13 ago. 2012

En la mente del corrupto


A. Lugilde
Si te corrompes no te va a pasar nada y si no lo haces, eres idiota. Este es el principal mecanismo que opera en la mente del corrupto español. Tras más de dos décadas investigando la corrupción en España, el politólogo Fernando Jiménez, profesor de la Universidad de Murcia, ha intentado retratar la corrupción a través de las palabras de quienes la practican, empresarios y servidores públicos. Ha contado con un buen material, de algunos de los múltiples sumarios de corrupción abiertos en toda España en los últimos años, que incluyen transcripciones de conversaciones telefónicas de los implicados en las que hablan abiertamente de sus actividades delictivas, de los negocios que van a hacer y de las voluntades que se subastan.
 Las principales conclusiones sobre los pensamientos que pueblan la mente del corrupto, que Jiménez incluyó en un artículo publicado en la revista Letras Libres con el también politólogo Vicente Carbona, pueden resumirse en los que serían cinco mandamientos. Estos son: "No te va a pasar nada; serías tonto si no aprovechas la oportunidad; reparte los beneficios lo más posible; no dejes de hacer lo que pide el pueblo, como por ejemplo las obras; alimenta tu máquina del poder a través de los recursos ilegales para financiar las campañas, esto te permitirá mantener o incluso ampliar tu esfera de influencia para hacer negocios. 
Jiménez explica que en la actualidad las transcripciones de grabaciones suelen ser mucho menos jugosas, porque quienes hablan saben que la Guardia Civil puede estar grabando. "Aquí el más tonto hace relojes", afirma en una de esas cintas un consejero del cabildo de Lanzarote, el equivalente insular a las diputaciones, en una conversación con un intermediario que pide que agilice un plan urbanístico. "Esta gente va a montar un negocio y no vas a tener que trabajar más. Y si no lo haces tú, lo hará otro", agrega el conseguidor, que explica también qué hacer con el dinero. "Blanquearlo es muy fácil" si se cobra primero en la islas Caimán, llega a decir. "Tú eres tonto. Eres el único alcalde honrado de España", le dijo el constructor Francisco Hernando al alcalde de Seseña, de Izquierda Unida, cuando detuvo las obras de la disparatada urbanización que es el símbolo de los desmanes del ladrillo en España. Esa percepción de impunidad está vinculada a la debilidad de la respuesta ante estas prácticas irregularidades. "Las posibilidades de descubrirlas son limitadas, aunque se haya avanzado, y hay un número muy bajo de sentencias condenatorias", apunta Nicolás Rodríguez Álvarez, profesor de Derecho Procesal de la Universidad de Salamanca y codirector del máster en Corrupción y Estado de Derecho. 
Manuel Villoria, catedrático de Ciencia Política de la Universidad Rey Juan Carlos, considera que "una parte elevada de la corrupción no se conoce, porque se tapa, a través de acuerdos entre los implicados". Así, sólo aflora una porción pequeña, de la que a su vez otra parte menor se traduce en condenas judiciales. La debilidad del Estado de Derecho en la persecución de los corruptos se pone de manifiesto, según explica Nicolás Rodríguez, en los intentos que hace la fiscalía anticorrupción para llegar a acuerdos con los acusados, como ocurrió en el caso Urdangarin, a fin que reconozcan la culpabilidad a través de un pacto. "El problema es la prueba", afirma Rodríguez, y recuerda que en ese tipo de compromisos se busca que los acusados devuelvan al menos parte del dinero defraudado. A menudo una parte de los fondos obtenidos a cambio de obras, contratos o recalificaciones urbanísticas se destinan a la financiación de los partidos, un auténtico agujero negro del sistema político español. "Yo no quiero nada, tú paga la campaña", le dijo el concejal de Orihuela Jesús Fernández, de un pequeño partido, al empresario Ángel Fenoll, uno de los principales protagonistas del caso Brugal. El profesor Fernando Jiménez incide en que desde la perspectiva del político que se corrompe la clave está en "tener la llave", lo que revela una concepción del cargo público como una oportunidad para enriquecerse. "Eso de ser alcalde me la suda. Yo lo que quiero es mangonear por detrás", confesaba el concejal de Orihuela en su conversación con el empresario Ángel Fenoll. El corrupto se salta las leyes pero acostumbra a tener presente alguna regla, para tener contentos a los votantes. El ejemplo paradigmático es el de la Marbella de Jesús Gil. Lo afirmaba muy gráficamente el intermediario que negociaba una recalificación en Lanzarote cuando le decía al político que "no vayas a joder al pueblo, o sea lo estúpido es que no le dejes hacer casas.
 Tú tienes que ser generoso". En realidad, el pueblo siempre sale perjudicado de la corrupción, porque al vulnerarse las normas se producen todo tipo de desmanes, que acaban teniendo muy negativas consecuencias económicas, urbanística, ambientales o morales, como también puso de manifiesto el caso de Marbella. El boom inmobiliario español de finales del siglo pasado y comienzos del presente, financiado con los créditos baratos derivados de la pertenencia al euro, generó toda una enorme oleada de corrupción en España. En este momento, de parón de la construcción y también de fuerte reducción de los contratos de las Administraciones públicas, las oportunidades de negocio han disminuido notablemente. "Se supone que hay menos corrupción, porque hay menos actividad", sostiene Fernando Jiménez. Sin embargo, la corrupción sigue existiendo. Como la energía, cambia, pero no se destruye. Joan Botella, catedrático de Ciencia Política de la Universitat Autònoma de Barcelona, opina que "se ha transformado pero no ha desaparecido". La vincula "a las gran cantidad de dinero que cambia de manos en las crisis".