de ser papelitos como en el ejemplo son números electrónicos en cuentas bancarias y también cheques–. Estas promesas no están respaldadas por el banco central, por lo que no es dinero legal. Pero en la práctica funcionan como tal porque los individuos de la sociedad confían en los bancos y creen que siempre que vayan a sacar dinero de su cuenta los bancos les van a entregar dinero legal. En consecuencia, a lo largo y ancho de la economía se utilizan estas promesas de pago (cheques y números electrónicos en cuentas bancarias) para realizar transacciones, a pesar de que no están respaldadas por dinero legal. Por lo tanto, cada banco tiene por un lado dinero legal (en forma de dinero físico y en forma de anotaciones en la cuenta que tiene el banco en el banco central) y por otro lado tiene dinero bancario, que son promesas de pago. La proporción de los dos tipos de dinero sobre el total depende de la legislación vigente en cada territorio. En la zona euro actualmente es la siguiente: por cada 100 euros de dinero total que tenga el banco, debe tener como mínimo 1 euro de dinero legal. Los 99 euros restantes puede ser dinero bancario, es decir, promesas de pago no respaldadas por el banco central. Puede parecer una proporción exagerada, pero en realidad es más que suficiente: el 1% de todo el dinero que almacena cada banco es muchísimo dinero, y sobra para llevar a cabo las actividades rutinarias. Esto es así porque la mayor parte de las transacciones de los bancos son efectuadas con dinero bancario (promesas de pago) y no con dinero legal. Sin embargo, como ya se sabe, si por algún casual (por ejemplo, un pánico bancario) todos los clientes quisiesen retirar el dinero que han depositado en su banco, lo cierto es que no podrían hacerlo porque el banco no tiene tanto dinero legal como para satisfacer toda la demanda. E. Garzón. Parte 3

1 oct. 2013

El Dinero: Creación y difusión (1 de 3)

Los bancos centrales crean dinero legal; son los únicos que tienen autoridad para originar de la nada aquello que tiene validez para realizar transacciones de todo tipo (comprar productos y servicios, hacer inversiones, realizar pagos pendientes, etc). Absolutamente nadie más puede crear dinero legal. Yo, por ejemplo, podría crear dinero inventándome un material y un diseño, pero nadie me lo aceptaría como medio de pago, al igual que ningún vendedor aceptaría billetes del juego “Monopoly” a cambio de entregar su producto. El dinero legal sirve porque todos los integrantes de una sociedad lo aceptamos como medio de pago. Sabemos que con ese dinero en nuestras manos podremos realizar transacciones porque el resto de personas confía en su validez. Y si confiamos en la validez de este dinero legal es porque como sociedad le hemos reconocido a una institución oficial (que se llama “banco central”) el poder de crear el dinero. Este dinero legal es en última instancia dinero en efectivo (monedas y billetes), y yace en los bolsillos (o monederos, carteras, cofres…) de los individuos y también en las cajas fuertes de los bancos. Pero almacenar ingentes cantidades de monedas y billetes es muy costoso y molesto para los bancos, y también lo es transportarlo de un sitio a otro. Por ello, buena parte de este dinero legal no se conserva físicamente en las cajas fuertes de los bancos, sino que los bancos lo depositan en una cuenta del banco central correspondiente. De la misma forma que un individuo guarda parte de sus ahorros en una cuenta de su banco privado, un banco privado guarda parte de sus ahorros en una cuenta del banco central. El banco central es, por así decirlo, el banco de los bancos privados. Esto tiene importantes ventajas para los bancos privados (¡las mismas que tenemos los individuos que depositamos nuestro dinero en el banco!): se despreocupan de conseguir un espacio para almacenar los billetes y monedas, se despreocupan de instalar sistemas de vigilancia para que no sufran ningún robo, se despreocupan de transportar el dinero en furgones blindados cada vez que tengan que efectuar una transferencia bancaria de cualquier tipo, etc. Imaginemos la mastodóntica cantidad de transferencias bancarias que se pueden producir entre todas las instituciones de crédito que existen. En vez de tener que transportar con cada operación el dinero físico de un sitio a otro, lo que se hace es anotar las cantidades transferidas (tecleando cifras) en las cuentas correspondientes del banco central. Si el banco A le transfiere 1.000 euros al banco B, no envía ningún furgón blindado con billetes para transportar el dinero, sino que en la cuenta que tiene el banco A en el banco central vemos que la cifra correspondiente disminuye en 1.000, mientras que la cuenta que tiene el banco B en el banco central aumenta en 1.000. Son simples anotaciones electrónicas; no hay ningún traslado de dinero físico. De hecho, ¡ni siquiera existe ese dinero físico al que representan los dígitos! Pero no podemos olvidar que todas estas cifras electrónicas tienen validez: están respaldadas por el banco central. Visualmente son simples números que aumentan y disminuyen, pero en la práctica funcionan como medio de pago útil (con estos números se pueden comprar cosas, efectuar pagos, realizar inversiones…). Yo podría escribir en un papel el número “1.000”, pero no me serviría para nada porque nadie aceptaría mi papel como medio de pago. En cambio, si lo hace el banco central sí sirve, porque es la institución encargada de crear dinero. A mí nadie me ha otorgado ese poder. Al banco central sí. Planteémoslo de una forma más gráfica para una mejor comprensión. Imaginemos el caso extremo en el que un banco privado tuviese que entregar todo su dinero legal a sus clientes en mano. Los billetes y monedas que tuviese en su caja fuerte los entregaría directamente. El resto del dinero, que no está allí físicamente sino que sólo existe como simples anotaciones digitales en la cuenta que mantiene el banco en el banco central, tendría que ser fabricado por el banco central. Pero lo haría, porque al ser dinero legal está respaldado por la institución. Es dinero válido, y si por cualquier circunstancia hubiese que manejarlo en forma de billetes y monedas el banco central se encargaría de poner en funcionamiento las máquinas de impresión. Hasta ahora hemos hablado del dinero legal, que es el dinero en sentido estricto (al cual el banco central le reconoce validez) E. Garzón. Parte 2