13 dic. 2012

España colonial


P. Bilsky
Un nuevo Protectorado asoma en Europa. Primero fue Grecia, ahora es España quien debió aceptar el estatuto colonial impuesto por la Unión Europea. Buena parte del pueblo español se diferencia de sus dirigentes y clases dominantes, y sale a la calle a gritar las verdades que los medios hegemónicos ocultan. Los mineros asturianos demostraron que sus viejas luchas son eternas y lucen rozagantes. Se conoce con el nombre de Generación del 98 a un grupo de intelectuales y escritores españoles que se mostraron profundamente afectados por la crisis moral, política y social de España hacia fines del siglo XIX, tras derrotas militares que le hicieron perder en 1898 sus últimas colonias (Puerto Rico, Guam, Cuba y Filipinas). Fue esta la última manifestación de una larga decadencia que puede remontarse muchos siglos atrás. El viejo Imperio español que descubrió América e implantó sus colonias en varios continentes se fue desgajando de a poco. Ya durante el siglo XVII, cuando apenas comenzó la decadencia, se denunciaba que la presión de los banqueros alemanes y los intereses usurarios que imponían por los préstamos eran las causas de la debacle. El oro de América, extraído en condiciones de genocidio, no permaneció en España, no fue invertido ni ahorrado por la dispendiosa corona europea, que se destacaba en todo el contexto europeo por su derroche en fiestas, vestimentas y adornos. El trabajo, y en general toda actividad productiva, era considerado una deshonra por los nobles españoles. La burguesía que siglos después surgió en España, con un notable retraso con respecto al resto de Europa, conservó esa característica: poca inversión, mucho gasto, y una dependencia casi obsesiva por las formas exteriores, el parecer y el qué dirán. En 1920, en su obra Luces de bohemia, Ramón del Valle Inclán denuncia el carácter esperpéntico de la burguesía española, las clases dominantes, el sistema político y la prensa al servicio de los poderes fácticos y la represión de las luchas populares. No es difícil imaginar la iracundia poética de Valle Inclán ante lo que ocurre hoy en España. “La tragedia de España no es tragedia sino esperpento”, escribió Don Ramón, que creó ese género para poder así denunciar la degradación de la sociedad de su tiempo. La semana pasada, y a cambio de los 30 mil millones de euros, el gobierno de Rajoy anunció más ajuste fiscal, suba del IVA, rebaja en subsidios por desempleo, y despidos de empleados públicos. Todo bajo la atenta supervisión europea. El gobierno de España ha entregado el ya poco poder de decisión que le quedaba. Cada vez resulta más claro que el gobierno de Rajoy no gobierna, sino que apenas administra los intereses de los banqueros. Pero no todo es degradación en España de hoy, como tampoco lo fue en la España de 1920 que retrata Valle Inclán. El poeta dejó bien claro en Luces de bohemia que el pueblo que trabaja y lucha, los obreros que enfrentan la represión, y los trabajadores comprometidos con el cambio social quedan fuera de la degradación. Los esperpentos están en otra parte. Con sus cascos encendidos y acompañados por numerosos ciudadanos, cientos de mineros abarrotaron la semana pasada Puerta del Sol de Madrid, tras más de 20 días de marcha desde el norte de España para protestar por los recortes de más del 60 por ciento en las ayudas al carbón que exponen a la mayoría de las explotaciones carboníferas a un cierre definitivo. “No somos terroristas, somos mineros”, corearon los manifestantes en su marcha, horas después de que en la Puerta del Sol se escucharan consignas como “Madrid entero se siente minero” y “Mineros unidos jamás serán vencidos”. Los mineros asturianos, que lucharon contra el franquismo en históricas jornadas, demostraron que no todo está degradado. Como en la obra de Valle Inclán, como tantas veces en la historia de España, los mineros asturianos fueron duramente reprimidos por la policía. Pero antes dejaron en claro, en el espacio público, en la calle, quiénes son los decadentes y traidores. Ver: El Régimen autocrático del E. E. 

14 nov. 2012

La trampa Tucídides


A.Jalife-Rahme
Un analista posmoderno debe estar siempre en interacción con sus lúcidos lectores, quienes han mostrado, para mi gran asombro, una gran cultura y un enorme interés sobre la geoestrategia de China. Los principales militares de Estados Unidos, general Martin Dempsey, jefe de estado mayor de las fuerzas conjuntas, y general James Cartwright, anterior vicedirector de las fuerzas armadas conjuntas, durante una conferencia en Virginia Beach, Virginia, 'Guerra Conjunta’, se pronunciaron en contra de un conflicto con Rusia y China. El general Martin Dempsey advirtió sobre el peligro de caer en la trampa de Tucídides: decretar la guerra simplemente por temor al poder ascendente de China. En su Historia de la guerra del Peloponeso, el genial Tucídides (siglo V a.C.) redactó que lo que hizo la guerra inevitable fue el crecimiento del poder de Atenas y el miedo que esto provocó en Esparta. A juicio del general Martin Dempsey existe amplia historia sobre el trato de una superpotencia con una potencia en ascenso, por lo que Estados Unidos debe ser la superpotencia que rompa ese paradigma. Indicó que existen excelentes relaciones militares con China a nivel de servicio y que se está tratando de elevarlas uno o dos puntos. En efecto, el general Martin Dempsey hace mucho que ha advertido en contra de caer en la trampa de un conflicto con China simplemente por el temor de su ascenso como potencia global. Los dos importantes militares son unas palomas frente a los superhalcones del Partido Republicano y su flamante candidato Mitt Romney (el tercer Bush), quienes en su vida no han disparado una arma pero están dispuestos a detonar la tercera guerra termonuclear contra China y Rusa, valiéndose del inflamatorio contencioso de Irán. En la principal conferencia del 15 de mayo, el general James Cartwright fustigó el proceso en el Congreso y el ala ejecutiva donde se están acumulando recursos para llevar agua al molino de la estrategia bélica de la administración Obama, que se basa primordialmente en el concepto de batalla aire-mar (air-sea battle: ASB). El concepto ASB ha sido desarrollado conjuntamente por la fuerza aérea y la marina en contra de medidas anti-acceso/negación de territorio (anti access/ area denial): tomadas por ciertos países para mantener a las fuerzas de Estados Unidos lejos de un rango en caso de un conflicto. El antecedente de ASB fue la doctrina batalla aire-tierra (air-land battle: ALB) de la década de los 80, en la que el ejército terrestre y la fuerza aérea desarrollaron un plan de batalla en contra de la formación de tanques soviéticos estacionados en Europa. El Pentágono es muy ambiguo en admitir que ASB está destinado a China y, en menor medida, a Irán. ¿El teatro de batalla en Irán sería la experimentación de ASB contra China? Los proponentes de ASB no se atreven a tocar ni siquiera con el pétalo de una rosa sin espinas a Rusia, cuyo arsenal nuclear puede hacer desaparecer del mapa a Estados Unidos en 15 minutos; los dos, Estados Unidos y Rusia, se extinguirían mutuamente. Corre una broma geoestratégica, de que en caso de una guerra entre Estados Unidos y Rusia el gran vencedor resultaría China. El general James Cartwright criticó a quienes ven en el ASB el Santo Grial para el Pentágono en el futuro y señaló que su grave problema versa en la innecesaria demonización de China, lo cual no está en los mejores intereses de nadie. El general James Cartwright reconoció que la reciente estrategia pivote –la doctrina Obama para Asia: retiro de tropas de Irak y Afganistán y reposicionamiento en las salidas de los mares de China (mar del Sur, mar Amarillo y mar del Este)– ha sido interpretada como si Estados Unidos hubiese abandonado al resto del mundo para concentrarse en contener a China. Rechaza que esto sea así pero reconoce la contradicción inherente entre la estrategia pivote de Obama para Asia y el concepto ASB, con el fin de formular una estrategia homogénea. Esta búsqueda de la estratégica cuadratura del círculo se complica más debido a la impugnación de Rusia en contra del despliegue de Estados Unidos de su escudo misilístico de defensa en Europa, por lo que el general James Cartwright aconsejó reconsiderar la estrategia de Estados Unidos con China y Rusia antes de entrar a un conflicto estratégico  con ambos. El general James Cartwright divulgó las dos preocupaciones que le han sido expresadas en su diálogo con Rusia: 1) la posibilidad de que el escudo misilístico de defensa de Estados Unidos sea capaz de alcanzar y tocar su sistema intercontinental balístico de misiles (ICBM, por sus siglas en inglés) y, por consecuencia, desajustar el equilibrio de poder”; 2) la potencialidad de que se genere un escenario en que Estados Unidos lance un ataque preventivo y luego utilice el escudo misilístico para eliminar sus fuegos residuales (v.gr. lanzamiento de represalias de sus remanentes ICBM). The last but not the least: la preocupación de Rusia sobre el escudo de misiles de Estados Unidos (Block IIB Standard) a instalar en Polonia y Rumania, que el general ruso Nikolai Makarov ha amenazado destruir en forma preventiva. Al unísono de la mencionada conferencia de Virginia Beach, se celebró un debate sobre el concepto ASB bajo los auspicios de Brookings Institution en Washington en el que el jefe de estado mayor de la fuerza aérea, general Norton Schwartz, y el almirante Jonathan Greenert, jefe de operaciones navales, intentaron convencer a su audiencia de las supuestas bondades del ASB, negando que estuviese destinado a cualquier potencial adversario en particular. ¡Cómo no! ¿Cuál sería entonces su utilidad, en última instancia, en momentos del recorte del presupuesto del Pentágono y de la grave crisis económica de Estados Unidos? Lo que emergió de la discusión en Brookings Institution fue el reparto de tareas de la fuerza aérea y la marina con la necesidad de Estados Unidos para mantener la libertad militar de acción en cualquier parte del mundo. Según el almirante Jonathan Greenert, no se trata de una campaña particular, sino de un importante objetivo estratégico para el acceso, es decir, Estados Unidos no puede permitir la inaccesibilidad de cualquier punto del planeta que considere fundamental para el libre intercambio global de bienes y servicios. Se desprende que la palabra acceso es jerárquicamente prioritaria para la presencia de Estados Unidos en el océano Pacífico, responsable en gran medida del crecimiento económico y la estabilidad en la región, como ha sucedido en las pasadas décadas. Ergo, la estratégica cuadratura del círculo que no despejó el general James Cartwright, su colega más bélico, el almirante Jonathan Greenert la resolvió a su manera sofista: conectó el concepto ASB con el pivote estratégico en la Cuenca del Pacífico. A mi juicio, si se trata del océano Pacífico, es evidente que todo tipo de contramedidas se aplica específicamente a China y a su economía orientada a las exportaciones. La palabra acceso se refiere a los mares de China que son su oxigenación al océano Pacífico. Estados Unidos desentierra a Tucídides 26 siglos más tarde.

17 oct. 2012

El doble negocio de la desocupación


J. Majfud
Los pobres desempleados e improductivos que viven de la ayuda del Estado en realidad no son un mal negocio para las grandes empresas. No sólo ayudan a mantener los sueldos deprimidos, según ya se sabía en el siglo XVIII, sino que, además, en nuestra civilización de las cosas son consumidores perfectos. La ayuda que estos pobres desempleados reciben del Estado va destinada completamente al consumo de bienes básicos o de diversión y dis-track-tion, lo que significa que las megaempresas aún así continúan haciendo un gran negocio con el dinero de los contribuyentes. Por supuesto, todo tiene su arte y su línea de naufragio. Por otro lado, esta realidad sirve para una crítica o un discurso en principio aceptable y enquistado en la conciencia popular del mundo rico, producto del bombardeo mediático: mientras las grandes compañías producen (en varios sentidos de la palabra) y generan puestos de trabajo, los holgazanes se benefician de ellas a través del Estado. Las grandes compañías son las vacas sagradas del progreso capitalista y el Estado con sus holgazanes son las lacras que impiden la aceleración de la economía nacional. En primera instancia es verdad. Este mecanismo no sólo mantiene una cultura de la pereza en las clases más bajas esperando esa ayuda del Estado (cuando existe un sistema de seguro social como en Estados Unidos) sino que además alimenta el odio de las clases trabajadoras que deben resignarse a seguir pagando sus impuestos para mantener a ese margen de desocupados que básicamente significan una carga y también una permanente amenaza de mayor criminalidad y más gastos en prisiones. Lo cual también es cierto, ya que es más probable que un desocupado profesional se dedique a alguna actividad criminal que un trabajador activo. Este odio de clases mantiene el status quo y, por ende, el dinero sigue fluctuando de la clase trabajadora a la clase ejecutiva, entre otros medios, vía holgazanes-desocupados. Si esos desocupados estuviesen en el circuito de trabajo, probablemente consumirían menos y exigirían mejores salarios y educación. Estarían mejor organizados, no tendrían tanto resentimiento por aquellos que se levantan temprano para ir a sus trabajos, serían menos víctimas de la demagogia de los políticos populistas y de las sectas empresariales que son, en definitiva, las dueñas del capital y, sobre todo, del know-how social --los know-why y los know-what son irrelevantes. Para alguien que debe vender un mínimo anual de toneladas de azúcar a la industria de la alimentación, por decirlo de alguna forma, un trabajador nunca será una mejor opción que un desocupado mantenido por el Estado. Para los empresarios de la salud, tampoco. Algunos estudios recientes indican que el consumo de azúcar en las gaseosas es tan perjudicial para el hígado como el consumo de alcohol, ya que el hígado de cualquier forma debe metabolizar el azúcar (glucólisis), por lo cual tomar una soda, en última instancia y sin considerar las alteraciones de la conducta, es lo mismo que beber whisky (Nature, Dr. Robert Lustig, Univ. of California). Una Coca-Cola ni siquiera tiene las ventaja que tiene el vino para la salud. Sin embargo, en los últimos años la proporción de azúcar en las bebidas y la cantidad que consume cada individuo ha ido aumentando en el mundo entero, a pesar que nuestro organismo sólo tuvo tiempo de evolucionar para tolerar el azúcar de las frutas, una temporada al año. Los especialistas consideran que ese aumento del consumo se debe a la presión política de las compañías que están involucradas en la comercialización del azúcar. Como consecuencia, en Estados Unidos y en muchos otros países tenemos poblaciones cada vez más obesas y más enfermas, lo que de paso significa mayores ganancias para la industria de la salud y los laboratorios farmacéuticos. Pero así funciona la lógica del capitalismo tardío, que es la lógica global hoy en día: si no hay consumo no hay producción y sin ésta no hay ganancias. Sería mucho más saludable para los consumidores si los vendedores de alimentos a base de sabrosos shocks de sal-azúcar, asaltaran a cada consumidor antes de entrar a un supermercado. Pero esto, como el incremento de impuestos, es políticamente incorrecto y demasiado fácil de visualizar por parte de los consumidores. Siempre me llamó la atención el hecho universal de que los drogadictos roban y matan a personas honestas para comprar drogas y no roban ni asaltan a los mismos vendedores de drogas, lo cual sería un camino más directo e inmediato para una persona desesperada. Pero la respuesta es obvia: siempre es más fácil asaltar a un trabajador honesto que a un delincuente que conoce el rubro. Por lo general, esto último es casi imposible, al menos para un consumidor común. El objetivo primario de cualquier empresa son las ganancias y todo lo demás son discursos que intentan legitimar algo que no puede ser cambiado dentro de la lógica puramente capitalista. Cuando esta lógica funciona sin trabas, se llama progreso. Las compañías progresan y como consecuencia progresan los individuos --hacia la destrucción propia y ajena. Recientemente la ciudad de Nueva York prohibió la venta de las botellas gigantes de soda alegando que estimulaban el excesivo consumo de azúcar. Este tipo de medidas nunca sería tomado, ni siquiera propuesta, por una empresa privada cuyo objetivo es vender, al menos que venda agua mineral. Pero en este caso la prohibición explícita de una empresa sobre otra iría contra las leyes del mercado, razón por la cual esta lucha normalmente se produce según las leyes de Darwin, donde los más fuertes devoran a los más débiles. Estos límites a la “mano invisible del mercado” sólo pueden establecerlos los gobiernos. Lo mismo ocurrió con la lucha contra el tabaquismo. Los gobiernos suelen estar infestados, inoculados por los lobbies de las grandes corporaciones y suelen responder a sus intereses, pero no son monolitos y cada tanto recuerdan su razón de ser según los preceptos modernos. Entonces se acuerdan de que existen para la población, y no al revés, y actúan en consecuencia reemplazando las ganancias por la salud colectiva. Las libertades no han progresado por las corporaciones empresariales y financieras sino a pesar de estas. Han progresado a lo largo de la historia por aquellos que se han opuesto a los poderes hegemónicos o dominantes del momento. Siglos atrás esos poderes eran las iglesias o los Estados totalitarios, como los antiguos reyes y sus aristocracias, como en la Unión Soviética y sus satélites. Desde hace varios siglos hasta hoy, cada vez más, esos poderes radican en las corporaciones que son las que poseen el poder en forma de capitales. Cualquier verdad que salga de los grandes medios estará controlada de forma directa o de forma sutil –por ejemplo, a través de la autocensura-- por estas grandes firmas, que son las que mantienen los medios a través de los anuncios publicitaros. Los medios ya no sobreviven, como en el siglo XIX y gran parte del siglo XX, de la venta de ejemplares. Es decir, los grandes medios cada vez dependen menos y, por lo tanto, cada vez se deben menos a la clase media y trabajadora. La Era digital podrá un día revertir este proceso, pero por el momento los individuos aislados se limitan a reproducir noticias y narrativas sociales prefabricadas por los grandes medios que básicamente viven de los anuncios publicitarios de las grandes empresas y corporaciones. Es decir, los superyós sociales. El control es indirecto, sutil e implacable. Cualquier cosa que vaya contra los intereses de los anunciantes significará la retirada de capitales y, por ende, la decadencia y el fin de esos medios, que dejarán lugar a otros para cumplir su rol de marionetas. Con algunas excepciones, ni los pobres ni los trabajadores pueden hacer lobbies en los parlamentos. En tiempos de elecciones, son los las corporaciones quienes pondrán miles de millones para elegir un candidato o el otro. Ninguno de los candidatos cuestionará la realidad básica que sostiene la existencia de esta lógica pero cualquiera de ellos que sea elegido y luego electo --o viceversa-- estará hipotecado en sus promesas cuando asuma el poder y deberá responder en consecuencia: ninguna empresa, ningún lobby pone millones de dólares en algún lugar sin considerar eso como una inversión. Si lo ponen para combatir el hambre en África será una inversión moral, “lo que les sobra”, como dijera Jesús refiriéndose a las limosnas de los ricos. Si lo ponen en un candidato presidencial será, obviamente, una inversión de otro tipo. El poder desproporcionado de estas corporaciones, muchas secretas o discretas son el peor atentado contra la democracia en el mundo. Pero pocos podrán decirlo sin ser etiquetados de idiotas. O aparecerán en algunos grandes medios voceros del establishment, porque cualquier medio que se precie de democrático deberá pagar un impuesto a su hegemonía permitiendo que se filtren algunas opiniones verdaderamente críticas. Estas, claro, son excepciones, y entrarán en conflicto con un público acostumbrado al sermón diario que sostiene el punto de vista contrario. Es decir, serán entendidas como productos infantiles de aquellos que no saben “cómo funciona el mundo” y defienden a los holgazanes desocupados que viven del Estado, mientras éste vive de y castiga a las grandes empresas más exitosas. Sobre todo en tiempos de crisis, el Estado las castiga con rebajas de impuestos, préstamos sin plazo y rescates sin límites. Desde la última gran crisis económica de 2008 en Estados Unidos, por ejemplo, las grandes empresas y corporaciones no han parado de aumentar sus ganancias mientras la reducción del empleo ha sido débil y un caballito de batalla para la oposición al gobierno. Los economistas más consultados por los grandes medios llaman a esto “aumento de la productividad”. Es decir, con menos trabajadores se obtienen mayores beneficios. Los trabajadores que sobran como consecuencia del aumento de productividad son derivados a la esfera del maldito Estado que debe asegurar que --aunque desmoralizados o por eso mismo-- sigan consumiendo con el dinero de la clase media para aumentar aún más las ganancias de los mercaderes de las elites dominantes que, sin pagar esos salarios pero sin dejar de venderles las mismas baratijas y las mismas sodas azucaradas y las mismas chips saladas, verán aumentadas aún más la efectividad, la productividad y las ganancias de sus admirablemente exitosas empresas. Nosotros podemos llamar a todo este mecanismo perverso “el doble negocio de la desocupación” o “los milagros de las crisis financieras”. Ver: DEUDA IMPAGABLE

5 sept. 2012

Bodas de sangre


J. Altamira
Europa asiste al final de un matrimonio que fue celebrado en su momento con fanfarria, pero que escondía un secreto que los contrayentes acabarían por descubrir al cabo de algún tiempo. Al final, lo que fue encapsulado al principio como una tragedia griega acabó desplegando su potencia universal y ahora le toca a España asistir al desenlace de unas nupcias que, como en la pieza de Lorca, tendrá consecuencias colectivas. Los observadores más reputados de la escena económica internacional no se valen ahora del lenguaje financiero para esconder sus opiniones. “Esta vez, Europa está de verdad al borde del precipicio”, titula El País (10.6) la materia que firman el afamado Nouriel Roubini y el historiador inglés, Niall Ferguson. Al mismo texto, el Financial Times lo encabezó de otra manera: “Alemania no acaba de aprender las lecciones de 1930”, mientras el principal columnista financiero del The Telegraph (10.6), aseguraba que “el mundo se encuentra incómodamente próximo a un 1931”. Son los años que dispararon la mayor depresión económica mundial en la historia del capitalismo. El editor del FT no se había quedado atrás, unos días antes, cuando, sin reparar en las reglas de la lógica, concluía que “El pánico se ha convertido en completamente racional” (6.6).
El fiasco español
El detonante de todo este `catastrofismo’ fue el rescate de España por parte de la Comisión Europea y el FMI, un país que había sido caracterizado como ‘muy grande para ser salvado’, y cuyo sistema bancario calificado como “muy sólido” en una fecha tan cercana como febrero de 2010. La operación consiste en inyectar 100 mil millones de euros (aunque no se sabe si en dinero efectivo o en papeles de garantía) a un fondo estatal de rescate de bancos, o sea que incrementa la deuda pública española en un 15% de una sola vez, para hace frente a una corrida bancaria que amenaza dejar a España sin bancos. En el primer trimestre del año salieron 97 mil millones de euros (Le Monde, 2.6), pero otros 45 mil millones lo hicieron en abril (Ámbito, 13.6). La fuga supera el monto del salvamento. El 70% de ese dinero es retirado por bancos extranjeros, que no refinancian los créditos o sacan los depósitos; los ahorristas, como ocurre con frecuencia, llegarán tarde. A esto es necesario añadir la salida de capital que se produce por medio de la venta masiva de deuda pública por parte de fondos extranjeros, y la desvalorización consiguiente de los títulos que son objeto de este remate, que están en poder de los bancos españoles. La banca española está quebrada; esto vale potencialmente para `titanes` como el Santander o el BBVA, que ven desvalorizarse sus participaciones o créditos a la industria, debido a la recesión económica. Con una deuda conjunta, pública y privada, de alrededor de tres billones de euros y un alto porcentaje de ella con la eurozona y fuera de ella, es por completo normal que los titulares de los medios se salgan de los goznes. Hay que advertir, de todos modos, algo que es esencial en la caracterización de la bancarrota actual: a partir de los activos y pasivos de los bancos se ha construido otro edifico financiero, más inmenso, que consiste en contratos de seguros sobre esos activos y pasivos, al igual que otras inversiones compensatorias (conocidas como “derivados”). De modo que reducir la crisis al ‘defol’ de los activos visibles (subyacentes), le priva a ella de perspectiva adecuada (catastrófica). El rescate en cuestión es, además, una falacia. Con una política de ´ajuste´ que apunta a reducir la deuda pública, el rescate la aumenta. Al meter en las cuentas a un acreedor soberano - el Fondo Europeo de Rescate - desplaza la prioridad de los acreedores privados en un evento de quiebra. El aumento de la deuda pública, como ya se dijo antes, desvaloriza los activos del estado en manos de los bancos, lo que aumenta su incapacidad de pago. España ha llegado a esta situación luego de haber obligado a la fusión de cinco bancos en quiebra, con el resultado de crear otro mayor, Bankia, que primero intentó rescatar de la quiebra mediante una nacionalización parcial y que ahora debe socorrer el Fondo Europeo - en una suerte de supra nacionalización de un banco en gran parte nacionalizado. La desesperación de la operación de rescate queda definitivamente al desnudo cuando se sabe que los rescatistas ignoran la envergadura del agujero financiero que pretenden llenar, una vez que la auditora de Bankia (Deloitte) denunció que las cuentas de la entidad estaban fraguadas. Para que una auditora rehúse su colaboración en un fraude contable, la envergadura de la estafa debe ser francamente desproporcionada.
Todos en la misma bolsa
La quebradera bancaria no se limita a España; en la cola siguen Italia y Francia (“La salida de capitales en Italia ha subido a 322 mil millones de dólares desde 2009” - Corriere della Sera, 31.5). Pero incluso los bancos de Alemania y Austria no están mejor: “fueron los más golpeados en los primeros estadios de la crisis (…) aún atrapados en la burbuja hipotecaria de Estados Unidos (FT, 7.6), a lo cual suman “sectores problemáticos como el naval y financiero”. La agencia Moody`s “destacó la limitada capacidad de los bancos alemanes para hacer frente a pérdidas, dada su escasa rentabilidad y el escaso monto de patrimonio relativo al total de sus activos” (idem). Una parte de la banca francesa está enterrada hasta el cuello en Grecia, en tanto que la de Italia acumula una parte colosal de la deuda pública italiana y en el este europeo y los Balcanes, al borde de un ‘defol’. La mayor parte de la banca se encuentra entrampada en la deuda pública de sus propios países. La misma agencia Moody´s destaca otro dato no menos relevante: la crisis no afecta solamente a los bancos, también golpe a los fondos que se endeudaron para comprar empresas en crisis - “la cuarta parte de 254 empresas que confrontan una renovación de 133 mil millones de euros de vencimientos de deuda en 2015, podrían verse en cesación de pagos y la cifra se podría duplicar si se cierran los mercados de deuda privada” (Le Monde, 31.5). Las fuerzas productivas se encuentran completamente empantanadas; para mover un dólar de producto, Estados Unidos necesita aplicar dos dólares treinta de palanca financiera (Corriere della Sera, 31.5) - a pesar de que tiene una deuda pública de nación y estados de 20 billones de dólares y concentra la mitad del movimiento financiero fuera de balance bancario, de todo el mundo- alrededor 200 billones de dólares. Un punto fundamental de la crisis afecta no ya a la generalidad de los bancos sino a los bancos centrales nacionales de la zona euro. Ocurre que, ‘grosso modo’, estos bancos centrales financiaron los saldos negativos del balance de pagos de sus países, primero en los tiempos de euforia importadora y luego (con la crisis) para rescatar a bancos y empresas de sus países, con crédito, principalmente, del Banco Central de Alemania, por medio de una operatoria especial prevista en los estatutos del Banco Central. Este mecanismo permitió un boom exportador por parte de Alemania, en la primera fase, y el sostenimiento de sus bancos y empresas a partir de la crisis. El monto de la deuda ha llegado a la generosa cifra de 800 mil millones de euros y, con suerte, llegará al billón, al final de 2012. Es claro que el Bundesbank no logrará cobrar la mayor parte de esa deuda sin derribar a los bancos centrales nacionales deudores. Un rescate de los bancos centrales nacionales por parte del Banco Central Europeo es un contrasentido, porque equivaldría a usurpar una institución estatal autónoma. Alemania debería salir al rescate de su propio banco central. La fenomenal acumulación de capital, real y ficticio, propiciada por la formación de la zona euro, que estuvo ligada en forma íntima a la separación de Europa oriental y los Balcanes de la Unión Soviética ha llegado a su estación terminal. Con la reserva de estudiar el asunto con mayor cuidado, la bancarrota europea cierra el ciclo negativo de la disolución de la Unión Soviética y podría iniciar el ciclo positivo de una re-reunificación de Europa y Rusia bajo un régimen socialista.
Salidas falsas
El callejón sin salida en que ha entrado la crisis europea y mundial, ha obligado a los estados a discutir caminos o instrumentos alternativos a los usados hasta ahora. Uno es que el salvamento de los bancos quede a cargo de los accionistas del banco, que perderían su capital, y de los acreedores, en el monto que corresponda. El capital desvalorizado del banco podría ser adquirido por nuevos inversores. Del rescate desde afuera, por el Estado o nuevos aportes de capital (‘bail-out’, en inglés), se pasaría al rescate desde adentro, a cargo de accionistas y acreedores (el ‘bail-in’). Como es claro que semejante destrucción oficial de capital precipitaría una depresión económica sin precedentes, la intención es inaugurar este proyecto a partir de 2017, cuando los autores imaginan que lo peor habrá pasado. El proyecto es al mismo tiempo una maniobra de baja altura de un conjunto de bancos norteamericanos, que para oponerse a nuevas regulaciones destinadas a reforzar su patrimonio, declaran su disposición a admitir la vigencia del ‘bail-in’ en un futuro. En síntesis, nada por aquí, nada por allá. La otra propuesta, que ha obtenido mayor difusión, es la llamada “unión bancaria”, que pondría al sistema bancario europeo bajo una protección y supervisión únicas. Es decir que el rescate de un banco en quiebra corra por cuenta de las instituciones europeas con independencia de la nacionalidad de la entidad desafortunada. Alemania, Austria, Finlandia y Holanda se oponen, por la simple razón de que serían ellas las que deberían cargar con la mayor parte de una factura que sería principalmente ajena. El capital no existe en general sino como una concurrencia o rivalidad entre capitales. Se ha hecho notar poco que una parte importante de la gran banca, mundialmente, está atiborrada de dinero, provista por enormes rescates de varios billones de dólares, que ni presta por temor a perder el dinero y que tampoco salda sus deudas a la espera de circunstancias mejores o que prefiere usar en operaciones especulativas de plazo breve. O sea que mientras están reunidos los elementos monetarios de una salida general a la crisis bancaria, esta crisis se profundiza por la falta de oportunidades de negocios o por la competencia inter-bancaria. El llamado ‘bail-in’ es el procedimiento capitalista natural en cualquier crisis localizada; que se lo quiera regular o reglamentar es una contradicción de propósitos. La proposición más debatida es la de emitir eurobonos, o sea títulos públicos respaldados por la totalidad de los estados de la zona euro, en proporción a sus recursos, para pagar o canjear la deuda pública de los estados nacionales. Las objeciones a este planteo son numerosas: que esos bonos deberían ser garantizados por estados que no garantizan el pago de su propia deuda nacional, por lo que al fin de cuentas serían los alemanes y consortes los que se verían obligados a poner la plata en el momento de la verdad. El gobierno de Alemania no rechaza, sin embargo, la propuesta: la condiciona a que se acepte la supervisión supra nacional de los planes de `ajuste’ de los países afectados. Primero el ´ajuste` y la pérdida de autonomía nacional, después el bono. Se trata, como es obvio, de un nuevo callejón sin salida. Más allá de eso, el ‘eurobono’ sería otra operación de rescate de un capital y finanzas públicas en quiebra; una salida especulativa parcial para el capital dinero que no tiene salida; y, en definitiva, el ingreso a una etapa más alta de la crisis. La propuesta de una ‘unión bancaria’ ha puesto, sin embargo, los pelos de punta a los ingleses - no así los ‘eurobonos’, que Estados Unidos, Gran Bretaña y Japón saludan, porque les permitiría sacar su plata enterrada en Europa (China, más precavida, advirtió que no pondría un peso en ‘eurobonos’ - The Wall Street Journal, 8.6). Una ‘unión bancaria’, en cambio, implicaría subsidios para los bancos continentales que rivalizan con el mercado financiero de Londres. Como se ve, el capitalismo es un reñidero de múltiples capitales que pujan por un mercado que se restringe, por utilidades que disminuyen y por la confiscación de la propiedad privada ajena para poder consolidar un monopolio.
Cuestión planetaria
¿Cuáles son las alternativas? Interrogándose sobre lo que finalmente haría Alemania, la potencia rectora, el editor del FT, Martín Wolf, se respondió, en un artículo en Le Monde: “j’ignore”. Que no lo sepa ni lo conjeture es una medida de la confusión que reina en los círculos dirigentes del imperialismo europeo. La estrategia de Alemania es, sin embargo, visible para cualquiera: “die Anschluss” - la anexión de la zona euro. Un ejemplo de ellos es que ha exigido la creación de ‘zonas francas’ en las naciones en quiebra (O Estado de Sao Paulo, 26.5). Alemania, sin embargo, no tiene por ahora los medios militares, políticos o económicos para imponer una anexión - debe proceder por etapas, de acuerdo a las oportunidades que ofrezca la propia a crisis. Tampoco puede proceder en forma administrativa: debe negociar o imponer su hegemonía a Francia, y negociar un reparto de influencias con Estados Unidos y China. Es que la bancarrota capitalista mundial tiene alcances históricos, no se reduce a evento de quiebra sino que impone una reorganización planetaria del capital, incluidas por sobre todo las guerras. La obra de García Lorca es una excelente metáfora, porque alude a la disolución de la relación carnal entre el capital y la fuerza de trabajo. Es precisamente esta condición de conjunto la que determina que la salida a este derrumbe para la humanidad, debe ser el socialismo, porque se trata precisamente de proceder a una reorganización social planetaria que debe tener por eje político y social al proletariado. Cuando la presente crisis mundial está a punto de ingresar a su sexto año, sus desarrollos fundamentales aún no han tenido lugar; sólo se ha desenvuelto el escenario preparatorio. Esta caracterización de conjunto debería ser la premisa de la estrategia revolucionaria.

13 ago. 2012

En la mente del corrupto


A. Lugilde
Si te corrompes no te va a pasar nada y si no lo haces, eres idiota. Este es el principal mecanismo que opera en la mente del corrupto español. Tras más de dos décadas investigando la corrupción en España, el politólogo Fernando Jiménez, profesor de la Universidad de Murcia, ha intentado retratar la corrupción a través de las palabras de quienes la practican, empresarios y servidores públicos. Ha contado con un buen material, de algunos de los múltiples sumarios de corrupción abiertos en toda España en los últimos años, que incluyen transcripciones de conversaciones telefónicas de los implicados en las que hablan abiertamente de sus actividades delictivas, de los negocios que van a hacer y de las voluntades que se subastan.
 Las principales conclusiones sobre los pensamientos que pueblan la mente del corrupto, que Jiménez incluyó en un artículo publicado en la revista Letras Libres con el también politólogo Vicente Carbona, pueden resumirse en los que serían cinco mandamientos. Estos son: "No te va a pasar nada; serías tonto si no aprovechas la oportunidad; reparte los beneficios lo más posible; no dejes de hacer lo que pide el pueblo, como por ejemplo las obras; alimenta tu máquina del poder a través de los recursos ilegales para financiar las campañas, esto te permitirá mantener o incluso ampliar tu esfera de influencia para hacer negocios. 
Jiménez explica que en la actualidad las transcripciones de grabaciones suelen ser mucho menos jugosas, porque quienes hablan saben que la Guardia Civil puede estar grabando. "Aquí el más tonto hace relojes", afirma en una de esas cintas un consejero del cabildo de Lanzarote, el equivalente insular a las diputaciones, en una conversación con un intermediario que pide que agilice un plan urbanístico. "Esta gente va a montar un negocio y no vas a tener que trabajar más. Y si no lo haces tú, lo hará otro", agrega el conseguidor, que explica también qué hacer con el dinero. "Blanquearlo es muy fácil" si se cobra primero en la islas Caimán, llega a decir. "Tú eres tonto. Eres el único alcalde honrado de España", le dijo el constructor Francisco Hernando al alcalde de Seseña, de Izquierda Unida, cuando detuvo las obras de la disparatada urbanización que es el símbolo de los desmanes del ladrillo en España. Esa percepción de impunidad está vinculada a la debilidad de la respuesta ante estas prácticas irregularidades. "Las posibilidades de descubrirlas son limitadas, aunque se haya avanzado, y hay un número muy bajo de sentencias condenatorias", apunta Nicolás Rodríguez Álvarez, profesor de Derecho Procesal de la Universidad de Salamanca y codirector del máster en Corrupción y Estado de Derecho. 
Manuel Villoria, catedrático de Ciencia Política de la Universidad Rey Juan Carlos, considera que "una parte elevada de la corrupción no se conoce, porque se tapa, a través de acuerdos entre los implicados". Así, sólo aflora una porción pequeña, de la que a su vez otra parte menor se traduce en condenas judiciales. La debilidad del Estado de Derecho en la persecución de los corruptos se pone de manifiesto, según explica Nicolás Rodríguez, en los intentos que hace la fiscalía anticorrupción para llegar a acuerdos con los acusados, como ocurrió en el caso Urdangarin, a fin que reconozcan la culpabilidad a través de un pacto. "El problema es la prueba", afirma Rodríguez, y recuerda que en ese tipo de compromisos se busca que los acusados devuelvan al menos parte del dinero defraudado. A menudo una parte de los fondos obtenidos a cambio de obras, contratos o recalificaciones urbanísticas se destinan a la financiación de los partidos, un auténtico agujero negro del sistema político español. "Yo no quiero nada, tú paga la campaña", le dijo el concejal de Orihuela Jesús Fernández, de un pequeño partido, al empresario Ángel Fenoll, uno de los principales protagonistas del caso Brugal. El profesor Fernando Jiménez incide en que desde la perspectiva del político que se corrompe la clave está en "tener la llave", lo que revela una concepción del cargo público como una oportunidad para enriquecerse. "Eso de ser alcalde me la suda. Yo lo que quiero es mangonear por detrás", confesaba el concejal de Orihuela en su conversación con el empresario Ángel Fenoll. El corrupto se salta las leyes pero acostumbra a tener presente alguna regla, para tener contentos a los votantes. El ejemplo paradigmático es el de la Marbella de Jesús Gil. Lo afirmaba muy gráficamente el intermediario que negociaba una recalificación en Lanzarote cuando le decía al político que "no vayas a joder al pueblo, o sea lo estúpido es que no le dejes hacer casas.
 Tú tienes que ser generoso". En realidad, el pueblo siempre sale perjudicado de la corrupción, porque al vulnerarse las normas se producen todo tipo de desmanes, que acaban teniendo muy negativas consecuencias económicas, urbanística, ambientales o morales, como también puso de manifiesto el caso de Marbella. El boom inmobiliario español de finales del siglo pasado y comienzos del presente, financiado con los créditos baratos derivados de la pertenencia al euro, generó toda una enorme oleada de corrupción en España. En este momento, de parón de la construcción y también de fuerte reducción de los contratos de las Administraciones públicas, las oportunidades de negocio han disminuido notablemente. "Se supone que hay menos corrupción, porque hay menos actividad", sostiene Fernando Jiménez. Sin embargo, la corrupción sigue existiendo. Como la energía, cambia, pero no se destruye. Joan Botella, catedrático de Ciencia Política de la Universitat Autònoma de Barcelona, opina que "se ha transformado pero no ha desaparecido". La vincula "a las gran cantidad de dinero que cambia de manos en las crisis".

20 jul. 2012

Su apellido es 'crisis'.


A. Nadal
¿Cuándo fue la última vez que una economía capitalista se mantuvo en expansión y en armonía social? Parece que hay que hacer un buen ejercicio de memoria porque no es fácil recordar semejante episodio de placidez. Y sin embargo, en el imaginario social perdura la creencia de que en una época perdida que habría que recuperar, el capitalismo pudo hacer entrega de buenos resultados. Quizás el anhelo profundo del ser humano es ese mundo de paz, bienestar y justicia. Pero esa aspiración no significa que ese mundo anhelado sea posible bajo la feroz regla del capital. La historia del capitalismo revela un proceso de continua expansión y eso ha sido interpretado como señal de éxito.
En esa misma historia hay una nutrida sucesión de episodios de contracción y descalabro. Es como si la crisis incesante fuera el estado natural del capitalismo. La lista de crisis y dislocaciones traumáticas en la marcha del capitalismo es densa. En ella se entrelazan la especulación financiera, la caída en la demanda agregada provocada por recortes salariales, el exceso de capacidad instalada y, por supuesto, las expectativas optimistas de los inversionistas que fueron una y otra vez desmentidas por el mercado. En varios momentos los límites a la acumulación de capital condujeron a confrontaciones inter-imperialistas y a políticas de colonización que buscaban superar esas limitaciones. En todos estos casos la secuela de desempleo y empobrecimiento, destrucción y guerras dejó cicatrices sombrías. El mítico periodo glorioso del capital es algo endeble. Hagamos abstracción de las crisis de siglos anteriores, como la de la South Sea Company inglesa (1720) o las del siglo XIX: la depresión post-napoleónica, la crisis de 1837 en Estados Unidos, la de 1847, las de 1857 y 1873-96 (llamada la ‘Larga Depresión’). Pasemos al siglo XX. En 1907 explota una feroz crisis en Nueva York que amenaza todo el sistema bancario y desemboca en la creación de la Reserva Federal. En 1920-21 se presenta una crisis deflacionaria que precedió a la Gran Depresión. Ésta dejó una huella profunda en la historia económica y política de la primera mitad del siglo.
Después de la Segunda Guerra viene la llamada época dorada de expansión capitalista. Esa fase (1947-1970) estuvo sostenida por circunstancias excepcionales e insostenibles: la demanda de la reconstrucción post bellum y del consumo postergado desde la crisis de 1929. La era dorada duró poco: a fines de los sesenta comienza el agotamiento de oportunidades rentables para la inversión. En 1973 concluye el crecimiento de los salarios y arranca la crisis de estancamiento con inflación, misma que desemboca en el alza brutal de las tasas de interés y desencadena la crisis de los años 80 a escala mundial. En América Latina nos acostumbramos a decir la década perdida de los 80. Olvidamos que en los países centrales la crisis se había gestado precisamente en la era dorada. La crisis de los 80 le pega a todo el mundo. A finales de los 70 estalla la crisis de las cajas de ahorro y crédito en Estados Unidos. El costo fue enorme y los efectos se prolongaron a lo largo de 10 años hasta que en 1987 sobrevino el Lunes Negro.
Durante los años 90 la economía estadounidense experimenta un episodio de bonanza artificial y hasta las finanzas públicas alcanzan a tener un superávit. Mientras en Estados Unidos se está gestando la burbuja de las empresas de ‘alta tecnología’, en el resto del mundo se presenta una nutrida serie de crisis: México, Tailandia y el sudeste asiático, Rusia, Turquía, Brasil. Para cuando los atentados del 9-11 la recesión ya tenía dos años de golpear en Estados Unidos. No hay pausa para respirar. El capitalismo vive a través de mutaciones patógenas continuas. Es como si se tratara de un enfermo que en momentos de aparente buena salud estuviera preparando los momentos de graves convulsiones. No hay que caer en una visión reduccionista. No todas las crisis son iguales, ni tuvieron las mismas causas. El desarrollo del capitalismo es un proceso contradictorio y por ello ha tenido fases de relativa prosperidad. Precisamente en esas etapas de estabilidad se gestan las mutaciones que conducen a más crisis.
El análisis de corte marxista ofrece las perspectivas más ricas para el análisis teórico de la crisis como esencia del capital. Pero hasta en una disposición reformista, à la Keynes, es fácil observar que la crisis es el apellido del capitalismo: no existe un mecanismo de ajuste que permita solucionar el problema de la inestabilidad de las funciones de inversión y de preferencia de liquidez en una economía monetaria de tal manera que se alcance una situación de pleno empleo. El punto es este: no es que no funcione el mecanismo, sino que no existe. Definitivamente, la visión ingenua sobre el capitalismo debe ir a reposar en el museo de los mitos curiosos. Se desprende una importante tarea política e histórica para la izquierda, la única fuerza capaz de cuestionar las bases del capitalismo.

14 jul. 2012

Apadrina un valenciano. El sinvergüenza, ¿nace o se hace?


Recordará mi apasionado lector que en la última lección hacíamos una somera mención a algunas cosillas no del todo claras respecto de la actuación de nuestros próceres patrios en lo tocante a los bienes muebles e inmuebles de nuestra común propiedad, quiero decir de la de todos los ciudadanos. En este hilo seguiré con esta narración: Pocos días hace que me invitaron a un seminario en el sur de Italia cuyo argumentario principal era la corrupción en los países latinos, y ribereños del Mediterráneo. 
Allí asistí, entusiasta, a fin de obtener luces del porqué de este estigma que nos acoge desde hace inmemorial tiempo. ¿Había verdad en ello? ¿Es nuestra cultura ancestral mediterránea la que ha hecho al perillán? Dado que las tierras sureñas de la itálica península estuvieron en manos de nuestros monarcas, ¿la habíamos exportado desde nuestra hispana tierra? ¿Llegó a instalarse en las otroras bondadosas tierras del Nuevo Mundo tales costumbres legadas por nuestros antepasados? ¿Contribuyó Italia a tal merecimiento? En estas estaba cuando en un receso, coffee break le llamaron, se me acercó un sujeto enjuto y algo desagradable en los aliños y me espetó: ‘Siga la pista del nombre’. Así sin más. Me masculló que conocía mi procedencia geográfica, no era difícil adivinarlo, hispano-levantina, y que intuía qué me había llevado hasta allí. No le sonsaqué mas, él se apartó raudo de mí, no lo volví a ver, y tampoco le otorgué mayor importancia. Al día siguiente tome el primer avión, y regrese a mi terruño. A poco de llegar me topé, en un desagradable zapeo, en casi todas las TVs, con un exabrupto correoso. Una diputada de un partido político, en las Cortes españolas había pronunciado esta jaculatoria: ‘Os jodéis’ o algo similar. No le di demasiada importancia hasta ver el recorrido que las palabras habían tenido en la prensa y las 'rr.ss.', léase redes sociales. Muy poco después me encontré lo que me temía: las palabras las había pronunciado una diputada del Partido Popular, en sede parlamentaria, ante sinfín de miembros de la cámara, y ante el mismísimo presidente del gobierno español. 
Te vas a enterar, pensé, dando por hecho que los altos cargos populares la arrestarían de inmediato y la devengarían en militante rasa. No fue ello lo que ocurrió; saltimbanquis de toda laya alborotaron en su defensa y protección. Mi asombro iba en aumento. ¡Hay!, apasionado lector, entereme de su apellido y fue todo una. Recordé al hombrecillo del sur de Italia: ‘siga la pista del nombre’. ¿Tendrá relación una con la otra cosa?, pensé. Dubitativo y desconcertado me adentré en aquellas ciencias que pudieran darme luz: física cuántica, ¿puede una cosa y la contraria existir al alimón? ¿Quizá el bosón de Higgs tenga la respuesta? La teoría de cuerdas, ¿tal vez? Bebí en otras fuentes: ¿Y si el estructuralista lingüístico Saussure tuviese respuesta? ¿La filosofía? ¿Quizá Lacan? ¿La heráldica?, ¿La numismatica? Debo admitir que no me dieron respuesta satisfactoria. ¿Cómo casar la impunidad del político en sus obras y gestos con su impunidad eterna? ¿Nada habrá sobre la faz de la tierra que desentrañe tal misterio? Dejelo, el asunto, unos días, en espera de sosiego y reposo; ello me permitiría retomar la investigación con bríos nuevos. Y hete aquí que una mañana, paseante desazonado, me di de bruces con la carpintería de junto a mi casa, que había abierto para ciertos pequeños menesteres, habida cuenta del día de la semana. 
Saludé al joven que la regenta y escudriñé, sin querer, esta conversación que transcribo lo mas detallada posible y que se desarrolló con una clienta, señora mayor, que llevaba una maderilla a recortar: -¿Llevas mucho tiempo en la carpintería? - La heredé, junto con el oficio, de mi padre, carpintero de toda la vida, así como el padre de mi padre y el de éste también. - Claro, clamó ella con jolgorio inusitado al poder añadir su refrán, que ha cuento venía de mil maravillas: “DE TAL PALO TAL ASTILLA”. Esa era la respuesta y no otra. No estaba en Italia, ni en los documentados saberes de la ciencia y la filosfía humanas. Estaba allí, junto a mi casa, tan cerca de la de todos, de la de todas las casas. Esa era: de tal palo tal astilla. Regresé a la mansión, había dejado la música puesta en el ordenador, y escuchaba nada mas entrar a Bob Dylan rezando aquello de: La respuesta está en el viento. No, me dije de nuevo; la respuesta la tienen los sinvergüenzas que nos invaden. DE TAL PALO TAL ASTILLA. Sinvergüenzas hasta el hastío. Texto: @javierginer

13 jun. 2012

España cruje


C. L. Castro
Tras días y semanas desmintiendo la posibilidad de que España tuviera que pedir un rescate para tapar los agujeros de su sistema bancario privado, el fin de semana precipitó los acontecimientos. El FMI adelantó su estimación sobre lo que España “necesitaría”. No esperó los resultados de la auditoría encargada por el gobierno español sobre la situación de sus propios bancos. La “troika” integrada por el Eurogrupo, el Banco Central Europeo y el FMI, armó una insólita videoconferencia a las 4 de la tarde del sábado con participación de todos los ministros de finanzas de la región. 
Tres horas más tarde, el ministro español de Economía, más nervioso que nunca, admitía en rueda de prensa que “España recibirá ayuda para su banca”. Pero más que dar detalles, se empeñó en explicar que “no era un rescate” y que la operación “no conllevará más sacrificios para la sociedad española”. Su empeño tiene corto recorrido. Es un rescate “in extremis”, sencillamente porque el estado español no tiene recursos propios para afrontar ese volumen de dinero. En cuanto a la posibilidad de que este préstamo no tenga consecuencias sobre la vida de los españoles, resulta inverosímil. Si la suma que finalmente se acuerde, se carga en la cuenta de la deuda española, aumentan los problemas para disminuir el déficit. Con ello, es probable que los recortes practicados no sean suficientes. Grecia, Irlanda y Portugal, sin ser casos idénticos, demuestran que son sus pueblos quienes terminan sufriendo los efectos de la crisis. España no es ni será una excepción. 
El imprevisto discurso dominical del presidente Rajoy, empapado de optimismo, destacando aspectos positivos del “préstamo”, es otro intento por disimular una realidad: España está más controlada que hace 48 horas. Su soberanía para decidir sus políticas internas, las que definen la vida cotidiana y el futuro de los españoles, está enajenada. Sus reiteradas afirmaciones de “ayer ganó Europa”, “ayer ganó el Euro”, “ayer ganó la consolidación del proyecto europeo”, no consiguen ocultan otra realidad: ayer, seguramente otra vez "ganó la banca", y perdió el pueblo español, que tendrá que pagar las consecuencias de una crisis de la que no es responsable, sino víctima. Pero éste es el último capítulo - por ahora - de un proceso que viene gestándose desde hace años. Para una mejor comprensión, intentemos situar en su contexto este episodio del rescate.
El comienzo del derrumbe
La crisis capitalista estalló en el 2007 a partir de la acumulación de operaciones especuladoras de grandes bancos y empresas inversoras de los Estados Unidos. Tras los gigantescos fraudes de los casos Stanford y Madoff, vino la espectacular quiebra de Lehman Brothers, la más significativa en ese país por el volumen de sus activos. 
El proceso fue desde entonces acompañado por infinitas explicaciones, pronósticos, "recetas" y llamamientos. Varios gobernantes de los paises desarrollados nos dejaron frases memorables: el entonces presidente Sarkozy llamó a "refundar el capitalismo sobre bases éticas, las del esfuerzo y el trabajo, las de la responsabilidad." Otros anunciaron que "había que poner fin a los paraísos fiscales". Como era previsible, todo quedó en mera pirotecnia verbal. Y las réplicas del sismo financiero fueron extendiéndose como corresponde a un mundo globalizado. En Europa, comenzaron a hallar "los mercados", denominación que recibe ese conglomerado impreciso de fondos de inversión, bancos, grandes empresas, todos ellos actuando con un solo propósito: obtener la mayor rentabilidad. El afianzamiento del neoliberalismo alimenta esa vocación de la lógica del capital financiero: multiplicarse en el menor tiempo posible. Y ha logrado eliminar todas las normas que limitaban procedimientos inmorales y antisociales. Esos núcleos de poder tienen fuertes vínculos o directamente controlan a políticos y medios de comunicación. Actúan condicionando a los gobiernos y a los ciudadanos. En España la presunta solidez del llamado "Estado de Bienestar", comenzó a resquebrajarse de modo visible en el 2008, pero antes hubo signos evidentes que la espiral consumista, la burbuja inmobiliaria, el sistema bancario/financiero especulador y el manejo irresponsable y despilfarrador del dinero público terminarían por empujarnos también a una situación crítica. El gobierno socialdemócrata de Rodríguez Zapatero cumplió sus dos últimos años de mandato acosado por la presión de los "mercados" y puso en marcha las primeras medidas de recortes sociales que le exigía esa cúpula autoerigida en "gobierno europeo", integrada físicamente por la dupla Merkel-Sarkozy. Por supuesto, con esas acciones políticas rompió sus compromisos con quienes le votaron y con sus premisas de gobierno. Después, a fines del 2012, el Partido Popular, que venía de ejercer una feroz oposición y se autoproclamaba capaz de solucionar la crisis ganó con mayoría absoluta y asumió Mariano Rajoy. La derecha conservadora, incluyendo sectores nostálgicos del franquismo, recuperó el gobierno. Y con ello, comenzó un sistemático proceso de retroceso en derechos sociales y laborales acompañado por fuertes recortes presupuestarios en servicios sociales, educación y sanidad. La "crisis" se convertía en el argumento que justificaba el desembarco ideológico de la derecha para dinamitar conquistas y avances conseguidos por el pueblo español en las últimas cuatro décadas, a partir de la recuperación de la democracia.
Los zorros cuidando a las gallinas
España no es un caso excepcional. Si el epicentro de la crisis fue el sistema bancario y los fondos de inversión de los Estados Unidos, las ondas y las réplicas se propagaron por todo el planeta. En Europa, algunos países del sur fueron particularmente afectados. Grecia, Irlanda, Portugal, Italia y España recibieron fortísimas presiones, al punto de que algunos de ellos, reemplazaron a sus gobiernos electos por "técnócratas y expertos", a los que definían como "apolíticos".
 En el caso de Italia, por ejemplo, no les resultó difícil. Había que reemplazar al bufonesco neofascista Silvio Berlusconi que vivía sus horas más bajas, eso sí, disfrutando la inmunidad que le proporcionaban sus propias leyes. Así llegó al gobierno Mario Monti, un personaje con rostro profesoral, que fue director europeo de la Comisión Trilateral, el grupo de presión neoliberal que fundó David Rockefeller en 1973 y miembro del llamado Grupo Bilderberg. Pero lo más significativo de sus antecedentes, son los fuertes vínculos con el influyente grupo norteamericano Goldman Sachs involucrado en el comienzo de la crisis de las hipotecas basura. A esta última firma financiera también pertenecen los "tecnócratas" Lukas Papadimos, aupado como primer ministro de transición en Grecia y Mario Draghi, nombrado presidente del Banco Central Europeo, que fué vicepresidente europeo de Goldman Sachs entre 2002 y 2005. En esos años, esa empresa norteamericana asesoró a las autoridades griegas para maquillar el déficit de sus cuentas y esconder la deuda que años después descubrió Eurostat. Goldman Sachs ganó 800 millones de dólares por su gestión, Draghi se llevó su parte, y el pueblo griego comenzó el camino de su calvario actual. Pese a que fue una falsificación de datos en toda regla, nadie fue a la cárcel, porque en las grandes estafas organizadas por los bancos de inversión, la impunidad de sus directivos es la regla. En Irlanda, el ex comisario europeo Peter Sutherland, jugó un papel importante en el "rescate" de su país. Sutherland es presidente de la filial europea de Goldman Sachs. ¿Casualidades? No. Marc Roche, periodista del diario francés "Le Monde" afirma que Goldman Sachs "es una red de influencia única y muy cerrada, tanto de forma pública como subterránea". Todo indica que son cargos claves que responden a los intereses de las oligarquías financieras que solo pretenden aumentar sus ganancias sin reparar en medios ni formas. Pero... ¿y en España? En España Mariano Rajoy nombró ministro de economía a Luis de Guindos, ex presidente de Lehman Brothers en la península ibérica. Esta empresa era hasta el momento de su quiebra en el 2008, el cuarto banco de inversión más grande en Estados Unidos, con 25.000 empleados en todo el mundo. Su colapso con 619 mil millones de dólares de deuda, representó la bancarrota más grande en la historia norteamericana, ya que sus activos superaban con creces las de los anteriores "gigantes" como WorldCom y Enron. Sus efectos alcanzaron a los mercados, gobiernos, empresas privadas, ahorristas.
 Las especulaciones con productos tóxicos terminaron abriendo enormes agujeros a los bancos que al abrir sus cajas, tenían papeles sin valor, humo, en vez del dinero que reflejaban sus balances. Bueno, volvamos al ex presidente de LB en España, ahora encarnado en responsable de la economía del país. Sus medidas para conjurar la crisis y superar el déficit, siguieron las clásicas fórmulas neoliberales: reducción del gasto social; abrir el camino a procesos de privatización en los sistemas de la sanidad y la educación pública; aumentar la recaudación con la suba de gravámenes generales, pero evitando impuestos especiales a las grandes riquezas, o a las transacciones especulativas. Y en lugar de perseguir el enorme fraude fiscal, dispuso una amnistía que permitirá blanquear dinero a los evasores, estafadores y delincuentes. Los métodos no son nuevos. Los argentinos los padecieron durante la dictadura militar y gobiernos continuistas en lo económico, como los de Carlos Menem: la deuda privada, se convirtió en deuda pública. Los beneficios, para los grandes grupos económicos y sus testaferros locales. Las pérdidas, para los ciudadanos.
Precarizar el trabajo, aumentar el capital
El gobierno encabezado por Rajoy, promovió desde su mayoría absoluta parlamentaria una reforma laboral que colmó las aspiraciones de las patronales. Con el argumento de "facilitar el empleo", se abarató el despido y se simplificaron sus causales. El art. 41 del Estatuto de los Trabajadores del 82 (que ya había sufrido numerosos recortes) también fue modificado. Ahora la empresa, podrá cambiar fácilmente la jornada de trabajo, los turnos, el sistema de remuneración e incluso la cuantía del salario.
 Los expedientes de Regulación de Empleo ya no necesitarán contar con previa autorización administrativa. La reforma laboral permitirá a las empresas, saltarse acuerdos de los convenios colectivos. Y así podríamos seguir enumerando retrocesos en los derechos de los trabajadores. Se impone la precariedad laboral y esta pérdida de derechos en un momento en que las cifras de paro alcanzan un récord de más de 5.600.000 personas, el 24,44% de la población activa. Otra cifra estremecedora es que hay 1.728.000 hogares que tienen a todos sus miembros en paro. Los datos son desoladores entre los jóvenes, donde uno de cada dos menores de 25 años está sin trabajo. Otro de los efectos perversos de la reforma es que la inestabilidad laboral genera miedo entre quienes todavía tienen un puesto de trabajo. Miedo significa admitir abusos, callar, evitar ausentismo, aunque sea justificado por salud. El estado y los patrones trasladan todos los riesgos al trabajador.
Recortes presupuestarios
El presupuesto presentado a fines de marzo por el ministro De Guindos, implica fuertes recortes en áreas como Educación, Sanidad y Servicios Sociales y la inversión pública. “Estos recortes, además de desproporcionados, son indiscriminados, recortando incluso componentes del gasto esenciales tanto para estimular la economía como para resolver el enorme problema del desempleo, que es el mayor problema económico y social que tiene España”, afirma el profesor Vicenç Navarro, quien califica el presupuesto Rajoy, como “el más antisocial que haya existido en España durante la democracia.” Pero otra parte sustancial de los recortes lo tienen que hacer las Comunidades Autónomas, cuyo gasto es mayoritariamente social, (un 60% aproximadamente). Todo esto provocará un importante debilitamiento del sector público, abriendo paso a la gradual privatización de servicios esenciales. Amplios sectores de la sociedad española, golpeados por la desocupación laboral, por el retiro de las ayudas sociales, por los desahucios, perderán también prestaciones sanitarias, y serán afectados por el co-pago de recetas. Incluso los jubilados y pensionistas. La educación pública que sufre un tijeretazo de casi cinco mil millones de euros, queda fuertemente debilitada: más alumnos por aula, despidos de profesores, subida de tasas, abandono de equipamientos, cierre de líneas y de escuelas. Desaparece Educa 3, extensión de la red de escuelas infantiles para niños de 0 a 3 años. El presupuesto se reduce casi un 22%, mientras el conjunto de los ministerios baja una media del 17%. Paradójicamente los gastos militares han tenido una mínima reducción. En Defensa es de menos del 9%. 
Este ministerio arrastra una deuda de miles de millones en programas de modernización y tiene firmados compromisos europeos de armamentos hasta el 2025. España mantiene costosas operaciones en Afganistán, Bosnia Herzegobina, Líbano, contra la “piratería” en el océano Índico, y la operación “Active Endeavour”, integrados en el mando marítimo de la OTAN en el Mediterráneo. Hace menos de un año, el secretario de Defensa del gobierno anterior, Constantino Méndez, denunciaba el modelo de adquisiciones de los llamados Programas Especiales de Armamentos (PEAS). Y expresaba: “no deberíamos haber adquirido sistemas que no vamos a usar, para escenarios de confrontación que no existen, y con un dinero que no teníamos ni antes, ni ahora.”
Amnistía fiscal, barra libre para los delincuentes
El gobierno conservador español no solo renuncia a afrontar el enorme fraude fiscal, sino que sanciona una amnistía que permitirá el blanqueo de dinero a los evasores y defraudadores, pero también de los fondos de procedencia criminal, como los obtenidos por tráfico de drogas, explotación sexual, robos o grandes estafas. 
A los evasores, les bastará declarar que poseen el dinero desde antes de diciembre del 2010, sin revelar su origen. El blanqueo será a “precio de saldo”, ya que el estado les aplicará un gravamen del 10%, a pesar de que se estima que el 72% de las cantidades defraudadas provienen de grandes fortunas y corporaciones. Los expertos añaden que también para la delincuencia será un “regalo”, porque blanquear dinero en circuitos criminales tiene tasas superiores al 25%. El estado español lo oferta al 10%.
BANKIA: defrauden que es gratis
En el 2010, nacía Bankia, fruto de la fusión de siete cajas de ahorro. En su entramado directivo, destacaban figuras prominentes del Partido Popular. A su frente fue colocado el ex ministro de economía de Aznar, y expresidente del Fondo Monetario Internacional Rodrigo Rato. Se lo definió como uno de los bancos “más sólidos” y captó decenas de miles de clientes y de inversores cuando a bombo y platillos salió a cotizar en Bolsa. Pero en los primeros días de mayo, Rato abandonó la presidencia y 48 horas más tarde el gobierno tuvo que intervenir inyectando fondos para evitar la caída de Bankia. Pero esa “nacionalización”, como le llaman, no es tal porque la cúpula de banqueros no ha sido reemplazada por técnicos o funcionarios del estado. Con el paso de los días la dimensión del “agujero” fue creciendo hasta llegar a la cifra de 23.465 millones de euros. El gobierno de Rajoy cerró rápidamente la hemorragia inyectando dinero público supuestamente “a devolver”. Pero el presidente de Bankia respondió –sin que nadie le desmintiera- que ese dinero no es un préstamo, sino que queda incorporado al capital. Teóricamente, con el tiempo Bankia quedará saneada, se privatizará nuevamente, y en esa operación el estado recuperaría al menos parte del dinero. Resumiendo, en medio del gigantesco desbarajuste y las imposiciones del Eurogrupo para que España baje drásticamente su déficit, el gobierno de Rajoy acomete el mayor rescate de banca privada de la historia con el dinero de todos los españoles. Valoremos la dimensión de estas operaciones cruzadas: para “achicar” el déficit del estado se afecta seriamente al sistema educativo público con un recorte de poco menos de cinco mil millones de euros. Y por otro lado, se destina casi cinco veces esa cantidad para tapar el fenomenal agujero de un banco privado, del que –al menos por ahora- nadie resulta responsable. La Fiscalía, ante la presión social, anunció que “investigará”, pero al parecer no será en lo inmediato, quizás para “no afectar la imagen de España en un momento tan delicado”. Por su parte, el movimiento de los indignados, el 15M, lanzó por Internet una campaña para reunir fondos con el propósito de iniciar una querella contra Rodrigo Rato. En poco más de un día, logró reunir lo que necesitaba. Más de un millar de donantes anónimos cubrieron la cifra necesaria de 15.000 euros. En pocos días presentarán la querella colectiva contra el ex presidente de Bankia.
La “división blindada”
Pero en economía también puede aplicarse aquel principio de Lavoisier sobre la materia: “nada se crea, nada se pierde, todo se renueva”. Porque mientras el dinero desaparece de los balances, los directivos de Bancos y Cajas disfrutan de millonarios sueldos y jubilaciones “blindadas”. Esto quiere decir que esas sumas, muchas veces autoadjudicadas durante el disfrute del poder, resisten crisis, quiebras o cualquier otra catástrofe. Gerentes, consejeros y directivos resultan “premiados” con escandalosas sumas y ninguno parece haber tenido responsabilidad en las pésimas o corruptas gestiones. Los hay, como el ex-directivo de Bankia Aurelio Izquierdo, que tienen un “blindaje” que supera los 10 millones de euros. Estos datos se van conociendo día a día, y agotan la capacidad de sorpresa de los ciudadanos. El escándalo continuado alimenta la creciente y justa indignación social. También integran la “división blindada” 260 directivos de las grandes empresas que cotizan en la bolsa española. Tienen contratos a prueba de despidos, entre otros, 23 ejecutivos de ENDESA, 20 del Banco de Santander, 13 del Banco de Bilbao, o 12 de Repsol. Para que tengan una idea, en el Banco Santander, hay 22 miembros de alta dirección que en el 2011 percibieron una media anual de 3.696.273 euros. Rodrigo Rato, en Bankia, percibía 2.340.000 euros, una compensación que palidece ante los más de 10 millones que tiene asignados Antonio Brufau de Repsol, o los 20 millones anuales de Pablo Isla, ejecutivo de la empresa Inditex. La crisis, demoledora para gran parte de la sociedad española, aumenta los beneficios de sectores minoritarios. Entre el 2007, último año de bonanza económica, y el 2011, aumentó la brecha salarial entre directivos de las grandes empresas y sus trabajadores. Ni que decir si lo comparamos con la caída de los salarios medios de todos los trabajadores o de los pensionados españoles.
Sin trabajo y sin techo
Las operaciones interconectadas de constructoras, inmobiliarias, bancos y financieras durante la última década, han dejado un tendal de afectados por hipotecas concedidas en muchos casos sin recaudos y excediendo la capacidad de pago. La sobrevaloración de los pisos y viviendas, es el “cepo” en el que miles de familias quedaron atrapadas. Ahora, con la pérdida de trabajo, o la fuerte disminución de ingresos, muchos no pueden afrontar las mensualidades. La legislación vigente no admite la “dación en pago” para saldar la deuda. La hipoteca no es sobre el piso, sino sobre la persona, que puede ver embargada no solamente su vivienda, sino también su salario o sus otros bienes, si los tiene. Un ejemplo habitual: alguien pagó en los últimos años 28.800 euros en intereses por una vivienda tasada entonces en 190.000. Ahora, si la devuelve, se encuentra que el banco tasa esa misma vivienda en 135.000. Resumiendo, pierde lo que pagó de intereses, pierde el piso, y todavía le queda una deuda por la que puede ser embargado. 
Consecuencia, entre 2008 y 2011 se han producido 166.716 deshucios. Solo en el último año, se iniciaron 58.200 expedientes de desalojo. Decenas de miles de familias perdieron su hogar mientras la banca y el sistema financiero – verdaderos responsables de la crisis – siguen declarando grandes beneficios y recibiendo ayudas con dinero público sin ninguna contrapartida. El drama de los desalojos es más grave aún en el caso de los más desprotegidos, como es el caso de las familias de inmigrantes. Por cierto, durante el 2011, más de 600 mil personas abandonaron España. La mayoría de ellos inmigrantes que en muchos casos fueron utilizados como mano de obra barata durante la época de bonanza, y ahora “sobran”. Aquellos que hayan perdido su trabajo, y por ende sus “papeles legales”, quedarán a partir del 1 de setiembre sin atención sanitaria. Se estima que ese desamparo puede afectar a medio millón de personas.
El control de los medios pasa por RTVE
Para desarrollar esta auténtica “blitzkrieg” contra los derechos y la dignidad de millones de ciudadanos, el sistema necesita reforzar el control social. Eso pasa -entre otras cosas- por unificar la información y los mensajes que recibe la sociedad. La mayoría de los medios privados de comunicación están en manos de corporaciones donde confluyen grupos de poder económico, bancos, grandes empresas, industrias, etc. Sus informativos, sus programas periodísticos, responden inequívocamente a sus intereses. Hay noticias, criterios o análisis independientes que no tienen cabida. Las excepciones son mínimas y confirman la regla. En los últimos años algunas comunidades autónomas mantuvieron emisoras y canales de TV con un importante margen de independencia. Con el manido argumento de los “necesarios recortes”, serán reconvertidos, desmantelados o incluso pueden desaparecer. Pero el asalto más significativo contra la independencia y la pluralidad informativa está por consumarse. El PP por un decreto-ley anuló la norma vigente que exigía el acuerdo de dos tercios del Parlamento para elegir presidente de la corporación estatal Radio Televisión Española. Su mayoría absoluta le permite tomar el control de la RTVE. Seguramente en las próximas semanas comenzaremos a padecer sus efectos con el desplazamiento progresivo de periodistas y espacios plurales. En los últimos años, RTVE había alcanzado un alto nivel de calidad e independencia, ampliamente reconocido, dentro y fuera de España. Acompañar la presentación de la emisora Radio Nacional, diciendo “la pública”, no era solamente una frase publicitaria, era la verdad. Eso seguramente tiene los días contados. Lo que nada tiene que ver con la crisis, pero sí con el control social, es la modificación de la materia Educación para la Ciudadanía, que aprobada por el Parlamento venía aplicándose en distintos niveles de enseñanza. El Ministerio de Educación ha quitado del temario las referencias a la pobreza en el mundo, la valoración crítica de la división sexual del trabajo, los prejuicios sociales racistas, xenófobos, antisemitas, y sexistas. También suprimió las referencias a los afectos, o a los distintos tipos de parejas, o a la falta de acceso a la educación como fuente de pobreza. Incluye en cambio los “conflictos del mundo actual”: el terrorismo, los estados fallidos o el fanatismo religioso. Hace años que la jerarquía eclesial fogoneaba para expurgar ideas y conceptos de los que abjura. El libre pensamiento ha sido su enemigo histórico.
La crisis es una excusa para profundizar la desigualdad
El repaso de todos los aspectos comentados en esta nota, confluye en una conclusión general: el argumento de “afrontar la crisis”, pretende ocultar que todas las medidas que se toman apuntan a profundizar la desigualdad. Esta no es una afirmación subjetiva. De acuerdo con los datos del Banco de España, en octubre del 2010, el 10% de las familias españolas concentraban el 70% de la riqueza financiera. Pero además, el 1% de entre los más ricos poseen el 40% de la riqueza de ese 10%. Y no son las familias, sino los fondos de inversión, sociedades, empresas, las que disponen de más de dos tercios de la riqueza financiera española. No hablamos de la distribución de la renta, sino de la propiedad de las acciones de las empresas, de los planes de pensiones privados, de los fondos de inversión, valores de renta fija y otro tipo de activos financieros. Y las nuevas medidas, fuerte reducción del gasto social, amnistía fiscal y renuncia a perseguir la evasión y la defraudación, significa que se amplía la brecha entre capital y trabajo. Las grandes mayorías pierden, y ganan la especulación y la banca. El Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda afirma que el 72% del fraude fiscal en España lo hacen las grandes empresas y las grandes fortunas. En España 1 de cada 4 euros ( el 23% ) está oculto para Hacienda. Mientras se exige sacrificio y eficiencia a trabajadores, jubilados, al conjunto de los empleados públicos, todos absolutamente “controlados” a través de sus nóminas, el fraude y la evasión permite que el estado deje de recaudar 88.000 millones de euros al año. Es la suma del fraude de 59.000 millones en impuestos y 29.000 en cuotas de la Seguridad Social. Según Gestha ( los técnicos del Ministerio de Hacienda), la economía sumergida en España asciende a 245.000 millones de euros. Según sus datos, más del 70% del fraude es atribuible a los grandes patrimonios y grandes empresas, frente a la opinión generalizada de que el fraude está en el pequeño autónomo. Otro dato para recordar: España es el país de Europa con más billetes de 500 euros. Aquí tenemos el doble de billetes de 500 que el resto de Europa. España tiene entre cuatro o cinco veces menos personal que la media europea dedicado a controlar el fraude fiscal. Estudios de FUNCAS ( Fundación de las Cajas de Ahorros), indican que mientras la economía española se duplicó entre 1980 y 2008, la economía sumergida se cuadruplicó entre las mismas fechas.
España cruje
Y el crujido se hizo estruendo este fin de semana de junio. Llevábamos dias, semanas recibiendo noticias cada vez más angustiantes sobre el futuro de la ciudad española. El gobierno, y en gran parte de la oposición, dicen y se desdicen. Tergiversan lo que sucede llamando “ajustes” a los recortes, “regular” por destruir. Cuando dicen “corregir” quieren decir eliminar. Y emplean “estabilizar” en lugar de retroceder. Cuando afirman “eso no sucederá jamás”, ocurre antes que termine la semana. Cualquiera puede encontrar en la red decenas de solemnes desmentidos sobre los apuros de Bankia o los del sistema financiero español. Pero más aún las terminantes afirmaciones de que “España o su banca no necesitan ningún rescate”. El propio ministro de Guindos llegó a decir hace pocos días que “ni valía la pena desmentir esos rumores, porque no eran más que insensateces”. Ayer admitió el rescate, y trató de presentarlo como un gambito, una jugada que parece una entrega, pero en realidad es “ganadora”. Es patético. La realidad se empeña en pisotear todas las grandes frases y las promesas solemnes. También ocurrirá con este falso optimismo con el que barnizan el pedido de dinero. El hombre corriente, desde su sentido común, razona. Sabe que los bancos ni siquiera se prestan entre sí por desconfianza. Nadie suelta un euro sino hay detrás un aval firme que garantice su devolución en término y con sus intereses. Los fondos que recibirá España no vendrán de la Cruz Roja ni de ningún organismo de beneficencia. Alimentarán las cajas de los bancos privados, pero ante los prestamistas tendrá que responder el Estado español. ¿Quién garantiza que con esos fondos, la banca privada “revivirá”, volverá a dar crédito, activará la economía y además podrá ir devolviendo ese préstamo que al menos inicialmente pagaremos de una u otra forma todos los españoles? El ciudadano que razona no es pesimista, es realista. Está muy reciente la experiencia de Bankia. En solo dos años ese “sólido banco” dirigido nada menos que por el último presidente del FMI, apareció con un agujero de más de 20 mil millones de euros.
Tiempo de indignación, de recuperar derechos y dignidad
España cruje, y su gente también. Se avecinan tiempos más difíciles. El sistema y sus personeros, siguen apretando las tuercas. Creen que la indignación ha desaparecido y que el conformismo y la resignación garantizan sumisión. Se equivocan. Minutos después del anuncio del ministro español de economía, cientos de ciudadanos indignados se congregaban espontáneamente en la Puerta del Sol, en Madrid. Gritos de rechazo, pero una consigna unificadora: “no es un rescate, es una estafa”. Si las fuerzas políticas siguen la estela que marca la “troika” europea, seguirán perdiendo credibilidad y legitimidad. Porque como nos recuerda Vicenç Navarro, “estas políticas no estaban en los programas electorales de ningún partido, y muchas de ellas son incluso contrarias a la Constitución”. También nos dice que “en España exigir democracia hoy es casi subversivo”. José Luis Sampedro nos recuerda que “nos preparan para ser masa de ciudadanos productores y consumidores, trabajadores y compradores sumisos a la voluntad de los poderosos”. Y añade: “estas democracias no son democracias”. Democracia quiere decir que manda el pueblo. Y no manda el pueblo”.